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Poco a poco y de manera constante el planeta se convierte en un enorme peladero con profundas implicaciones para infinidad de especies y los humanos.
El informe sobre el estado global de los bosques tropicales a 2018, presentado por la Universidad de Maryland (Estados Unidos) reveló que en esta región se perdieron 12 millones de hectáreas, la cuarta pérdida más alta desde 2001 cuando comenzó el registro. Un área dos veces Antioquia.
De esa cantidad, 3,6 millones fueron bosques primarios, selvas prístinas o muy bien conservadas.
Mientras Brasil e Indonesia contribuyeron con casi la mitad del área deforestada, países africanos como Costa de Marfil, Ghana y la República Democrática del Congo tuvieron un aumento considerable en la tala tropical. Y Colombia, que de hecho es el cuarto mayor deforestador de esta zona de la Tierra.
El significativo aumento se tuvo pese a los compromisos de cero deforestación por parte de los gobiernos. El nuestro se comprometió en 2015 en la cumbre del clima en París a reducir a cero la deforestación amazónica a 2020, pero es allí precisamente donde ha crecido de manera alarmante.
Entre 2001 y 2015 el planeta perdió 337 millones de hectáreas de bosques, un 8,4 % de disminución desde el año 2000. Estos ocupan hoy solo un cuarto de la superficie.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente considera que la producción de bienes agropecuarios como el aceite de palma, carne de vacuno, soya, madera y pulpa para papel arrastra el 70 % de la deforestación mundial.
Datos más que dicientes que demuestran la necesidad de actuar, porque es uno de los temas fundamentales en nuestros días, no solo de carácter ambiental.
Sin árboles, por ejemplo, será imposible lograr la meta del Acuerdo de París de contener el aumento de la temperatura global que modifica el clima en todo el mundo.
En Colombia la deforestación es un asunto ya de seguridad nacional, como expresó el ministro del Medio Ambiente, Ricardo Lozano.
La situación es alarmante en la Amazonia, que concentra 43 % de las alertas por tala de selva, de acuerdo con la información del Ideam.
El fin de semana pasado, el Gobierno Nacional lanzó una estrategia para frenar la deforestación en los parques nacionales, acto que se cumplió en Chiribiquete, patrimonio mixto de la humanidad declarado por la Unesco que está a punto de ser arrasado por manos criminales.
Para el Minambiente la meta para el final de este gobierno es reducir del 5 % al 10 % la pérdida de bosques, hoy en 220.000 hectáreas anuales y en espiral creciente.
Vale la pena hacer dos consideraciones frente a esta perspectiva. Primero, es conveniente tener mayor ambición en la meta y así evitar que a 2022 se hayan deforestado otras 600.000 hectáreas.
Es necesario además activar la vigilancia y protección de otras áreas por fuera de los Parques Nacionales. Los informes del Ideam indican que 86 % de las alertas se presentan en puntos distintos a esas áreas protegidas.
A enfrentar este mal no se le puede dar más largas. Hay que contener la pérdida de nuestros bosques, tarea que no solo es del gobierno central. Alcaldías, gobernaciones y corporaciones autónomas deben incrementar sus esfuerzos, hasta ahora insuficientes, para de verdad proteger la riqueza natural del país.