<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">

Editorial

Siete tragedias diarias

El aumento año tras año del número de casos de suicidio exige llamar a las cosas por su nombre, estar atentos a las señales y tomar cartas en el asunto a nivel del ciudadano y del Estado.
Publicado el 14 de septiembre de 2022

El suicidio ha sido un tema tabú que muchas personas han preferido no nombrar. Bien sea parientes, instituciones e incluso medios de comunicación, durante años se han autocensurado para no nombrar lo innombrable. Se creía que hablar del tema era casi que fomentarlo, y por eso era preferible no mencionarlo. Pero todos los estudios contemporáneos sobre este delicado asunto insisten en la necesidad de dialogar, preguntar y orientar. Se ha convertido en un asunto de salud pública y se debe hablar de él.

Hay un dato contundente: a nivel mundial se suicidan cada año casi un millón de personas, lo que equivale a una persona cada 40 segundos. En ese lapso ínfimo, de manera intermitente, se apaga una vida y quedan destrozadas muchas más. Porque el suicidio, pese a ser una decisión individual, es el detonante de un dolor que se extiende alrededor.

En lo que va de este año, en Antioquia ha habido un suicidio cada día. Y se sabe a ciencia cierta que por cada muerte hay veinte intentos. Aunque la ciudad ha progresado en cuanto a las rutas de atención, está claro que es necesario fortalecerlas tanto a nivel comunitario como de IPS, porque los retos actuales en este campo han evolucionado mucho más rápido. Prueba de ello fue el pico de suicidios que se vivió en el 2021, el mayor en la última década.

A nivel nacional, la situación es de alerta. Un reporte de Medicina Legal que llegó al Ministerio de Salud habla de siete suicidios al día durante el primer semestre de este año y de un promedio de 95 personas que lo intentaron a diario. Así las cosas, si la tendencia continúa, 2022 podría terminar con cifras nunca vistas en Colombia.

El aumento año tras año del número de casos, el amplio espectro de la población, que incluye a niños, adultos y ancianos, y la agudización de la problemática suicida que se ha dado con la pandemia, exigen llamar a las cosas por su nombre, estar atentos a las señales que pueda haber en el entorno cercano y tomar cartas en el asunto.

El pasado 10 de septiembre se conmemoró, como se viene haciendo desde el año 2003, el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que tiene como objetivo principal concienciar sobre el hecho de que el suicidio puede prevenirse. Y aquí vale la pena diferenciar entre evitar y prevenir. Porque si el primer término se refiere a impedir que algo suceda, el segundo implica anticipar un daño. Y ahí está la clave.

A pesar de su complejidad, es posible encontrar algunas causas comunes. Si bien influyen factores psicológicos, ambientales, sociales y biológicos, hay formas de anticipar un comportamiento suicida, no como reglas generales e infalibles, pero sí como señales a las que hay que ponerles atención.

En términos generales, se sabe que en el 43 % de los casos las personas que intentan suicidarse tienen algún trastorno psiquiátrico diagnosticado. También que el abuso de las drogas y el alcohol, el aislamiento social o el intenso dolor físico a causa de una enfermedad pueden ser causantes del suicidio.

Hay otro dato, publicado en la revista de Salud Pública de la Universidad de Harvard, que llama la atención. Es mucho mayor el número de personas que se suicidan cada año en Estados Unidos con armas de fuego que el de las que mueren a causa de ellas. Y desde el punto de vista de la salud pública, aunque el cuántos es muy importante, el cómo lo es también. El índice de suicidios está directamente relacionado con la facilidad de acceso a las armas.

En Colombia, el Instituto Nacional de Salud tiene estadísticas que muestran el vínculo estrecho que existe entre la conducta suicida y una salud mental deteriorada que, sin embargo, siempre puede tratarse. Y ahí es donde son importantes las políticas de salud pública. El trabajo de prevención debe ser un esfuerzo no solo individual, familiar o de entidades privadas, sino que requiere el apoyo del Estado. La inversión pública para crear conciencia y prevenir sobre el suicidio no se puede mirar como un gasto secundario. Debe ser contemplada como la respuesta a un problema sociosanitario que, lamentablemente, va en aumento. Hay que darle oportunidad a la prevención. Hay que creer que se puede. Y hay que hablar de ello 

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
Título del artículo
 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
 
Correo electrónico
 
Acepto Términos y Condiciones Productos y Servicios Grupo EL COLOMBIANO

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
Título del artículo
 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto Términos y Condiciones Productos y Servicios Grupo EL COLOMBIANO
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS