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El nearshoring bajo Trump

América Latina enfrenta dos opciones: adaptarse a un sistema más proteccionista liderado por Trump o reforzar su independencia económica buscando diversificar mercados hacia Asia y Europa.

09 de diciembre de 2024
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  • El nearshoring bajo Trump

Una de esas palabras que se vuelven populares de un día para otro es nearshoring, ese fenómeno que se entiende como la relocalización de cadenas de suministro a regiones cercanas a los mercados finales —particularmente en el caso de Estados Unidos— y ha sido el motor detrás del resurgimiento de México como principal socio comercial de China.

Tras la disrupción global provocada por la pandemia, las tensiones geopolíticas con el gigante asiático y el aumento de los costos laborales en ese continente, México se consolidó en 2023 como el país que más exporta a Estados Unidos, superando a China por primera vez en décadas y redefiniendo las reglas del comercio internacional.

Pocos eventos ilustran mejor el impacto del nearshoring que el anuncio realizado a principios de 2023 por Elon Musk y el gobernador de Nuevo León: una inversión de US$ 4.500 millones por parte de Tesla para construir una gigafábrica en el norte de México. Este proyecto no solo refuerza la posición de México como un destino clave para la manufactura orientada a la exportación hacia Estados Unidos, sino que también ha generado un efecto dominó en múltiples sectores de la economía. Se estima que este fenómeno podría impulsar el crecimiento del PIB mexicano hasta en un 2% anual, con sectores estratégicos como la tecnología y la industria automotriz liderando la atracción de inversión extranjera directa (IED).

Sin embargo, lo que hasta hace pocos meses se perfilaba como un panorama extraordinariamente prometedor ahora enfrenta un desafío mayúsculo: el regreso de Donald Trump a la presidencia en 2025. Con sus posturas abiertamente proteccionistas, Trump ha amenazado con imponer un arancel del 25% a las importaciones mexicanas, justificándolo como una medida para corregir un déficit comercial que, en 2023, alcanzó los USD 159.000 millones de dólares.

Su retórica, centrada en priorizar el reshoring —la repatriación de fábricas y empleos al territorio estadounidense—, pone en riesgo de descarrilamiento la estrategia de nearshoring que México ha logrado aprovechar de manera exitosa. Su descontento con las inversiones chinas en territorio mexicano, un efecto rebote de las tensiones comerciales entras las dos economías más grandes del mundo, tiene altas probabilidades de detonar revisiones agresivas al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), lo cual ha alimentado el nerviosismo entre inversionistas sobre el futuro de la estabilidad del comercio en el continente americano.

Solo en 2023, México atrajo USD 35.000 millones en IED, casi el 10% del PIB de Colombia. Ante la incertidumbre que se asoma, ¿qué efectos no podría tener en la economía mexicana una caída drástica y repentina de una cifra de esta magnitud?

El regreso de Trump podría tener repercusiones profundas no solo para la economía de México, sino también para el resto de América Latina, donde varios países han comenzado a apostar, aunque en menor escala, por posicionarse como destinos atractivos para la inversión vinculada al nearshoring. Economías como Costa Rica, Chile y Colombia —donde somos uno de los pocos países de la región cuyo principal socio comercial sigue siendo Estados Unidos, y no China— han intentado capitalizar este fenómeno. Proyectos en nuestra proximidad, como la construcción de Puerto Antioquia en Urabá, buscan fortalecer esta estrecha relación exportadora entre Estados Unidos y América Latina, priorizándola por encima de China.

Un giro proteccionista en la política comercial de Estados Unidos podría truncar estas aspiraciones. Una política arancelaria agresiva, junto con factores económicos como una posible depreciación cambiaria y un aumento en las tasas de interés bajo un nuevo mandato de Trump, representan una amenaza existencial para el nearshoring en la región.

Por otro lado, países como Brasil y Argentina, que en los últimos años han estrechado lazos comerciales con China, enfrentan también un panorama incierto. Trump ha mostrado hostilidad hacia la creciente influencia china en la región, lo que podría traducirse en presión para que estos países elijan bandos.

Como si fuera poco, el endurecimiento de las políticas migratorias de Trump afectará duramente a toda la región, particularmente a Centroamérica, donde países como El Salvador y Guatemala dependen de las remesas enviadas por migrantes en Estados Unidos, las cuales representan entre el 20% y el 25% de su PIB.

Sin embargo, a pesar de los riesgos para la región, también hay mitigantes importantes. América Latina seguirá contando con ventajas estratégicas que Trump no puede ignorar: la proximidad geográfica, gobiernos en su mayoría democráticos y, para países que han construido un modelo exportador, un marco legal bajo el T-MEC que aún favorece el comercio regional, además de una sólida infraestructura industrial que no se construye de la noche a la mañana.

América Latina enfrenta dos opciones: adaptarse a un sistema más proteccionista liderado por Trump o reforzar su independencia económica buscando diversificar mercados hacia Asia y Europa. Proyectos como el puerto de Chancay en Perú, financiado por China, demuestran que la región tiene opciones para contrarrestar la hegemonía estadounidense. Sin embargo, esta estrategia no estará exenta de desafíos, especialmente si Trump intensifica su discurso anti-chino.

Los líderes de la región no la tendrán fácil. Frente a un Trump impredecible, el pragmatismo será indispensable.

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