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La inteligencia artificial contamina

No se trata de oponerse a la inteligencia artificial, sino de saber cuándo elegirla para sacar el mejor partido y cuándo es totalmente innecesaria.

05 de octubre de 2024
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  • La inteligencia artificial contamina

La crisis medioambiental, tema que preocupa cada vez más a pesar de los negacionistas, ha encontrado un nuevo aliado que puede llegar a ser a la vez uno de sus peores enemigos: la Inteligencia Artificial (IA) generativa. Esta portentosa creación, que puede ofrecer soluciones creativas para el problema existencial verde, consume 30 veces más energía que un motor de búsqueda convencional, lo que genera un impacto desproporcionado y destroza muchos de los esfuerzos que se han venido haciendo para salvar el planeta.

El asunto es tan contradictorio que causa estupor. La IA generativa, esa herramienta que es capaz de crear textos, imágenes, video, audio o códigos nuevos, tiene posibilidades infinitas para ayudarnos a resolver problemas diarios, pero usarla tiene un costo demasiado alto. Por ejemplo, una sola consulta que se haga al ChatGPT, consume tanta energía como la que gasta un bombillo si se deja encendido durante 20 minutos. Producir una imagen de alta definición utilizando inteligencia artificial consume la misma energía que se va en recargar completamente la batería de un teléfono móvil. A partir de esos datos es fácil imaginar lo que va a implicar que millones de personas hagan consultas diarias desde sus dispositivos electrónicos.

Según un informe de Goldman Sachs, preguntarle algo al ChatGPT requiere 10 veces más electricidad que hacerlo a un buscador corriente como Google. Y a medida que la consulta se va sofisticando, la IA va requiriendo más y más energía que suele producirse mediante la quema de combustibles fósiles como el carbón y el gas, cuya responsabilidad en el cambio climático está más que probada.

Como la carrera por la IA está desbocada y todas las compañías tecnológicas quieren tenerla en los productos que nos venden, el tema de la reducción de emisiones se está dejando a un lado. Gigantes como Google, Microsoft, Meta o Apple están generando mayor contaminación debido a la cantidad de centros de datos que están construyendo para alojar los miles de servidores que necesita la Inteligencia Artificial. Cada uno de esos centros necesita cantidades ingentes de electricidad para satisfacer la demanda.

Los cálculos que se hacen indican que para 2030, sólo en Estados Unidos, los centros de datos van a consumir un 8% del total de la energía de todo el país. Ante semejante panorama, muchos de los planes existentes para el desmantelamiento de minas de carbón se han retrasado. Según Bloomberg, en la actualidad hay 7.000 centros de datos alrededor del mundo cuyo consumo combinado equivale al de toda Italia. A ninguna generación le ha tocado ver tal demanda de electricidad.

¿Qué tal la paradoja? ¿Millones de jóvenes vestidos de verde por el mundo, mirando de reojo o señalando a las viejas generaciones por consumirse buena parte del oxígeno que le da vida al planeta, son ahora o serán los principales usuarios de la IA la mayor contaminante del planeta? Por no hablar del presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien precisamente ayer decía: “Ecopetrol tiene que hacer una especie de exorcismo: ¡quítate el petróleo de la cabeza y métete en la inteligencia artificial!”.

Pero por fortuna, de base hay una gran contradicción, y es que así como estamos descubriendo su capacidad de contaminación, la inteligencia artificial también tiene el gigantesco poder de ayudar a las distintas industrias a encontrar soluciones para los muchos problemas medioambientales que nos acosan. Gracias a la IA, ya se hacen mapas perfectos de la deforestación, se sabe dónde y qué tan rápido se están derritiendo los glaciares o se pueden predecir con mayor anticipación y exactitud los desastres climáticos. En Brasil la están usando para reforestar montañas mediante drones, en otros lugares hay equipos que ayudan a limpiar los océanos y varias comunidades en el África la emplean para combatir los distintos riesgos climáticos. El poder de la IA para ayudarles a los humanos a tomar decisiones con más conocimiento es innegable.

La clave entonces está en crear conciencia sobre el impacto medioambiental de esta nueva tecnología. Sasha Luccioni, una de las más destacadas investigadoras en esta materia, ha acuñado un término que es la “sobriedad energética”. Esta consiste en tener criterio al momento de elegir las herramientas de consulta. Utilizar la inteligencia artificial para averiguar por cuestiones simples como las que resuelve hoy en día cualquier motor de búsqueda es un exceso innecesario.

Eso a nivel individual, pero desde el punto de vista de la industria también es necesario autorregularse y cuantificar cuál es la huella de carbón que está dejando tal o cuál código. El usar un sistema de calificación como el de las estrellas que tienen los electrodomésticos hoy en día, les puede permitir a los ingenieros y a las startups comparar el impacto climático de diferentes modelos de IA.

No se trata de oponerse a la inteligencia artificial, sino de saber cuándo elegirla para sacar el mejor partido y cuándo es totalmente innecesaria. Ya está aquí y nos seguirá acompañando de ahora en adelante, de manera que pongamos en acción nuestra propia inteligencia para darle un uso racional.

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