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Editorial

Con los gremios no se juega

Que de la Casa de Nariño quiten o pongan a las cabezas de los gremios de la producción marca un precedente problemático.
Publicado el 08 de diciembre de 2022

Si el presidente Gustavo Petro aceptara un consejo con mucho respeto por su autoridad y su cargo le pediríamos que por favor no siga dando puntadas que puedan menoscabar el aparato productivo del país. El consejo —no pedido— viene a cuento con motivo del ruido que se ha creado alrededor de los gremios de la producción por la llamada que la jefa de gabinete de Gustavo Petro le hizo al presidente de la Federación de Cafeteros para pedirle su retiro.

La polémica se ha centrado en decir que nunca antes en la historia había ocurrido algo igual: que de la Casa de Nariño quiten o pongan a las cabezas de los gremios de la producción marca un precedente problemático; en el entendido de que cada gremio representa el interés de un sector particular de la producción y que no podría cumplir a cabalidad su papel si cada uno de los líderes de gremio es elegido por el gobierno de turno.

La discusión tiene tanto de largo como de ancho. De parte del gobierno se ha escuchado que aquellos que son críticos de los proyectos de Petro no son “interlocutores válidos”. Y se podría estar de acuerdo hasta un punto: admitir que el Gobierno quiere a la cabeza de esos gremios personas con las cuales pueda dialogar. Pero el problema es que el criterio del Gobierno parece que no es el de dialogar, porque a varios los ha descalificado de entrada sin darles si quiera la oportunidad de demostrar si sirven para tender puentes o no.

Lo que la Casa de Nariño busca, por las versiones que se han conocido, es promulgadores de la forma como el primer mandatario ve el mundo, divulgadores de su pensamiento. No en vano el presidente de la Andi, Bruce Mac Master, les preguntó: “yo quiero saber si es una posición de este Gobierno pedir la cabeza de miembros de gremios críticos”.

Las decisiones en una democracia se construyen con el aporte de todos los sectores afectados y si se empiezan a eliminar espacios de representación como este y las voces críticas se transforman en un solo coro, el país comenzaría a perder una dialéctica muy valiosa y retrocedería en lo construido en materia de instituciones a lo largo de su historia. Las instituciones, como lo son los gremios, son parte de un sistema invisible —muy valioso, pero poco valorado— que mantiene saludable a la sociedad.

La llamada de la Casa de Nariño al presidente de la Federación de Cafeteros se suma a la suerte de mal trato que desde el gobierno le han dado al presidente de la Andi, Bruce MacMaster. Incluso hay quienes ponen en la misma bolsa los recientes retiros de presidentes de gremios, como el de Sandra Forero, tras estar 12 años al frente de Camacol. O el de Miguel Gómez, de Fasecolda, luego de expresar su desacuerdo con la reducción del precio del Soat para las motos a la mitad.

Puede que estos dos últimos casos sean harina de otro costal, se ha dicho que las razones de sus retiros han sido personales, sin embargo es evidente que no había ninguna simpatía del gobierno hacia ellos.

Gobernar un país, poner a andar un país, o en este caso, mantenerlo andando, es lo suficientemente complejo como para ponerse a hacer experimentos que pongan en aprietos a los sectores que ya funcionan. Los desafíos reales son tan descomunales en sí mismos que no le alcanza el tiempo a ningún mandatario de inventarse problemas. Y si se los inventa, la historia y la lógica lo han demostrado, que él mismo termina perjudicado.

Para la muestra lo que ha ocurrido en Venezuela en la era de Chávez-Maduro. No es que la dupla, en estos ya casi 24 años, se haya propuesto acabar con el aparato productivo de su país, sino que a punta de pequeñas y grandes decisiones equivocadas, una más otra más otra, al cabo de los años, sin darse cuenta, lograron destruirlo. Los baches que iban apareciendo en la producción y en la economía los iban tapando con la fantástica fortuna de petrodólares del vecino país. Hasta cuando ya no les alcanzó más y quedó al desnudo, entre 2015 y 2016, la pobreza de su aparato productivo, que ya no producían lo necesario y se vinieron a pique.

En el caso del gremio cafetero, por mencionar uno solo, las cifras demuestran que ha sido motor de la economía del país. En el último año marcó récord en la historia: 14,5 billones de pesos. ¿Qué vendrá ahora?

No es del todo descabellado pensar que así como Petro eligió de ministra de Minas y Energía a una profesional formada en el discurso del odio al desarrollo minero energético, ahora le dé por elegir para los gremios de la producción perfiles con la narrativa contra el capital y la producción. Ojalá no sea así. Reconstruir el aparato productivo de un país no se hace de la noche a la mañana

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