La vivienda como bien económico, puede entenderse de muchas formas. Es ante todo un bien básico, complementario de otro tipo de consumo e indispensable para obtener un ingreso, así como sensible a las variaciones de este último. Es además un bien durable, heterogéneo, inmóvil espacialmente. El mercado de vivienda es propenso a ser regulado por las implicaciones de su tamaño e importancia.
Otra de sus facetas es su importancia como activo. Con un costo por unidad tan alto no se compra vivienda sino muy pocas veces en la vida de una persona. Requiere una capacidad de ahorro importante y, casi siempre, financiación con deuda de largo plazo, con la propia vivienda como garantía. También es la forma de acumular, de ahorrar. En las economías modernas...