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Editorial

¿Cómo hacer para que EPM no termine como Emcali?

Una prioridad para Medellín con miras a las elecciones de 2023 debe ser que EPM recupere la senda que la había diferenciado de Emcali en el pasado.
Publicado el 04 de octubre de 2022

A finales de los años 80, Empresas Públicas de Medellín (EPM) y Empresas Municipales de Cali (Emcali) tenían historias parecidas: las dos eran empresas de servicios públicos con desempeños equiparables a las mejores empresas privadas del país y hacían parte de las empresas más destacadas del sector de servicios públicos de América Latina.

En un momento dado, la trayectoria de estas dos compañías públicas tomó caminos diferentes. Mientras que EPM figuraba entre las diez compañías más grandes del país según ingresos, mientras le giraba billonarias utilidades al municipio —que se han traducido en inversión social y desarrollo de Medellín en las últimas décadas— y mientras crecía con inversiones importantes no solo en Colombia, sino también en América Latina, Emcali se derrumbó.

La empresa caleña y la paisa dejaron de parecerse por dos razones fundamentales. La primera, una diferencia entre sus sindicatos: mientras el de Emcali se convirtió, entre otras cosas, en cuna de políticos, el de EPM ha tenido un talante más técnico. Y la segunda, por la injerencia que han tenido los políticos locales en estas empresas desde que comenzó la elección popular de alcaldes.

Casi 35 años después, hay que decir que Medellín ha corrido —o había corrido— con mejor suerte que Cali. EPM ha sido motivo de orgullo y un motor de desarrollo para Medellín gracias a un manejo técnico, independiente y con respeto por estándares altos de gobierno corporativo a pesar de ser una empresa pública; Emcali es un recuerdo de lo mal que pueden salir las cosas cuando, desde la politiquería, una empresa pierde el rumbo por perseguir los caprichos —legales o ilegales— del mandatario de turno.

Por lo menos así ha quedado en evidencia con el polémico contrato por casi 216.000 millones de pesos, repleto de sobrecostos inentendibles, como cobrar más de 43 millones de pesos por un televisor o casi 17 millones por unas “sillas ergonómicas”, lo que volvió a poner en el radar de los colombianos a Emcali y a su ya poco novedoso desangre en manos de clanes políticos.

Sin embargo, este escándalo de otra ciudad, curiosamente, en Medellín debería más que preocupar. En primer lugar, porque salpica a Afinia, filial de EPM. Como bien lo publicó este diario, Deltec, una de las tres compañías que forman la Unión Temporal involucrada en el escándalo, figura como unas de las ganadoras en una cuantiosa y cuestionada licitación que acaba de otorgar dicha filial de EPM en la costa Caribe.

Pero, sobre todo porque los pasos que ha dado EPM en los últimos dos años parecen ir más en la dirección del trayecto intrincado de Emcali que en la senda virtuosa de las Empresas Públicas de Medellín en las últimas décadas. La manera como borraron todo rastro de los directivos que por 20 años o más habían construido un camino de éxito para la entidad, y los cambiaron por funcionarios que ni cumplían con los requisitos mínimos exigidos para ocupar los cargos, ha sido apenas una de las muchas alarmas que han sonado desde el edificio inteligente para toda la ciudad.

Una prioridad para Medellín con miras a las elecciones de 2023 debe ser que EPM recupere la senda que la había diferenciado de Emcali en el pasado: tener una administración técnica e independiente, no una que responda a los intereses del político de turno.

Sin embargo, un cambio a un gobierno que se comprometa con devolverle a EPM su autonomía técnica podría no ser suficiente. Durante los últimos años, los acuerdos para respetar su gobierno corporativo y manejo técnico han sido, en gran medida, tácitos: en ningún lado están escritos. Blindar a EPM de un mal gobierno debería ir más allá: tendrían que evaluarse opciones para aumentar sus estándares de gobierno corporativo y convertirlos en unos mandamientos que el alcalde, cualquiera que sea, deba respetar. Y que la ciudadanía tenga alguna manera de exigírselo.

Aunque todavía estamos lejos, si no se hacen cambios, siempre estará acechándonos el fantasma de que, algún día, EPM pueda llegar a parecerse a Emcali

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