Lo mismo da si fue antes el huevo o la gallina. Si me convertí en un vampiro por culpa del oficio periodístico o si siempre fui un ave nocturna y busqué entre las paredes de un diario el pretexto perfecto para alargar las madrugadas en busca del elixir de la eterna juventud. De cualquier forma, es tarde ya para cambiar. La noche es el laboratorio perfecto para mis experimentos. El pasado fin de semana concluí el último con unos resultados sorprendentes. Tras dos años intensos de noches interminables, deambulando por garitos y bares de medio mundo, he concluido que viviremos 100 años. Por lo menos.
Hace apenas medio siglo, los hombres y las mujeres de treinta años entraban en la madurez y los de cincuenta se acercaban peligrosamente a la vejez....