Cintillo de indicadores económicos Colombia

Pico y Placa Medellín

viernes

7 y 9 

7 y 9

Pico y Placa Medellín

jueves

3 y 6 

3 y 6

Pico y Placa Medellín

miercoles

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

martes

1 y 4  

1 y 4

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

5 y 8  

5 y 8

¿Sarabia prenderá el ventilador?

No fue una funcionaria más del gobierno Petro. Fue sus ojos, oídos, su agenda y una de las que mejor conoció lo que ocurría en el círculo íntimo del poder. Tiene una dimensión política enorme la decisión de la Fiscalía de llevarla ante un juez.

hace 3 horas
bookmark
  • ¿Sarabia prenderá el ventilador?

Hay libros que uno cree que ya terminó de leer y, sin embargo, siguen escribiéndose después de cerrada la última página. El gobierno de Gustavo Petro dejó la Casa de Nariño, pero su Gobierno sigue siendo el centro de atención de escándalos que los colombianos recibimos en entregas por fascículos todos los días.

El más reciente lleva el nombre de Laura Sarabia. La Fiscalía anunció que le imputará el 14 de septiembre delitos de abuso de función pública y constreñimiento ilegal agravado, por el caso del polígrafo practicado a la niñera Marelbys Meza, en enero de 2023 en la Casa Luis Carlos Galán, sede de inteligencia justo enfrente de la Casa de Nariño.

Laura Sarabia no fue una funcionaria más del gobierno de Gustavo Petro. Durante buena parte de su mandato fue sus ojos, sus oídos, su agenda y, probablemente, una de las personas que mejor conoció lo que ocurría en el círculo más íntimo del poder. Por eso tiene una dimensión política enorme la decisión de la Fiscalía de llevarla ante un juez.

El expediente es conocido pero no por eso menos perturbador: Marelbys Meza, entonces niñera del hijo de Sarabia, fue sometida a un polígrafo tras la desaparición de un dinero en una maleta. La justicia —apuntalada ahora por el testimonio de un capitán que negoció un principio de oportunidad con la Fiscalía— sostiene que hubo una llamada de Sarabia a un coronel para practicar esa prueba. De ahí la imputación formal contra quien fue, en distintos momentos, jefa de gabinete, canciller, directora de Prosperidad Social y embajadora en Londres.

Tal vez lo más llamativo de la noticia conocida ayer es que podría ser una advertencia de que la Fiscalía General está dispuesta a poner el acelerador en casos cercanos a Petro. Es bastante significativo que el anuncio se haga apenas veinte días después de haber terminado aquel gobierno, sobre un caso ocurrido hace más de tres años y que ya en su momento había dejado dos policías condenados.

No se imputa a una funcionaria de segundo orden ni a un contratista anónimo. Se imputa a la mano derecha de Petro en la etapa fundacional de su gobierno, a la mujer que decidía quién entraba y quién no a su despacho. La misma que nombraba y desnombraba funcionarios. Que la justicia encuentre indicios suficientes contra alguien de ese calibre es una manera de decir que en el corazón mismo del poder presidencial se practicaron métodos propios de otra época: la chuzada casera, el interrogatorio con máquina de mentiras, el abuso de la fuerza pública para resolver un problema privado. Es un síntoma de cómo se ejerció el poder en Casa de Nariño.

El segundo significado es más inquietante todavía, porque mira hacia adelante. Durante meses la defensa de Sarabia exploró una salida de justicia restaurativa –reparar el daño directamente con la niñera– pero finalmente la Fiscalía lo descartó. Y ahora enfrentará un juicio. La historia reciente de Colombia enseña que cuando a alguien que estuvo en el centro del poder se le acaban las salidas negociadas, empieza a hablar.

Si Sarabia decide que hablar le conviene más que callar, el gobierno de Petro podría no haber cerrado su libro de sorpresas, sino apenas haber llegado al capítulo donde el lector empieza a entender la trama completa.

En medio de ese escándalo, no podemos olvidar, se produjo la muerte del coronel Óscar Dávila, que la Fiscalía de entonces, de Francisco Barbosa, determinó como “suicidio”. Pero que no deja de despertar dudas por las circunstancias y el contexto de tiempo en que se produjo.

Y llegamos al tercer significado: Sarabia no es la primera mano derecha de Petro en problemas. También ocurrió con Angie Rodríguez, que pasó de dirigir el Dapre a denunciar ante el Congreso presiones, un “concierto para delinquir” en Casa de Nariño y maltrato psicológico del propio presidente. Y Juliana Guerrero, la joven de veintitrés años sin título universitario cuyo ascenso destapó una madeja de nombramientos irregulares. Y más recientemente Gabriela Muñoz, señalada de mover hilos en la Aerocivil mientras su madre, con funciones de contrainteligencia, recomendaba a media familia para cargos en esa entidad.

Un caso aislado es un error. Dos son una coincidencia incómoda. Cuatro mujeres que pasaron por el círculo más íntimo de Petro y terminaron enredadas en denuncias, investigaciones o imputaciones describen una manera de gobernar.

El 14 de septiembre, en una audiencia en Bogotá, empezará a saberse si Laura Sarabia responde por lo que pasó en enero de 2023. Pero la pregunta que de verdad debería inquietarnos como país no es solo esa. Es cuántos capítulos más le quedan a este libro, y quién, entre los que aún guardan silencio, será el próximo en decidir que ya no tiene nada que perder.

Sigue leyendo

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD