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Editorial

¿Está perdiendo Putin?

La guerra de Ucrania no va de acuerdo al plan trazado por Putin y todo parecería indicar que se va a tener que aferrar solo a Crimea.
Publicado el 19 de noviembre de 2022

La guerra entre Ucrania y Rusia no da tregua, pero genera algo de esperanza el ver que el motor de la diplomacia está a pleno rendimiento. Las conversaciones entre Biden y Xi Jinping o la confirmación de que Washington y Moscú se reunirán a dialogar en El Cairo a finales de este mes, hacen pensar que aunque en la agenda visible y aparente no está Ucrania, hay posibilidad de continuar manteniendo el contacto que por momentos se ha visto roto.

Se podría pensar en diferentes factores que se han producido en los últimos días para entender por qué Rusia está dispuesta a tener ciertos acercamientos con Occidente pero el resumen es este: la guerra de Ucrania no va de acuerdo al plan trazado por Putin y todo parecería indicar que se va a tener que aferrar solo a Crimea, renunciado más tarde que temprano a Ucrania.

Así pues, ahora por fin se ve que quieren sentarse a conversar. Tal como lo reconoció el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, “la comunicación con Occidente podría orientar y reforzar el diálogo” con Ucrania. Se nota que han dado algunos pasos para desescalar el conflicto, pese al contraataque

La derrota de Jersón para los rusos ha sido un factor fundamental, y en términos de guerra, es como si empezara una nueva etapa. Ante el éxito de las contraofensivas ucranianas, los rusos se tuvieron que retirar de allí y de otros lugares de la orilla occidental del Dnipro. Los observadores internacionales califican este hecho, como una de las mayores derrotas del Ejército ruso en la guerra que dura ya casi 9 meses. Esa retirada ha sido humillante para los rusos y se suma a las otras de donde también han tenido que retirarse: de Kiev, entre febrero y marzo al empezar la guerra, y de Járkov, entre septiembre y octubre.

Hay que entender la importancia que reviste para Putin la pérdida de Jersón. Implica por ejemplo que a las tropas rusas les va a resultar más difícil la logística, que incluye aprovisionamiento, reposición de equipo y relevo, especialmente desde Crimea. También que la parte norte que une a esta región con el territorio continental de Ucrania, queda ahora más expuesta a una ofensiva con misiles ucranianos, aunque estos en realidad no pueden llegar a zonas muy profundas de Crimea. Así que el hecho de que el ejército ruso haya tenido que batirse en retirada, de manera desordenada y caótica, tiene severas consecuencias.

Y es que Putin no contaba con un apoyo tan prolongado e irrestricto de Europa y Estados Unidos a los ucranianos. Y sus absurdos intentos de anexionar regiones mediante referéndums ilegales no han tenido la acogida que él esperaba. Pese a la propaganda organizada, los falsos carteles mandados a hacer ex profeso para que la gente los levantara diciendo que Jersón es Rusia, y las imágenes así transmitidas por los medios pro rusos, existe otra realidad, la que ven los corresponsales que están allí y que encuentran a la gente de los pueblos portando letreros hechos con marcadores o tizas que dicen que Jersón es Ucrania. Podría parecer otra guerra, la de los carteles, mucho menos nociva que la de las armas, pero tan poderosa como esta por lo que eleva el espíritu de unos u otros.

Herido en su orgullo, Putin presenta otros desafíos que hay que saber medir. Se ha visto con la lluvia de misiles que lanzó esta semana inmisericordemente sobre objetivos civiles. Pese a que es un crimen de guerra que las infraestructuras hidroeléctricas y las viviendas sean atacadas. Esa destrucción sistemática es una forma de chantaje terrorista, que, a falta de fuerzas para ganar en el campo de batalla, busca vencer mediante la presión sobre los civiles. Este es un intento por permanecer fuerte frente a las conversaciones inminentes que se avecinan y a la vez es la confirmación de su grado de peligrosidad. Por eso pensar en las victorias de Ucrania es una actitud más positiva que centrarse en las posibles consecuencias que pueden generarse tras una Rusia derrotada. Aunque la realidad exige reflexionar desde las dos perspectivas para estar preparados.

La invasión rusa se ha ido desarrollando con todos los horrores de cualquier guerra. Ha segado vidas, ha destrozado infraestructuras y ha destruido y expoliado el patrimonio cultural e histórico de Ucrania. La marcha de Jersón ha revelado que los dos grandes museos existentes en la ciudad, el de la Historia del territorio y el de Bellas Artes, no se han salvado del robo. De manera esa sí organizada, los rusos se llevaron colecciones enteras hacia Rusia y Crimea donde ya se han visto en un museo de Simferópol.

Esta semana, el Consejo de la Unión Europea volvió a ratificar su apoyo y el de todos sus miembros a Ucrania, a la vez que hizo una condena firme a la agresión militar injustificada y no provocada de Rusia. No se puede cantar victoria todavía, pero sí parece que frente a la unión inquebrantable de Occidente, y a las humillantes derrotas sufridas por los rusos, por fin se abre el diálogo.

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