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Editorial

La Gran Renuncia

En un mundo con tantas contradicciones y realidades diferentes, un curioso fenómeno avanza a pasos agigantados. Tras la pandemia, millones de personas han decidido renunciar a su trabajo y encontrar otra actividad remunerada que les permita tener una vida diferente.
La Gran Renuncia
ilustración morphart Publicado el 16 de noviembre de 2021

Mientras en Colombia y en casi todo el mundo la gente se aferra al trabajo que tiene en medio de la crisis económica causada por la pandemia del covid-19, en dos de las grandes potencias, Estados Unidos y China, está produciéndose un fenómeno sobre el que vale la pena detenerse.

En el caso norteamericano se enfrentan a un fenómeno de renuncias voluntarias que está superando su récord histórico, mientras que en el país asiático se ha impuesto la moda de los tangping, jóvenes que deciden simplemente vegetar en un sofá y no hacer nada.

En Estados Unidos, el asunto comenzó a notarse en el mes de abril, cuando cuatro millones de empleados dejaron su trabajo. Y ha ido en aumento a lo largo de los meses. En agosto fueron 4,3 millones de empleados y en septiembre 4,4 millones. Esto equivale a un 3 % de la población que se encuentra en el mercado laboral, según datos recopilados por la Oficina de Estadísticas de Trabajo de ese país.

¿Los sectores más tocados? Los restaurantes y la hostelería, que suelen ofrecer puestos de bajos salarios, pocas expectativas reales de progreso y un alto índice de rotación. Pese a que los empleadores se han visto obligados a mejorar los sueldos y las condiciones de trabajo, ni siquiera así han logrado frenar la ola de renuncias que ha desestabilizado ese mercado.

La primera persona que habló de este tema fue el profesor Anthony Klotz, de la Escuela de Negocios Mays en la Universidad de Texas A&M. Según él, hubo cuatro factores concretos que lo llevaron a anticipar este fenómeno.

El primero es que muchos empleados que tenían planes de dejar sus cargos en 2020 optaron por retrasar esa decisión. El segundo, el agotamiento laboral, que produjo un aumento anormal del número de trabajadores “quemados”. Un tercer factor que ha impulsado esta ola de renuncias son las revelaciones o epifanías, que se producen tras un impacto que hace que la gente reevalúe su vida. Y el cuarto tiene que ver con aquellas personas que durante la pandemia se adaptaron a trabajar desde casa y ahora no quieren regresar a la oficina. Las estadísticas lo confirman. Según Zip Recruiter, una de las empresas más grandes para la búsqueda de empleo, el 55 % de la gente dice que está buscando trabajo para hacerlo desde su casa y la razón es que o bien tiene miedo por la seguridad en el espacio laboral o tiene problemas para encontrar quien cuide a los miembros de su familia que lo requieren (niños o ancianos).

Y así fue como Klutz acuñó el nombre que ahora está en boca de todo el mundo: La Gran Renuncia, un poco en la onda de esos nombres grandilocuentes que siempre han utilizado los estadounidenses para darle sentido a los momentos de la historia que les ha tocado vivir, como, por ejemplo, La Gran Depresión o La Gran Recesión.

Mientras, al otro lado del mundo, muy en la línea de lo que vive Estados Unidos, pero nunca en la misma proporción, el gigante chino se sacude una nueva rebelión que ya ha empezado a ahogar con censura y represión, dado que toca directamente su cultura del esfuerzo y su sociedad altamente competitiva. Se trata de miles de jóvenes que han decidido que la forma más significativa de rebelarse es no hacer nada y simplemente acostarse boca arriba. Son una minoría simbólica que ha llenado las redes de fotos de ellos tendidos en un sofá, vegetando y desafiando así al Partido Comunista, que busca promover la ambición de prosperar. Los chicos se niegan de plano a cumplir con las expectativas de padres, profesores y jefes y no quieren consumir, casarse o tener hijos. Para muchos, son la llamada “resistencia pasiva”, una forma de lucha política que ha dado sus frutos en algunos momentos puntuales de la historia.

Lo anterior, producto tal vez de haber sentido el aliento de la muerte tan cerca que llegaron a ese punto existencialista en el que nada tiene sentido y lo mejor es quedarse quieto sin interactuar.

La realidad es que estamos en medio de un cambio masivo que hay que tratar de entender. Enfrentados a la pérdida y al nivel de traumatismo social que hemos vivido, vale la pena preguntarse: ¿cómo le da sentido a nuestras vidas el trabajo?

En Colombia, el reto es muy grande porque el mercado suele ser inflexible y no logra ofrecer trabajo a todo el que lo busca. Hay casi tres millones de desempleados, de los cuales las mujeres son las más perjudicadas, pues por cada hombre sin empleo hay dos de ellas en la misma situación. Y aunque hay empresas que han aceptado el reto de la virtualidad, falta mucho camino todavía para encontrar la fórmula del equilibrio 

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