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¿Y la cultura ciudadana, qué?

La gobernanza de nuestra ciudad tiene que estar mediada por la cultura ciudadana, pues la convivencia sólo mejorará a través del respeto a los acuerdos tácitos y explícitos que alcancemos.

12 de septiembre de 2023
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  • ¿Y la cultura ciudadana, qué?

Por Daniel Carvalho Mejía - @davalho

Cuando era niño, lo recuerdo bien, era común ver a la gente arrojar su basurita por la ventanilla del bus o del automóvil. También veía frecuentemente a alguien tirando un colchón al río Medellín, a la vista de todos y sin vergüenza. En mi adolescencia era normal que los borrachos manejaran, porque decían que el diablo los cuidaba y que la autoridad se podía transar. Recuerdo igualmente que la discriminación, en todas sus formas, era un asunto normalizado en los colegios, las calles y los programas radiales.

Un día empezamos a escuchar sobre cultura ciudadana: eran voces quizás animadas por el ejemplo de lo que sucedía entonces en Bogotá, quizás porque iba calando en la ciudad aquello de la Cultura Metro. El caso es que vimos un cambio progresivo: al que tiraba basura por la ventana lo reprendía la misma gente, el consumo de licor al volante se redujo ostensiblemente, comenzamos a hablar con insistencia de diversidad y se puso en el debate público la necesidad de luchar contra la discriminación. Todo esto impulsado por acciones de la administración municipal que incluyeron campañas, encuestas y otras estrategias. El legendario amor de los medellinenses por su ciudad fue el caldo de cultivo de esta visión ciudadana de la convivencia. No era perfecto, pero se avanzaba.

Dos décadas de este proceso se materializaron en la aprobación de la política pública de cultura ciudadana, proyecto que tuve el honor de liderar en el Concejo de Medellín y que contó con el acompañamiento de la universidad EAFIT y una clara voluntad política por parte de la Secretaría de Cultura. Tras un año de trabajo, diálogos y debates, el acuerdo municipal fue aprobado de forma unánime y quedaron definidas las estrategias alrededor de cinco dimensiones: participación ciudadana, construcción de confianza, diversidad, legalidad y sostenibilidad ambiental; temas pertinentes para esa Medellín que estaba metida de lleno en las dinámicas y problemáticas del nuevo siglo.

Hoy estamos en retroceso. Tal vez por la pandemia, tal vez por el desgobierno actual. Tal vez porque la ciudad ha crecido muy rápido, pero hemos olvidado actualizar el célebre Amor por Medellín y no hemos dedicado el tiempo suficiente a construir grandes acuerdos sobre lo que significa habitar esta urbe. En todo caso, se siente que dejamos de avanzar: hoy es normal ver, otra vez, gente tirando basuras a la calle, motocicletas circulando por los andenes y carros irrespetando las señales de tránsito; la autoridad parece no ocuparse de la invasión del espacio público ni del ruido, la confianza en las instituciones locales y la confianza interpersonal -dos indicadores clave de la cultura ciudadana- están de capa caída, los procesos de convivencia -como el del barrismo- están en crisis y la Alcaldía no habla de cultura ciudadana.

Tampoco se habla de ello en los debates electorales actuales, lo cual es una falencia preocupante. Este tema debería ser una prioridad de todos los candidatos en sus propuestas y discursos. La gobernanza de nuestra ciudad tiene que estar mediada por la cultura ciudadana, pues la convivencia sólo mejorará a través del respeto a los acuerdos tácitos y explícitos que alcancemos como habitantes de este valle y no pidiendo más policías. El amor por Medellín no puede ser un eslogan vacío, sino que requiere del compromiso de todos y del liderazgo institucional.

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