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Editorial

¿Por qué Quintero ataca al GEA?

Produce dolor y profunda indignación ver cómo el alcalde de Medellín ultraja un puñado de empresas que han escrito algunos de los mejores capítulos de la historia de Antioquia y Colombia.
¿Por qué Quintero ataca al GEA?
ilustración elena ospina Publicado el 13 de enero de 2022

En Medellín estamos viviendo algo inédito en la historia: un alcalde ataca varias de las empresas más emblemáticas de la ciudad. Es como si el gobernador de California, de un día para otro, la emprendiera contra las empresas de Silicon Valley tildándolas de criminales.

Esa guerra es misteriosa en sus orígenes e intenciones y es absurda en sus alcances. Durante décadas, el Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) ha sido considerado como un modelo exitoso no solo de gestión empresarial, sino, más importante aún, de articulación entre empresariado y sociedad civil.

Que de la noche a la mañana aparezca un alcalde llamando a estas empresas “mafia” y equiparándolas de manera literal con un narcoterrorista como Pablo Escobar, que ponía bombas en aviones de pasajeros y en centros comerciales, es tan absurdo como chocante.

A primera vista, parece una elemental estrategia de propaganda: el alcalde sigue al pie de la letra la cartilla de sicología de masas que dice que se tiene que crear un enemigo malo y poderoso y luego él poderse erigir como el salvador. Primero utilizó a EPM y a Hidroituango, y lo que es un gran proyecto de desarrollo, que tuvo un lamentable accidente, lo convirtió con su narrativa en un monumento a la corrupción. Y ahora, como se le acabó ese relato, le ha puesto el acelerador a sus ataques contra el GEA. Como no los puede tildar de corruptos utiliza la palabra “mafia” y otra vez él se viste de “superhéroe” para, supuestamente, salvar a la ciudad.

Estamos ante la expresión más reciente de lo peligrosas que pueden llegar a ser las narrativas. Cualquiera que se tome el trabajo de comparar los hechos reales con lo que Quintero describe encontrará que sus ataques no tienen un sustento real. El caso de Donald Trump y el escándalo de Cambridge Analytica explican algo al respecto.

El alcalde Quintero decía ayer, en una de sus habituales rondas por las emisoras de Bogotá, que “hace 30 años, los gerentes de unas empresas se sindicalizaron para que no los sacaran” y que ese es el Sindicato Antioqueño. Si Nicanor Restrepo o Santiago Mejía o Vicente Uribe Rendón, por mencionar solo tres de los que tuvieron que ver con la creación del llamado Sindicato, pudieran escucharlo tal vez se estarían revolcando (¿o carcajeando?) en sus tumbas.

Flaco favor le hace el alcalde a su inteligencia. Quizás no se enteró de que las empresas paisas hicieron ese enroque de acciones para evitar que empresarios de otras regiones del país llegaran a tomárselas. El propósito era solo uno: que siguieran siendo compañías por acciones, de las que todos los paisas podían ser dueños, y de esa manera no terminaban concentradas en las manos de un solo dueño, sino que, mientras se dedicaban a producir mayor valor, también invertían en todo tipo de programas sociales y de progreso de la ciudad.

Y eso no es poca cosa. Que una empresa sea de muchos dueños o sea de un solo dueño puede hacer toda la diferencia. No son simples frases regionalistas, el Dow Jones lo ratifica en su índice de sostenibilidad, en el que aparecen las mejores empresas del mundo: seis de las ocho colombianas en el listado son antioqueñas. Grupo Argos, Cementos Argos, Bancolombia, Grupo Nutresa, Grupo Sura e ISA, es decir, prácticamente todas las del GEA. Es un índice bastante exigente que analiza 600 variables referentes a factores ambientales, laborales, sociales y de gobernanza.

El alcalde lo sabe tan bien que él mismo y su familia están afiliados a salud en Sura. ¿Quién le entregaría la salud de su familia a una empresa dominada por la mafia? Y lo tiene tan claro que en un tweet de 2018, que las redes se han encargado de recordarle, sacaba pecho de las empresas construidas en Antioquia y que son parte del GEA.

Una sociedad exitosa o, por lo menos, sostenible se constituye cuando hay articulación y trabajo armónico entre sus diferentes sectores. De esa manera, en Medellín y en Antioquia llevamos más de un siglo de construcción de tejido social y empresarial en medio de las más grandes dificultades. Las empresas, la academia, los intelectuales y pensadores, las mujeres, cada trabajador, cada pequeño comerciante y cada persona han contribuido mediante un trabajo conjunto a sacar adelante nuestra ciudad y nuestro departamento enfrentando las peores amenazas. Y es un trabajo en el que nadie manda y nadie dirige: todos marchamos con nuestros propios esfuerzos en una misma dirección.

¿Qué puede pretender un mandatario que deliberadamente trata de destruir los elementos del tejido social de su ciudad? ¿Qué busca sembrando la desconfianza entre todos? ¿A quién favorece incitando al odio? 

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