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Editorial

Duque y Biden

Los dos mandatarios están hoy montados en la misma barca de las
encuestas desfavorables. Sus historias al mando de sus respectivos países, contrario a lo que se puede pensar, tienen similitudes.
Duque y Biden
ilustración elena ospina Publicado el 06 de enero de 2022

En papel no podían ser más diferentes. El primero tiene 45 años y una carrera política que apenas comenzó en 2014. El segundo tiene 79 años y lleva desde 1972 como actor político relevante. El primero llegó a la presidencia sin experiencia, pero con mucha expectativa, un hombre sin tachas evidentes. El segundo ganó la presidencia porque significaba el regreso de la política tradicional después de los cuatro años de Donald Trump.

Hoy son de los líderes más impopulares del mundo. O, al menos, el colombiano Iván Duque tiene apoyos en los veintes de las encuestas. El respaldo al estadounidense Joe Biden se mide en los treintas. Son porcentajes ilógicos si uno observa los resultados de sus gestiones.

Duque tuvo que afrontar la peor pandemia en cien años. Los expertos dicen que lo hizo bien —el número de muertes y el de personas vacunadas son estelares— después de un comienzo flojo. La economía colombiana se reactivó a una rata superior a lo que se pronosticaba. Se espera un crecimiento económico cercano al 10 % en 2021 y de 4,5 % en 2022. El desempleo continúa bajando y nos acercamos a la rata pre-pandemia. Los precios de los commodities siguen al alza y a Colombia le favorece. La devaluación, además, mejora las exportaciones de todos los productos. En otras palabras, Duque encabeza un boom de la economía, en otra era su imagen sería muy positiva.

Biden tuvo un 2021 sorpresivo. En su administración se crearon seis millones de empleos. La bolsa creció a límites insospechados y hay señales de recuperación en todas partes. Los expertos dicen que es la mejor economía en 50 años. Incluso la inflación alta no parece afectar el consumo de los estadounidenses. Con estos resultados, Biden debería recibir un respaldo de la opinión pública. Pero no ha sido así. A Biden no lo quieren. La razón: querían rechazar a Trump como persona, pero no sus políticas. Biden ganó porque era visto como moderado y no como transformador. La sorpresa electoral de Georgia —los demócratas quedaron con dos senadores y el control del Senado— le cambió el discurso a Biden. Pensó que podía hacer grandes reformas. Fue un error. El electorado no votó por la transformación. Después de varios meses, el mensaje le ha quedado claro al presidente estadounidense, tal vez muy tarde. Son crecientes las voces que le aconsejan no lanzarse en 2024.

A Duque le pasa lo mismo. Ningún candidato presidencial habla bien de él. Hasta el Centro Democrático, su partido, busca distanciarse. Duque triunfó en el 2018 por decir que no haría trizas el acuerdo de paz. No le alcanzaban los votos del No y por eso, su posición. Pero cuando asumió el poder, objetó la ley de la Justicia Especial de Paz, aunque no tuvo los votos en el Congreso. Fue una pérdida de tiempo en un tema no necesario y donde no existe un consenso, en su año más importante. Después vinieron los paros y los abusos de algunos policías en 2020 y 2021, que el gobierno Duque no pudo controlar. Duque tuvo sus peores números, que son difíciles de cambiar.

Es curioso que a Duque y a Biden les pase lo mismo. Es cierto que “el poder es cada vez más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder”, como dice Moisés Naím, y que las redes sociales suelen convertirse en instrumentos de todo tipo de populismos que hacen aún más difícil el arte de gobernar.

Sin embargo, también algo de culpa les cabe: el manejo de lo político hoy es una ciencia muy compleja y quien llegue al poder debe ser experto en ella. Tal vez cayeron en la interpretación errada de su triunfo. Duque se imagina con el mandato de 10,3 millones de colombianos. Biden con el de 81 millones de estadounidenses. Ambos fueron records históricos, pero no fueron votos populares, sino coyunturales. Donald Trump en Estados Unidos y Gustavo Petro en Colombia son personajes que motivaron el voto castigo. Eso puede dar lugar a dos interpretaciones: que Duque y Biden se beneficiaron para llegar al poder, pero no para hacer cambios. No eran mandatarios revolucionarios, sino de transición. O, también, que no eran mandatarios carismáticos o populares, que es la materia prima hoy de la gobernabilidad. A Duque le quedan siete meses en la Casa Nariño. A Biden, en cambio, 36 meses en la Casa Blanca 

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