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Uno de los grandes desafíos de la ciudad es devolverle el protagonismo al centro de Medellín. En esto ya hay un aporte significativo desde la alcaldía de Federico Gutiérrez, con su plan de gestión integral de la zona, además de toda una movilización de conocimientos y aportes, públicos y privados: gremios, fundaciones, ambientalistas, empresarios, academia, arquitectos, artistas y colectivos ciudadanos.
Importante que la apuesta por la resignificación de La Candelaria, símbolo fundacional del gran Medellín y orgullo del desarrollo económico, social, cultural, intelectual y arquitectónico de la región, se fortalezca desde una iniciativa intersectorial, que conduzca al desarrollo de un territorio de urbanismo social, sostenible, seguro, próspero e innovador, con un ambicioso amoblamiento para el disfrute ciudadano, la educación, el arte y la movilidad respetuosa del medio ambiente, que privilegie a peatones, ciclistas y al transporte público libre de contaminantes.
Es clave el Decreto Municipal 1006 de 2018, presentado el mes pasado, que modifica y adiciona el Decreto 2053 de 2015, recogiendo propuestas del sector constructor para la ejecución del modelo de ocupación establecido en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) (2014-2027), que traza la ruta de crecimiento urbanístico alrededor y dentro del centro, con nuevos planes habitacionales, congelados en 2006, como una estrategia de “conservación del patrimonio arquitectónico”.
Y, en esto cobra significación el plan urbano y ambiental de la Alcaldía, por $270.000 millones, que desató 53 obras simultáneas, con las que no se está inventando un nuevo centro, pero sí aportando una mirada renovadora para el restablecimiento de la memoria e importancia histórica de algunos de sus más importantes corredores y poniendo las bases para la recuperación de la seguridad, el espacio público, la sostenibilidad ambiental y su nueva habitabilidad, con grandes urbanizaciones y habitantes propios. De todas formas, se necesitarán muchas más alcaldías y, ante todo, la creación de una cultura ciudadana que se identifique con la ciudad y su centro y sea el eje de la reorganización del sector.
Las problemáticas a resolver son múltiples complejas y acumuladas en un remolino de decadencias de cuatro décadas. Este tiene numerosas aristas: la salida del sector de las grandes familias e instituciones, incluyendo alcaldía y gobernación; el desvío del foco de interés del desarrollo urbanístico hacia El Poblado, Laureles, Envigado y otras zonas; la invasión del espacio público, la congestión vial que lo hizo intransitable y, para rematar, una delincuencia que lo convirtió en núcleo de sus operaciones, disparando los índices de homicidios, robos, extorsiones, prostitución, tráfico de drogas...
Sin duda, el Centro tendrá una segunda oportunidad, como la han tenido espacios similares, incluso en metrópolis globales, caso de Manhattan en New York, que pasó de ser un territorio de nadie a centro de prosperidad mundial y orgullo social.
La Candelaria es una cantera de oportunidades: tiene un represa inmobiliaria de 10 años por desarrollar, cuenta con el mejor sistema de transporte del país: metro, tranvía y metroplús; 20.000 empresas formales, laboran 300.000 personas, posee 250 instituciones educativas de todos los niveles que atienden a 200.000 estudiantes y lo cruzan 1.300.000 personas al día, entre otros grandes atractivos.
Para que el milagro suceda, sin excepción debemos estar atentos a que el POT se desarrolle en todo su concepto de sostenibilidad. Excelente nuevos edificios habitacionales, pero con primeros pisos vivos, con altura, contacto con el peatón y la calle; con locales comerciales, cafés, zonas comunes, comunicación entre calles y avenidas, pasajes peatonales, ciclovías, verdes desde su concepción y atractivos estéticamente, sin importar si son vivienda social o para altos estratos. Así se construye ciudadanía y se multiplican la convivencia y la prosperidad intelectual, económica y social.