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Editorial

De Xi Jinping y Medellín

No deja de ser preocupante que la seguridad energética de Medellín, al menos en el componente del gas, quedará atada al gobierno de China”.
Publicado el 25 de octubre de 2022

Acaba de ser elegido por tercera vez consecutiva Xi Jinping como líder supremo de China, y queda así con la mayor concentración de poder de la historia de su país en los últimos 30 años.

Esa noticia, que a veces parece lejana, adquiere mayor importancia no solo para Colombia por el papel cada vez más protagónico del gigante asiático en el ajedrez geopolítico, si no en particular para Medellín porque de repente, y en solo una semana, en manos de empresas del gobierno chino han quedado las dos más grandes obras que se van a construir en la ciudad. La semana pasada los chinos se ganaron la licitación del metro de la 80 y ayer mismo nos enteramos de que un consorcio de ese país va a construir el gasoducto del Jobo a Medellín.

No deja de ser preocupante, sobre todo el caso del gasoducto, porque los chinos que van a construir el tubo se encargarán de operarlo, y eso significa que la seguridad energética de Medellín, al menos en el componente del gas, quedará atada al gobierno de China.

Llama la atención que la canadiense Canacol, que es la empresa a la que EPM le dio el contrato, no quiere revelar el nombre de las empresas que conforman el consorcio chino. El ocultamiento acrecienta las sospechas y las versiones que circulan desde hace mucho tiempo sobre la falta de trasparencia en este proceso y una presunta corrupción en favor de la Alcaldía.

No en vano, y también la semana pasada, una delegación de congresistas demócratas y republicanos de Estados Unidos, encabezada por Bob Menéndez, viajaron hasta Bogotá para manifestarle al gobierno de Gustavo Petro su preocupación por las inversiones que busca el gobierno chino en nuestro país.

Pero volviendo a la perpetuación de Xi Jinping en el poder y los desafíos que tiene China por delante vale recordar aquella frase de Deng Xiaoping hace 60 años: “No importa si el gato es blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato”. No importa si el modelo es más socialista o es más capitalista lo importante es el desarrollo.

Y en efecto con un crecimiento económico desenfrenado, China ha logrado sacar a millones de personas de la pobreza y volverse protagonista en el mundo. Xi Jinping declaró el año pasado que China había erradicado la pobreza extrema. La “fábrica del mundo”, el país de las obras de infraestructura de dimensiones inimaginables.

Sin embargo, a pesar de su progreso económico, China no ha dejado de ser un país autoritario y de escasas libertades. Esta semana, en el XX Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, el partido único que gobierna con mano dura todo el país, China reafirmó su senda de autoritarismo: Xi Jinping fue confirmado como Secretario General del Partido por otros 5 años.

Xi, quién ocupa este cargo desde el 2012, se proyecta no solo como el mandatario chino más poderoso desde la muerte de Mao, sino también como el que menos ha ocultado su despotismo. En sus 10 años al mando, ha logrado acumular un poder absoluto, en el que sus purgas al interior del Partido lo han dejado en una posición en la que no tiene, y al parecer tampoco desea tener, un sucesor para su cargo. Xi tampoco tiene problemas en demostrar su autoridad frente a sus mismos ciudadanos como se ha visto en su política de “cero covid”, en la supresión que dirigió contra la democracia en Hong Kong o en el estado policial distópico que ha logrado crear en los últimos años.

El video de esta semana en el que se ve como Hu Jintao, el antecesor de Xi, es escoltado contra su voluntad fuera del recinto donde se estaba celebrando el Congreso del Partido, es una muestra del poder absoluto de Xi.

Así como estos 50 años fueron décadas de prosperidad para China, en los años que vienen el país enfrenta retos existenciales. El Partido está asustado. El primer reto es el envejecimiento de su población. El país de los más de 1.000 millones de habitantes, podría tener muchos millones menos al final de la década. Hoy en día, la edad mediana de un ciudadano chino es mayor a la mediana de un ciudadano estadounidense, y se acentuará con el pasar de los años, trayendo retos económicos sin precedentes.

El segundo reto es que su crecimiento económico sin límites, en lo que se ha fundamentado en gran medida la gobernabilidad del Partido, viene desacelerándose. Con las prolongadas cuarentenas, el declive de la construcción y una burbuja inmobiliaria (la crisis de Evergrande) que amenaza con estallar, los años de crecimiento por encima del 10% quedarán en el pasado.

Finalmente, está la escasez de recursos estratégicos. China no tiene autosuficiencia de petróleo y gas, por lo que depende del resto del mundo para su seguridad energética. Su abastecimiento de agua depende en gran medida del Tíbet, lo que la hace sumamente vulnerable.

Con estos retos, los intentos de demostrar fortaleza por parte de China se incrementarán en los años que vienen.

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