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La paz después
de Rueda

No está bien que se nos exija que, a cambio de que no nos secuestren, tengamos que financiar al ELN

29 de noviembre de 2023
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  • La paz después de Rueda

Conociendo como conocemos a este gobierno, no tiene nada de raro que Danilo Rueda, hasta el pasado 22 de noviembre Alto Comisionado para la Paz, y Otty Patiño, a partir de esa misma fecha encargado de esa dignidad, se hubieran enterado respectivamente de su despido y de su ascenso a través de Twitter (ahora X), que parece ser la principal herramienta de trabajo del Presidente.

En efecto, hace una semana el Presidente de la República nos sorprendió cuando en uno de sus trinos afirmó que Otty Patiño, quien había venido liderando el equipo de negociación con el ELN, dirigiría en adelante “los procesos hacia la paz del país”. A renglón seguido, el mandatario agradece a Danilo Rueda por sus servicios, dejando así ir a quien había encarnado la intención de una “paz total”, una negociación tan ambiciosa que raya con lo irreal, de manera simultánea con todas las estructuras armadas del país, basada en la ingenuidad y la buena fe, y en la creencia de que, con solo la llegada al poder de Petro y del Pacto Histórico, estas organizaciones verían argumento suficiente para negociar y acordar.

Esta claridad la hacemos por cuanto, aunque la oportunidad seguramente será aprovechada para culpar a Danilo Rueda como único responsable de los desastres de esta política, no perdamos de vista que él tenía jefe, y a ese jefe, que es el Presidente de la República, es a quien la opinión pública le debe exigir responsabilidades.

Pero bueno, dicen que toda crisis es una oportunidad, y esta sin duda es una oportunidad para enderezar el rumbo de un proceso que empezó mal, marcha mal, y parece dirigirse a terminar mal.

Al nuevo comisionado Otty Patiño por supuesto le deseamos éxitos en su gestión. Pero nos preocupa que muchas de las cosas que vienen fallando son efectos de un mal diseño, una mala estructuración y una mala estrategia, y en esa medida no se van a solucionar solo con cambiar a la persona.

No está bien, por ejemplo, que se negocie con el ELN sin exigirle, de manera explícita e inequívoca, el cese inmediato de todas sus acciones contra la población civil, lo cual incluye secuestros, extorsiones, asesinatos y masacres. No puede el gobierno seguir condonando, con su timidez y con su silencio, la descarada tesis del ELN según la cual ellos tienen que hacer “operaciones de financiación”.

No está bien tampoco que se nos exija a los colombianos que, a cambio de que no nos secuestren ni nos extorsionen, tengamos que financiar al ELN. ¿Qué viene acaso, una reforma tributaria para mantener a ese grupo y a sus envejecidos jerarcas que llevan décadas viviendo cómodamente en Cuba y en Venezuela?

Tampoco está bien que se otorgue carácter de rebeldes políticos a grupos de narcotraficantes que tuvieron una oportunidad, que fueron beneficiarios de la generosidad del país, y la traicionaron. Nos referimos por supuesto al llamado “EMC” y a la autodenominada “Segunda Marquetalia”.

Y no está bien que se mantenga la actual estructura de funciones y competencias de la Oficina del Alto Comisionado, la cual es simplemente irracional. No puede pretenderse que la misma persona negocie, a la vez, procesos con tres o cuatro organizaciones, a la par que adelanta procesos preliminares con numerosas bandas urbanas, mientras que también tiene a cargo la implementación del acuerdo de 2016 con las Farc.

No en vano este acuerdo está prácticamente abandonado, y este gobierno, cuyo Presidente no hizo más que condenar a Iván Duque por supuestamente no cumplirlo, simplemente se olvidó de la suerte de ese acuerdo y de los reincorporados. No en vano “Timochenko” dijo que se sentían más seguros con Duque.

Miremos por lo pronto cómo va la “paz total”. A octubre de este año han ocurrido en Colombia 80 masacres con 267 víctimas; van 286 secuestros, de los cuales 190 son extorsivos, y se han reportado 8.553 casos de extorsión (la realidad es seguramente mucho mayor).

Estas cifras, por cierto, no vienen de la oposición, ni de la extrema derecha, ni del uribismo, ni de nada por el estilo: son las cifras publicadas por el propio Ministerio de Defensa. Son cifras del gobierno que prometió que, muy pronto, iba a traer a todo el país un alivio humanitario gracias a su política de “paz total”.

Hay que cambiar, y tiene que ser rápido, o se nos hará demasiado tarde.

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