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Editorial

Historia de un fracaso

El alcalde ha terminado por darle la razón a la desconfianza de los concejales. Es un mal indicio no tener claro para qué se necesita ese dinero.
Publicado el 02 de octubre de 2022

¿Qué le costaba a la administración de Medellín, y en particular al alcalde Daniel Quintero dejar claro ante el Concejo, sin ningún asomo de duda, que los recursos producto de la venta de las acciones de UNE serían destinados a un proyecto estratégico y no se iban a convertir en una suerte de caja menor para su administración?

Porque esa terminó siendo la única razón por la cual naufragó esta semana, por cuarta vez, el acuerdo para vender la participación que tiene EPM en esta empresa. Un negocio por el cual EPM -que aún no lo descarta- espera recibir 2,8 billones de pesos. Como ya hemos escrito en estas páginas, si bien varios concejales están de acuerdo con la venta, finalmente no votaron a favor de ella por la desconfianza de que esos recursos, por decir lo menos, se malgasten.

Como será la falta de claridad, que mientras EPM sacaba un comunicado de prensa en el que decía que los recursos se iban a invertir en un proyecto de energías renovables, la Alcaldía publicaba otro en el que decía que los recursos se iban a destinar a resolver problemas de la ciudad como el deterioro de la malla vial y la situación de las quebradas.

Y esas son apenas las ideas más recientes. Porque antes Quintero había dicho que los necesitaba para terminar Hidroituango, más atrás planteaba que para enfrentar los estragos de la pandemia. Hasta llegó a concluir que si los concejales hubieran aprobado la venta se habría evitado el derrumbe en Villatina, y así, como si cada que se produjera una noticia se le ocurriera en qué invertir el dinero producto de esa venta.

El concejal Sebastián López, que se había mostrado interesado en aprobar la venta, al final desistió y explicó que se había enterado de la intención de la junta directiva de EPM y del alcalde Daniel Quintero de destinar 1 billón de pesos del total “para que el alcalde lo use a su consideración”. El concejal, al anunciar su voto negativo, aseguró que se trataba de “una trampa a Medellín” porque ese dinero lo querían utilizar “para la elección del próximo Alcalde”.

En últimas, el alcalde ha terminado por darle la razón a la desconfianza de los concejales. Es un mal indicio no tener claro para qué se necesita ese dinero. Cuando no hay una inversión clara es porque o no se necesita la plata o se va a destinar en algo que no quieren contar. Y aún se crea más desconfianza, se generan más suspicacias, si el alcalde como lo hizo sigue peleando en Twitter por el tema casi sobre las 11 de la noche del viernes.

Es evidente el malestar que le ha causado a Quintero la no aprobación de esa venta. Si tenemos en cuenta que el alcalde no se ha caracterizado propiamente por destinar recursos para atender las necesidades de los habitantes de la ciudad --o si no que lo digan los estudiantes de los colegios oficiales que están casi en ruinas-- no se entiende el afán que tiene de que le entren recursos frescos a la Alcaldía, recursos sin ataduras y sin destinación específica.

Las decenas de denuncias sobre el manejo de los recursos de la Alcaldía indican que podría existir una maquinaria muy aceitada de malversación de recursos públicos en Medellín y mientras persista esa duda los concejales están en su derecho de evitar convertir un activo en plata de bolsillo del gobernante de turno.

Estamos hablando de 2,8 billones de pesos. Eso es, de lejos, más de lo que cualquier alcalde del país, con excepción de Bogotá, tiene de presupuesto de libre destinación en sus cuatro años.

En una democracia, el gobernante tendría que aceptar la decisión del órgano legislativo. Pero el alcalde Quintero, fiel a su estilo de intentar gobernar ayudado por un ‘estado de opinión’, ha decidido presionar a los concejales que no lo apoyaron. Ayer sábado, en la instalación de las sesiones ordinarias del Concejo, llenó las gradas con sus empleados de confianza y con contratistas de la Alcaldía mientras él hacía su intervención, para que lo aplaudieran, y para que boicotearan el discurso de la oposición.

Desde este medio hemos apoyado la idea de vender la participación de EPM en UNE siempre y cuando se den las garantías de que ese dinero va a ser bien invertido en beneficio de la ciudad

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