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Editorial

La eutanasia

Más allá de las explicaciones jurídicas y constitucionales y las razones de orden médico, el tema de la eutanasia hay que sacarlo de la noticia espectáculo. Es un derecho fundamental, pero también una decisión del más profundo fuero interno de las personas.
La eutanasia
ilustración morphart Publicado el 13 de octubre de 2021

En medio de la polémica que ha suscitado el caso de Martha Sepúlveda, por la eutanasia que finalmente no se le aplicó, la Corte Constitucional dio a conocer el texto de la sentencia que permite este tipo de procedimientos en Colombia. El alto tribunal dio un paso gigante en este fallo, pues amplió los alcances de la eutanasia a casos de enfermedades que producen grandes padecimientos físicos y sicológicos y no solamente a males terminales o de inminente fallecimiento. Se trata de un punto esencial en la discusión que ha ocupado la atención del país.

No se puede desconocer que este tácito reconocimiento de la Corte (en un documento de más de 150 páginas) de que no estamos obligados a vivir cuando las condiciones extremas de salud producen un sufrimiento intenso, o cuando cada persona considera que su padecimiento no le permite tener una vida digna, es un asunto de enorme sensibilidad en una Nación que, si bien desde la Constitución de 1991, tiene separadas las cuestiones de la Iglesia y el Estado, todavía es hondamente religiosa.

Precisamente, tal vez lo más complicado del tema es separar estas dos dimensiones. Es decir: la Iglesia alberga a la comunidad de los creyentes y el Estado a la de los ciudadanos. Es perfectamente compresible que las objeciones a la práctica de la eutanasia o, mejor, muerte asistida son respetables, pero religiosas; basadas en un hecho profundamente espiritual de que, si Dios nos dio la vida, solo él nos la puede quitar. Por supuesto, también algunos de los que se oponen a la eutanasia lo pueden hacer por profundas convicciones individuales. Pero esto que tiene un hondo valor para el creyente o para el individuo, tal vez no lo tenga para todos.

Cabría decir, además, que Colombia no es una sociedad totalmente cristiana, pero la libertad sí es un derecho fundamental que cobija a todos los ciudadanos y, en este orden de ideas, estos son libres de elegir si quieren permanecer en esta tierra. Significa también que tenemos derecho a decidir si deseamos mantener nuestra vida cuando la existencia afecta al mismo ser. La única restricción a la libertad humana es cuando se invaden los linderos de los derechos de los demás.

Pero, más allá de las explicaciones jurídicas y constitucionales y de las razones de orden médico, el tema de la eutanasia hay que sacarlo de la noticia espectáculo. Se trata de un acto tan íntimo que exhibirlo mediáticamente produce una polémica innecesaria y un malestar que puede acabar complicando aún más la situación de la persona que pasa por ese proceso tan crucial. Martha Sepúlveda quiso genuinamente contar su historia porque se sentía liberada, pero la manera como se presentó terminó teniendo características de show que no solo agredió a muchas personas, sino que también complicó todo el proceso y echó al traste la posibilidad de cumplir su voluntad.

El fallo de la Corte Constitucional, con sus explicaciones, es de inmediato cumplimiento, lo que debe aclarar las cosas para el Instituto Colombiano del Dolor (Indocol), encargado de practicarle el procedimiento a la señora Martha, procedimiento que fue cancelado argumentando una nueva revisión de la historia clínica por parte del comité científico de la EPS. Este instituto había alegado la necesidad de tener mayores explicaciones de la Corte, que, en efecto, no se conocían, pues si bien la sentencia se anunció en julio, aún no se había publicado el texto del fallo.

La decisión del tribunal que otorga el permiso para acceder a la muerte digna señala que no se incurre en delito de homicidio por piedad, siempre y cuando la eutanasia sea efectuada por un médico. Cabe anotar que los médicos también tienen derecho a la objeción de conciencia. Lo que no podría ocurrir es que la institución médica se rehúse a practicarla.

Por respeto a todos, lo mejor es no hacer de la eutanasia un show

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