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Se inicia hoy formalmente en Barranquilla la asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo 2021, que tuvo como antesala la sesión del Foro para el Progreso de Integración de América del Sur (Prosur). La asamblea de este año es especial por varias razones. En primer lugar, porque al fin se pudo hacer realidad, después de dos aplazamientos previos, en septiembre de 2020 y en enero de 2021 por causa de la pandemia. Ahora se lleva a cabo de forma híbrida, con conferencias virtuales y presenciales.
Con el empeño para realizar la asamblea de las directivas del BID y de las autoridades de Barranquilla y Colombia, se mostró un gran compromiso con el evento. Aún a pesar de las limitaciones que impone la pandemia, se logró finalmente el cometido. Con ello la ciudad y el país están cumpliendo un viejo anhelo y van a mostrar su capacidad para recibir una reunión tan importante y representativa.
Para la ciudad, en particular, la asamblea, además de permitirle lucir su pujanza frente al mundo, va a traer réditos para sus sectores de hotelería, turismo, restaurantes y otros servicios, muy afectados por la crisis. Así mismo, Barranquilla se beneficia de un crédito directo de 250 millones de dólares para financiar proyectos de desarrollo, generar empleo y avanzar en su apuesta ambiental.
Para Colombia, la realización de la asamblea es una ratificación de la importancia que ha ganado en la región y de sus lazos estrechos con el BID. Desde su creación esta entidad ha otorgado financiamiento a 267 proyectos en el país. Para 2019-2022, se encuentran aprobados o en espera de visto bueno 30 proyectos, por un monto de 2.091 millones de dólares, estructurados de acuerdo con una estrategia para Colombia basada en tres pilares: incrementar la productividad de la economía, mejorar la efectividad de la gestión pública y promover la movilidad social y consolidar la clase media.
De otra parte, hay que tener en cuenta la difícil realidad actual de América Latina, con una caída anual del PIB de más del 7 % en 2020 y el aumento sin precedentes del desempleo y la pobreza. En esas circunstancias el apoyo del BID, como de los demás organismos multilaterales, resulta esencial. El momento es crucial para una entidad como esa que con su experiencia, conocimiento y capacidad técnica tiene ventajas para actuar con prontitud y eficacia en la región. Sin embargo, para cumplir ese papel el BID debe recapitalizarse para aumentar su capacidad de préstamo y es esencial, para ello, el apoyo de los Estados Unidos.
La gran pregunta es si la presencia en la presidencia del BID de Maurice Claver-Carone, quien fue el candidato de Trump para el cargo, va a facilitar las cosas. El hecho es que los senadores demócratas en su momento se opusieron con firmeza a ese nombramiento, por lo que representó Claver-Carone en la estrategia de Trump, y hoy condicionan la recapitalización del BID a su retiro.
Sin el apoyo del presidente Biden, Claver-Carone perdería la gobernabilidad y, como consecuencia, las iniciativas para apoyar a América Latina podrían fracasar. Biden ha expresado su especial interés en América Latina. Sea esta la ocasión para que su apoyo implique aportar soluciones. El financiamiento por parte del BID puede hacer la diferencia en la recuperación económica. Al final, es la región la que puede verse perjudicada si no se dan las condiciones para superar el impasse político