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¿Y quién responde
por los muertos?

“¿Es exagerado señalar al Presidente de los desastres que vengan para la salud? Tal vez no. Cada que el gobierno interviene una EPS se desmejora la atención”.

04 de abril de 2024
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  • ¿Y quién responde por los muertos?

Estamos siendo testigos de una tremenda paradoja de la historia: el mismo Gustavo Petro que como miembro de un grupo ilegal no utilizó las armas para acabar con la vida de colombiano alguno, y que incluso decidió dejar las armas para apostarle a la paz; ahora, en su calidad de Presidente de la República, por el contrario, está decidido a destruir el sistema de salud de millones de colombianos y no es descabellado pensar que podría llevar de manera anticipada a muchos de ellos a la tumba.

El presidente Petro, en una de las peores decisiones de su gobierno, intervino el martes a Sanitas, y el miércoles a la Nueva EPS. Es decir, las dos Entidades Prestadoras de Salud más grandes del país quedaron en manos del Estado. Y todo indica que no serán las únicas. Ya el Gobierno tiene intervenidas otras cuatro, para un total de seis, y es posible que vaya por la mayoría de las EPS para a través de todas ellas comenzar a aplicar su reforma a la salud.

Esta toma masiva, que abre grietas profundas en el edificio sobre el que está sostenido un sistema que ha permitido el aseguramiento en salud al 100% de la población del país, se da justo, curiosamente, cuando el Congreso anunció el hundimiento de la nefasta reforma a la salud, como en efecto, y en buena hora, se concretó ayer.

El argumento del gobierno Petro para tomarse las EPS es un tanto pueril, pues se basa en un informe que la Contraloría General –al mando de un contralor interino que quiere alargar su palomita de más de un año– se sacó de la manga diciendo lo que para todos es obvio: que las EPS tienen problemas financieros. Por supuesto que los tienen después de la pandemia. Y por supuesto, también, porque el Gobierno no les ha pagado buena parte del servicio que han prestado, el de los llamados presupuestos máximos.

¿Es exagerado hacer un señalamiento al presidente Petro de los desastres que puedan venir para la salud de los colombianos? Tal vez no. Está probado que cada que el gobierno interviene una EPS se desmejora la atención de los pacientes. Así ocurrió con Savia Salud. La superintendencia se la tomó en junio del 2023, y, apenas con cinco meses en manos del Estado, las quejas y reclamos aumentaron en 37% y dejó de cumplir 4 de 14 indicadores que como EPS estaba cumpliendo.

Por no hablar de un estudio de la Universidad del Rosario, que divulgó en las últimas horas uno de los más reconocidos analistas del tema de salud, el doctor Andrés Vecino, según el cual la liquidación de una EPS genera un incremento de la mortalidad en 25% de la línea base. Por ahora vamos en intervención.

¿A quién se le ocurre que un sistema que ha funcionado bien para la gran mayoría de colombianos hay que tumbarlo? Todo lo contrario, hay que mejorarlo, no acabarlo.

Petro se ha negado sistemáticamente a ver los ranquines internacionales en los que el sistema de salud de Colombia aparece bien clasificado, o las encuestas que han dado resultados hasta del 80% de colombianos que prefieren que se mantengan las EPS, ni tampoco le han merecido crédito las cifras que demuestran que Colombia es el país donde sale más barato para el bolsillo de todos la atención en salud.

Y por el contrario, sigue decidido a que sea el Estado el que preste el servicio de salud: un modelo que ya probamos en Colombia y que fracasó. En 1995 sólo 29 de cada 100 colombianos contaban con aseguramiento en salud. Hoy, casi el 100%, ricos y pobres, citadinos y campesinos, negros, indígenas, mestizos, blancos, contamos con esa maravilla de privilegio. ¿Cuánto nos va a durar después del golpe que nos ha dado Petro?

La experiencia de Capital Salud, una EPS del Estado cuando Petro era alcalde de Bogotá, fue desastrosa. La gente hacía filas desde la madrugada y los corredores de las clínicas se llenaban de pacientes esperando ser atendidos. Y ese no ha sido el único descalabro. En algo relativamente más fácil que la salud, como la recolección de basuras, Petro decidió sacar a los operadores privados y en menos de tres días, en manos del Distrito, la ciudad naufragó en desperdicios. Le tocó llamar a los contratistas privados, pedirles el favor personalmente, para que lo sacaran del embrollo.

El gobierno de Gustavo Petro queda en este momento con la atención de salud de 25 millones de usuarios. La comparación es casi asustadora: gerentes expertos en el manejo de este tipo de empresas, que las venían administrando con buenos resultados, son puestos a un lado para que, en el caso de Sanitas, la administre Duver Dicson Vargas, un profesional que por más competente que sea, no tiene la experiencia para manejar una empresa de 10 billones de pesos de presupuesto y casi 6 millones de usuarios. Vargas ha sido interventor del hospital de Valledupar y subgerente administrativo de los hospitales de Villavicencio y de San José del Guaviare.

Ya hemos dicho que si le ha dado brega al gobierno de Gustavo Petro llenar de agua 40 carrotanques para llevarle el preciado líquido a la población de una Guajira sedienta ¿cómo será para garantizar la prestación de salud?

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