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Editorial

La burbuja de las cripto

El 2022 ya se perfila como un año negro para el sector de las criptomonedas. Muchas empresas quebraron y millones de personas han perdido sus ahorros.
Publicado el 23 de noviembre de 2022

Parece que el apocalipsis llegó al mundo de las criptomonedas. La quiebra de la segunda compañía de intercambio de monedas digitales más grande del mundo, FXT, dejó más de un millón de personas sin ahorros, se sumó al colapso de otras empresas semejantes y extendió la desconfianza en todo el sector. El 2022 ya se perfila como un año negro en este negocio que, aunque para el común de los mortales es un misterio, para cientos de miles ofrecía la inversión de sus vidas, aquella que les ayudaría a tener un futuro tranquilo económicamente.

Sin embargo todo ha dado un giro. Tal vez nada nuevo para quienes han vivido lo suficiente y han conocido aunque sea de oídas las miles de estafas que se hacen con el dinero ajeno. Solo que ahora el escenario se maneja en un mundo virtual. Los damnificados, ahorradores grandes y pequeños, que pusieron sus ilusiones y esperanzas en esta promesa digital, ven que su dinero se evaporó y que no hay mucho por hacer fuera de conformarse con cualquier cosa que logren rescatar, por ínfima que sea.

El mundo de las criptomonedas surgió hace exactamente 14 años y desde entonces ha llenado a la par de expectativas e incertidumbres el sistema de inversión. Se trata de monedas digitales o virtuales, que sirven para hacer pagos sin soporte físico, y que están basadas en un algoritmo matemático denominado blockchain o cadena de bloques. No compiten con el dinero oficial porque no están respaldadas por un banco central que asegure su valor y su precio varía en función de cambios en la oferta y demanda. De ahí que sean consideradas como activos especulativos de alto riesgo.

Teniendo claro ese panorama, cientos de miles de personas, entre ellos muchísimos latinoamericanos que habían ahorrado dinero tras muchos sacrificios, comenzaron a buscar mejores rendimientos que los que ofrece el mercado tradicional, compraron criptomonedas y ahora están atónitos frente al caos generado por la quiebra de FXT, una plataforma con sede en Bahamas que llegó a ser valorada en 40.000 millones de dólares. Se consideraba una superestrella de las bolsas de criptomonedas y era la favorita de los inversores de Wall Street. Grandes empresas financieras invirtieron en la bolsa que ofrecía FXT, hasta que se declaró en bancarrota esta semana.

Y como en cualquier tema que se puede discutir en redes, la reacción de los opinadores gratuitos va desde aquellos que se alegran con el desastre financiero de lo que consideraban una burbuja inflada, hasta los que se compadecen de aquellos que han quedado sumidos en la angustia al perder un dinero que no les sobraba y que tendrán que ponerle cara a la vergüenza de haber tomado decisiones que ahora se ven como equivocadas.

Son ellos los perjudicados últimos, los que más duelen. Esas personas corrientes, empleados jóvenes, profesionales y semejantes, que con esfuerzo ahorraron y que ahora ven que su dinero se ha esfumado. ¿Quién los ampara? La verdad es que nadie. Lo único que les queda es juntarse en grupos por las redes sociales y escuchar noticias que en algunos momentos les dan una cierta ilusión porque parece que van a poder recuperar algo y luego los hunden en la miseria por el escenario de caos administrativo que van encontrando los encargados de revisar el funcionamiento de FXT. Parece que el descontrol para manejar la empresa fue gigantesco, con unas prácticas corporativas de tinte infantiloide que asombran cuando se piensa en el dinero que estaba en juego.

Ahora vendrá la ola expansiva y el efecto contagio en esta atmósfera de por sí ya enrarecida. El bitcoin, la criptomoneda más conocida y popular, acumula nuevas caídas, y eso se suma a la brusca realidad de este año en el que lleva perdido más de un 60% de su valor. También se añade a la quiebra de Luna y Three Arrows Capital, cuyos creadores están desaparecidos.

La falta de regulación agudiza el problema y la crisis de confianza permea todo el sistema. No es que las criptomonedas vayan a desaparecer, pero los expertos coinciden en que este es un punto de inflexión para un mercado que necesita un mayor impulso regulador y restaurar la credibilidad perdida. Para los ahorradores que perdieron todo, ya nada de esto importa. Pero para los que seguro van a apostar por este tipo de inversiones en el futuro, todavía hay mucho por hacer

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