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Editorial

Una simple foto

Desde la perspectiva del presidente, la foto de él y Biden paga todo. Es la demostración de que las relaciones diplomáticas andan fortalecidas.
Publicado el 09 de marzo de 2022

Después de más de cuatrocientos días de posesionado, el presidente estadounidense Joe Biden, por fin, invitó a Iván Duque a la Casa Blanca. Fue tarde, muy tarde. Desde la presidencia de Ernesto Samper (1994-98), no se había tenido una ausencia tan larga. Era costumbre que el presidente colombiano fuera mínimo una vez al año a reuniones con el gobierno de Estados Unidos. Es obvio: las relaciones con Estados Unidos son prioritarias. Pero Biden no quería recibir a Duque debido a la participación del Centro Democrático, el partido del presidente, en las elecciones de 2020 a favor de Donald Trump. Ha sido el costo político de una decisión extraña y de la que Duque no pudo substraerse: fue, al fin y al cabo, su partido.

Un error histórico. El Centro Democrático convirtió la participación republicana en la única opción de las relaciones diplomáticas bilaterales. Colombia quedó solitaria y sin apoyo real. Durante catorce meses pedimos cacao. Tuvieron que pasar casi seis meses para que el presidente Joe Biden le devolviera la llamada a Duque. Y catorce meses para que Biden lo invitara a Washington.

La coyuntura ayudó: la invasión de Rusia a Ucrania obligó a Estados Unidos a replantear su política exterior. Había que multiplicar los apoyos y el de Colombia era lógico por su tradicional respaldo. Además, el embajador colombiano Juan Carlos Pinzón había hecho la tarea. Desde que llegó a Washington en julio del año pasado, el reemplazo del uribista Francisco Santos reconstruyó la relación. Evidentemente, Santos era identificado con la administración republicana. Mientras él continuara en el cargo, no había posibilidad de avanzar. Así de simple.

Pero el encuentro con Biden solo era posible si la coyuntura era favorable, más estando Colombia en un año electoral. La guerra de Ucrania dio las razones para hacerlo. En la Casa de Nariño hubo alegría. Pinzón también sonrió. Conseguir la cita era su principal tarea.

La agenda de la reunión empieza con el apoyo a Ucrania. Y allí ya hay un problema: las reuniones del gobierno de Biden con el del venezolano Nicolás Maduro, el pasado fin de semana. No le contaron a Juan Guaidó, el presidente interino, antes de la reunión. O, más bien, al expresidente interino, porque no queda duda alguna de que esa cumbre con Maduro destituye de facto a Guaidó. Un golpe de Estado en el metaverso, como fue esa presidencia. Hubo malestar en el Partido Republicano y en el Centro Democrático, encabezado por el exembajador Santos. Un tema espinoso para Duque.

Desde la perspectiva del presidente, la foto de él y Biden paga todo. Es la demostración de que las relaciones diplomáticas andan fortalecidas. Y tiene, en parte, la razón. En América Latina, la situación no anda bien para los estadounidenses. En Brasil, Jair Bolsonaro no es amigo de Biden, sino de Donald Trump. En México, el presidente Manuel López Obrador es independiente y con pocos aires con los demócratas. En Perú la relación va mal con un izquierdista e igual ocurre con Chile. En Argentina, su presidente fue recientemente a Moscú y Pekín, dos países que tienen marcadas dificultades con Estados Unidos. En este vecindario, Colombia es el diferente.

Colombia es el aliado incondicional de Estados Unidos. Que votó a su favor en las Naciones Unidas. Que promueve los tratados de libre comercio, aunque impopulares en la región e incluso en el país. Que se queda callado cuando Estados Unidos toma una decisión contraria a los intereses de Duque —por ejemplo, Venezuela—. Pero es una simple foto.

Existen dificultades en las relaciones bilaterales, empezando por la implementación del Acuerdo de Paz con las Farc. El mensaje no es coherente: mientras sobre el terreno el gobierno Duque hace un gran trabajo en la implementación de las zonas Pdet, en el lenguaje se pelea con la JEP y, de paso, con el proceso.

Biden fue artífice del proceso con las Farc. Querer acabar con lo negociado no es bien recibido en Washington. Prefieren a cualquier sucesor de Duque, cualquiera. En últimas, nunca se olvidan de la campaña de 2020. Una lección para futuros mandatarios 

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