Pico y Placa Medellín
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Este editorial no pretende ignorar lo que pasa. Pone de presente que esta ciudad y este departamento, con todas sus fracturas, sigue dando señales que inspiran.
Hay semanas en que abrir el periódico se siente como abrir una herida: escándalos uno más aterrador que el otro, atentados con decenas de muertos y no suele faltar una que otra olla podrida. El ruido de lo que sale mal en el país puede volverse tan aturdido que termina ahogando todo lo demás. Y “lo demás” —eso que no grita, que no escandaliza sino que avanza con paciencia y con trabajo— es, con frecuencia, más real y más duradero que el estruendo del momento.
Este editorial no pretende ignorar lo que pasa. Por el contrario, lo que propone es poner de presente que esta ciudad y este departamento, con todas sus fracturas, sigue dando señales que inspiran.
Empecemos por la campaña de Nutresa que nos da el tono de esperanza. Por primera vez en su historia centenaria, la compañía decidió intervenir 17 de sus marcas más icónicas —Jet, Colcafé, Sello Rojo, Zenú, Doria, Chocolisto, Saltín Noel, Corona, Ducales— para cederles esos nombres a algo que consideraron más urgente. La chocolatina Jet ahora se llama “Fe”; Colcafé, “Con la fe intacta” y Chocolisto, “Siempre listos para creer”. Algo de ese gesto está profundamente arraigado en nuestra tierra: la convicción de que el trabajo concreto y el optimismo práctico pueden convivir. Que creer no es solo una actitud, sino que también es rentable.
De esa misma actitud de esperanza y confianza también se dio buena cuenta en el encuentro anual de afiliados de la Cámara de Comercio de Medellín, su presidenta Lina Vélez recordó algo que conviene no perder de vista: el 87% del empleo formal en Antioquia lo genera el sector privado. Antioquia representa el 15% del PIB nacional, y en sólo 69 de los 125 municipios operan 169.000 empresas. EL COLOMBIANO recorrió el departamento para dar testimonio de tantos emprendedores y concluimos que nuestro departamento no es optimista por casualidad.
Y las últimas cifras conocidas del modelo ‘obras por impuestos’ dan la razón. El mecanismo —que permite a las empresas pagar hasta el 50% de su impuesto con obras— convierte la carga tributaria en puentes, en aulas, en agua potable. Antioquia está a la cabeza en el país con una inversión de $341.000 millones porque ha entendido como ningún otro que en lugar de girar recursos a Bogotá, las empresas los pueden invertir directamente en el territorio.
Parte de ese empeño de empresarios antioqueños se ve reflejado también en la realidad que es hoy Puerto Antioquia. Este mes despegó el primer barco con 24 toneladas de aguacate que salieron del Eje Cafetero para el puerto de Durkenke en Francia y 130.000 tallos de flores de Támesis. La primera vez que se habló de construir un puerto en el Golfo de Urabá fue en 1871, pero la construcción sólo comenzó en abril de 2022. Un hecho histórico sin duda que no hemos podido disfrutar como se debe por el ruido ensordecedor de los escándalos.
Al puerto, además, se llega gracias a las Autopistas 4G, que lo conectan con todo el país. Otro empeño que se logró gracias al espíritu emprendedor de los empresarios paisas, articulados por la Cámara de Comercio, que diseñaron a comienzos de este siglo estas vías de alto rendimiento y acompañaron a tres gobiernos para que las hicieran realidad.
De todos es sabido que el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, y el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, se han echado al hombro la monumental tarea de concluir el Túnel del Toyo que el gobierno de Gustavo Petro había decidido dejar botado como un elefante blanco.
Así como las empresas tradicionales dan buenas noticias también lo da esa nueva generación de jóvenes emprendedores antioqueños. Hace menos de dos semanas tuvo lugar en Medellín la más reciente edición de Startco, uno de los eventos de startups más importante de América Latina. Este año más del 80% de los inversionistas fueron extranjeros. El ecosistema de innovación de Medellín volvió a confirmar que no es un proyecto en construcción: es una realidad.
A eso se le suma U-Ventures, el fondo de capital semilla que Eafit y la EIA lanzaron para incubar 300 empresas en Medellín. Es la academia apostando por el ecosistema emprendedor. No es una conferencia sobre innovación. Es innovar con recursos puestos sobre la mesa.
Y más allá de lo empresarial, de Medellín, en estos días, hay también otras varias buenas noticias que contar. La ciudad recibió un premio de la Fundación Bloomberg por la creación de Medellín Cero Hambre. En un momento en que la desigualdad sigue siendo una herida abierta en el país, la iniciativa de un puñado de fundaciones y mujeres en alianza con la Alcaldía ha logrado entregarles vales alimentarios a miles de familias vulnerables.
Medellín también fue nombrada ciudad del árbol, distinción que no es un adorno sino el resultado de años de política urbana que apostó por los corredores verdes y el árbol de calle como infraestructura. Y la UNESCO confirmó que será Capital Mundial del Libro en 2027: la misma ciudad que en los noventa era considerada la capital del crimen en el mundo, ahora es reconocida como corazón de cultura, lectura y pensamiento.
Los números del turismo lo siguen ratificando: Antioquia creció cerca del 11% en visitantes en el último año, y Medellín concentró el 27% de los turistas extranjeros no residentes que llegaron a Colombia. El mundo está eligiendo esta ciudad.
Son noticias que no generan indignación ni alimentan el algoritmo de la rabia. Pero son cruciales.
Porque como dijo Lina Vélez, de la Cámara de Comercio: “Proteger la confianza y trabajar todos los días por la empresa y por la democracia es hoy, en este lugar y en este tiempo, lo más importante. Yo sé el esfuerzo que hacen, pero no podemos entregar el país. Porque sin empresas no hay país”.