PorArgemiro Lozano MuñozUniversidad EafitContaduría Pública, semestre 9.Twitter: @arglozano8286
Seis de la tarde, las calles se oscurecen y con esa oscuridad llegan también los recuerdos, es una mezcla de sentimientos que se abalanzan sobre alguien que además de haber vivido tal sufrimiento, tendrá que recordar día tras día tan lamentable incidente. En definitiva no son recuerdos de una experiencia agradable. Son las seis de la tarde y el remolino de emociones derrumban a esta persona que llorando se pregunta por qué el dolor está tan clavado en su espíritu y siente que ya vivir no significa nada.
Es el peor delito, el acto más despreciable que un ser humano pueda cometer hacia otro y más si la víctima es un niño. Es un momento donde no importa...