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¿Más preocupado por Maduro que por Colombia?

¿Qué pretende Petro con esta defensa, sin ningún pudor, de un régimen autoritario cuestionado por violaciones a los derechos humanos y por vínculos con el crimen organizado?

hace 10 horas
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  • ¿Más preocupado por Maduro que por Colombia?

El presidente Gustavo Petro sorprendió al país el pasado jueves con un mensaje en redes sociales, en el que afirmaba haber “ordenado ampliar” el pie de fuerza en el Catatumbo colombiano, con 25.000 soldados. “Solicité la militarización de la frontera del Catatumbo”, anotó.

El anuncio, más allá de su contenido, cayó en el peor momento posible. Se sintió como una cachetada para el país porque, justo en ese momento, 33 militares estaban secuestrados por una comunidad en el Guaviare, que protestaba por la muerte de un tendero.

Apenas unas horas antes habíamos visto a los hijos y familiares de los 13 policías asesinados en Amalfi, llorando amargamente en un emotivo homenaje en La Alpujarra en Medellín. Mientras en Cali todavía están llorando los seis muertos —incluida una mujer embarazada— y más de 60 heridos por un atentado con camión bomba contra la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez.

El presidente Gustavo Petro no apareció ni para mandar tropa a rescatar a los soldados al sur del país, ni en las honras fúnebres de los policías en Bogotá, ni en el homenaje a los huérfanos y mamás que perdieron sus hijos por defender al país en Antioquia, pero sí levantó la voz para decir que Colombia estaría dispuesta a defender a Nicolás Maduro.

La ausencia del jefe de Estado en estos momentos críticos no es un simple vacío protocolario. La Constitución lo define como comandante supremo y su presencia resulta esencial para dar confianza y respaldo a quienes exponen su vida en defensa de Colombia. En este caso, el silencio del presidente resultó tan elocuente como su trino.

Al día siguiente, el Ministerio de Defensa y la Cancillería intentaron matizar el alcance de las palabras, señalando que se trataba de un despliegue ya existente en la frontera y no de una orden nueva.

Pero Petro no es ingenuo. Y no suele dar puntada sin dedal. Puso su mensaje replicando una información de un medio ruso conocido por dar noticias falsas, según el cual Venezuela había desplegado 15.000 unidades a la frontera. Lo que sugiere que más que un parte de seguridad, se trató de un gesto político. Petro parecía haberlo escrito para decir: Colombia está del lado de Maduro y los dos juntos vamos a resistir el ataque de Estados Unidos.

No es un detalle menor. El presidente Nicolás Maduro tiene el agua al cuello. El gobierno de Donald Trump ordenó el envío de ocho buques de guerra y 4.500 efectivos frente a las costas venezolanas; al tiempo que Washington acusa sobre los vínculos de altos mandos del régimen con el llamado Cartel de los Soles y aumenta la recompensa por Maduro hasta 50 millones de dólares, la más alta en la historia.

Tal vez lo que más temen Petro y Maduro es que desde la amplia frontera de Colombia se cuele algún grupo de mercenarios intentando ganar la recompensa. ¿Acaso están unidas una y otra cosa? ¿El despliegue militar con la recompensa?

Entonces Petro no solamente habló del despliegue de tropas colombianas, sino que además sacó una mentira de la chistera para defender a Maduro: “el Cartel de los Soles no existe. Es la excusa ficticia de la extrema derecha para derribar gobiernos que no les obedecen”, escribió Petro, desconociendo que de ese grupo criminal han hablado hasta generales chavistas.

Lo preocupante es que, mientras Colombia enfrenta un recrudecimiento de la violencia interna, con policías y militares asesinados o retenidos, el jefe de Estado luce más empeñado en defender a un aliado extranjero que en acompañar a sus propias Fuerzas Armadas. Esa disonancia entre la realidad nacional y la narrativa presidencial erosiona la confianza de la tropa y desconcierta a la ciudadanía.

El viernes, Petro volvió a defender a Maduro al señalar que ni Colombia, ni la oposición de Venezuela ni ningún país latinoamericano, deben alegrarse con una invasión extranjera.

Los dos parecen estar muy asustados. Pero hay que decir que no se puede descartar que todos estén cañando. Así como en la anterior administración de Trump, Colombia le ayudó a la fallida estrategia del cerco diplomático, cuando el asesor de seguridad John Bolton dejó ver una libreta amarilla anunciando despliegue de tropas, tal vez esta vez el anuncio de los buques de guerra y de la recompensa, sea otra manera de presión.

Así mismo es altamente probable que Gustavo Petro y el gobierno de Venezuela también estén cañando. Maduro exhibe milicianos voluntarios y Petro lanza trinos que parecen más dirigidos a confundir a Washington que a enfrentar la inseguridad en Colombia.

¿Por qué el presidente de Colombia parece más preocupado por la seguridad de Venezuela que por la de su propio país? ¿Qué pretende Petro con esta defensa, sin ningún pudor, de un régimen autoritario cuestionado por violaciones a los derechos humanos y por vínculos con el crimen organizado?

Puede que este episodio tenga mucho humo de lado y lado. Pero también es posible que sea un escalón más en la peligrosa confrontación regional.

Lo que sí está claro es el mensaje que le da Gustavo Petro al país: su poco aprecio por quienes dan la vida para defender a los colombianos y su entrega a la dictadura de Nicolás Maduro. .

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