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Editorial

¿Qué pasa con las mujeres?

En el tarjetón para las presidenciales del 2022 parece que no habrá ninguna mujer. Y lo triste es que quedan por fuera algunas que por su trayectoria o su reconocimiento en sus partidos merecían estar.
¿Qué pasa con las mujeres?
ilustración morphart Publicado el 05 de diciembre de 2021

Tal vez nunca antes se había visto de manera tan dramática la ausencia de mujeres en una contienda electoral como la que vamos a tener en mayo de 2022. Por supuesto que, en otros momentos de la historia, las mujeres han estado más ninguneadas que ahora en el tarjetón de candidatos a la Presidencia, no obstante en esta oportunidad parece más evidente e incluso doloroso el vacío.

No estamos hablando solo de estadísticas que ya de por sí son elocuentes: entre los más de 30 candidatos, aparecen dos mujeres en la consulta del Pacto Histórico y otras dos mujeres en la consulta del Equipo por Colombia. Es altamente probable que unas y otras pierden en sus consultas y por ende ninguna de ellas quedaría en el tarjetón final.

El contraste con otras jornadas electorales es significativo. En 1998, por ejemplo, tuvimos dos mujeres de 13 candidatos y Noemí Sanín consiguió casi el 27 por ciento de los votos. Lo mismo ocurrió en 2002, de once candidatos dos eran mujeres, repitió Noemí y estuvo también Ingrid Betancourt. Y de ahí siguieron con altos y bajos, hasta el 2014 cuando aparecieron dos mujeres entre los cinco del tarjetón, Clara López y Martha Lucía Ramírez, que lograron más del 30% de la votación.

Esta vez, curiosamente, quedaron por fuera mujeres, que más allá de que uno comparta o no sus convicciones, han demostrado que trabajan de manera juiciosa, tienen una trayectoria política y son reconocidas en el interior de sus partidos: Ingrid Betancur y Angélica Lozano, por ejemplo. O María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y Paola Holguín, por dar otro ejemplo. Por no hablar de Piedad Córdoba y Viviane Morales que ya lo intentaron otras veces pero claudicaron.

La coalición Centro Esperanza estuvo a punto de romperse en pedazos. ¿Y quiénes se echaron al hombro la tarea de lograr la unión? ¡Las mujeres! Angélica Lozano, Juanita Gobertus, Ingrid Betancur y Adriana Córdoba, entre otras. Pero, ¡oh sorpresa!, en la foto de la consulta, solo quedaron hombres. Es verdad que ninguna de ellas quiso aparecer, pero es bueno que el Centro comience a preguntarse porque no tiene mujeres en su tarjetón.

Mientras tanto, en el Centro Democrático, María Fernanda Cabal reclama para ella o para otra mujer del partido la cabeza de lista al Senado, porque ninguna de ellas puede entender que el expresidente Álvaro Uribe haya decidido prometérsela a Miguel Uribe, que es apenas un recién llegado al partido.

A diferencia de la ausencia histórica de las mujeres en la contienda por la Presidencia, ahora llama la atención que en la era de la equidad de género se han quedado por fuera mujeres que pueden tener más méritos que algunos candidatos. Con algo de razón, François Giraud, un político estadounidense del siglo 19 decía que “La mujer será realmente igual al hombre el día en que se designe a una mujer incompetente para un puesto importante”.

Se suponía que en Colombia estábamos avanzando en materia de participación política de la mujer. De hecho, hoy nos vanagloriamos de la primera mujer elegida alcaldesa de Bogotá; de la primera mujer en la vicepresidencia, de la primera Procuradora, y de la primera vez que tenemos cuatro mujeres entre nueve magistrados de la Corte Constitucional.

Esta jornada electoral será, sin duda, un retroceso en la inclusión de las mujeres en la política. A eso se suma la actual participación en el Congreso, no llegan las mujeres al 20 por ciento en la Cámara de Representantes y apenas si logran un 21 por ciento en el Senado. Y en las gobernaciones también ha ido bajando la cuota: mientras en 2015 las mujeres ocupaban el 15 por ciento, en 2019 esa cifra bajó al 6 por ciento. En las alcaldías, en este momento, apenas ocupan el 12 por ciento de ellas.

Es evidente que los números son bajos. Entre otras cosas porque la ley de paridad obliga hasta ahora a tener el 30 por ciento de mujeres en las listas. Se supone que si una lista no cumple con el requisito la revocan. Pero esa norma, como dicen en la costa, ‘no pegó’. En el 40% de los municipios y departamentos se la pasan por la faja. Para completar, desde hace un año, en diciembre de 2020, el Congreso aprobó una reforma al estatuto electoral y se consagra que en cada lista al menos el 50 por ciento sean mujeres. Pero ha pasado un largo año y todavía no está en firme.

Ahora, también es cierto que en los partidos políticos siempre se ven a gatas para dar con mujeres que les completen el 30% de la lista, ni que decir de lo que les supondría la mitad. Es cierto que algo está espantando a muchas mujeres de la política. Y tal vez solo se va a solucionar si más mujeres se meten en ella.

El país parece no haber entendido que hacer una lista paritaria no es que sea una exigencia de la ley, sino una estrategia para mejorar la política. Y de paso la democracia.

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