Estoy seguro de que muchos de ustedes recuerdan cómo era la primera bicicleta que tuvieron. Es más, no dudo que aún estén patentes los recuerdos de esa primera vez que lograron sostenerse solos en dos ruedas, el viento de frente, el pedaleo que hacía todo lo posible para que el cuerpo no fuera atraído por la gravedad y luego, la inevitable caída, el cuerpo sobre el asfalto, el insignificante raspón en las rodillas o en las palmas de las manos, pero el deseo enorme de volver a intentarlo hasta sentir que es posible una vida sin bajarse de la bicicleta.
Todo niño desea con ansias una bicicleta, creo que es un primer acercamiento a la libertad, es empezar a descubrir que encima de ella la cuadra del barrio, que parecía inmensa, se vuelve una pista...