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Editorial

#NosMuereLaCultura

El programa Formación de Públicos, que acerca la cultura a la población con menos recursos económicos, está en puntos suspensivos. No está claro cuál es el plan de la alcaldía con el cambio que ha anunciado. Y el tiempo se agota.
#NosMuereLaCultura
ilustración Elena Ospina Publicado el 21 de enero de 2022

Las instituciones culturales más queridas y con más trayectoria en Medellín no pudieron recibir peor regalo de Navidad: el 23 de diciembre tuvieron una reunión con el subsecretario de Arte y Cultura y este no les supo dar razón de qué iba a pasar con el programa Formación de Públicos. Lo único que les dejó claro es que lo iban a “cambiar”.

El programa Formación de públicos es vertebral en la cultura en la ciudad, existe desde 2005 y consiste en que los habitantes que viven en estratos 1, 2 y 3 pueden entrar gratis a ocho instituciones culturales emblemáticas gracias a que el Municipio subsidia esas entradas. Así, entonces, los habitantes más desfavorecidos de la ciudad tienen el privilegio de disfrutar y aprender, sin pagar, del Parque Explora, el Jardín Botánico, el Museo de Antioquia, el Museo de Arte Moderno, el Teatro Metropolitano, el Teatro Pablo Tobón, el Museo Cementerio San Pedro y la Casa Museo Pedro Nel Gómez.

Es uno de esos programas gana-gana: de un lado, se les da la oportunidad de acercarse a grandes obras, ampliar conocimientos y lograr nuevas experiencias a quienes de otra manera no podrían pagarlas; de otro lado, se ayuda a sostener a instituciones que sin este apoyo les queda difícil sobrevivir. El 80 % del público que entra al Jardín Botánico lo hace gracias a este programa. En el Museo de Antioquia, durante la pandemia, representó cerca del 50 % de su público. Y en los más de quince años del programa ha permitido que nueve millones de personas, de los barrios populares, visiten sus exposiciones. Ante la creciente preocupación en el sector cultural de la ciudad por la urgencia de renovar el programa —pues pronto comienza a regir la Ley de Garantías—, el secretario Álvaro Narváez convocó el miércoles a una reunión en la BiBlioteca Pública Piloto, a la que asistieron cerca de sesenta personas, gestores y trabajadores de la cultura.

Allí les repitieron que el programa iba a cambiar. Es más: ya tiene nuevo nombre, se llamará Públicos Dinámicos. Hasta ahí, todo bien. El problema llegó a la hora de explicar en qué consistía el cambio: el secretario Narváez no supo darles razón.

Ojalá sea un cambio solo de nombre. Porque una trasformación más de fondo podría ser demoledora para la vida cultural de la ciudad. Basta un dato: hoy la entrada al Parque Explora cuesta treinta mil pesos, si no existiera este programa de Formación de Públicos, difícilmente podrían acceder a este parque tecnológico y científico cerca del 78 % de habitantes de la ciudad, que vive en los estratos populares.

¿Por qué el secretario no supo explicar en qué consiste “el cambio”? ¿Por qué dice en su Twitter que ha venido trabajando conjuntamente con el sector, pero los actores de la cultura no saben en qué consiste “el cambio”?, y prueba de ello es que en la reunión del miércoles le preguntaron insistentemente al respecto. La falta de claridad, insistamos, es aún más preocupante porque la Ley de Garantías comienza a regir el 29 de enero.

A Narváez, por momentos, parece haberle quedado grande esta secretaría. El secretario tenía a sesenta dirigentes culturales reunidos y no presentó ningún programa, no manejó ni una sola cifra, ni parecía entender la profunda dimensión social de un programa de este tipo.

El sector cultural de Medellín, uno de los más dinámicos y más vivos del país, siente que la alcaldía le ha dado la espalda en la crisis de la pandemia y ahora espera, perplejo, el próximo capítulo de esta dolorosa historia.

Es justo reconocer que hay un sector que apoya la gestión del secretario. En la reunión del miércoles, Néstor López, director de la Corporación Ateneo, tomó la palabra y les advirtió a todos los presentes: “Colegas, mucho cuidado, que quienes están hablando en la prensa están poniéndose en favor de la revocatoria”.

Llama la atención porque uno de los sectores que más se ha quejado de la secretaría de Narváez ha sido el de los teatreros. Dicen ellos que no han recibido ningún apoyo y que el gran beneficiado ha sido la Corporación Ateneo, grupo de la entraña del secretario Narváez en sus épocas de teatrero. Los del Ateneo se defienden diciendo que los recursos que han recibido se los han ganado por convocatorias.

La pelea con los teatreros no ha sido poca cosa, el secretario Narváez ha llegado a calificarlos en su cuenta de Facebook como “Neardentales de la cultura”. Se le olvida al secretario que él es solo un empleado de los ciudadanos de Medellín, que esperan que la cultura sea el espacio de la creatividad, del encuentro y de la construcción de sociedad, y no de ataques sin sentido o de peleas personales, que son todo lo contrario a lo que es su tarea promover.

Su actitud ha sido tan beligerante que la secretaría de cultura ha tenido como lema: #NosMueveLaCultura. Y quienes se han sentido agraviados por él —¿miles? ¿cientos de miles? ¿diez pelagatos?, no sabemos— le han contestado: #NosMuereLaCultura 

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