Pico y Placa Medellín
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La voz es, por excelencia, la opción que más le gusta a la política. En lugar de la inacción, la apatía o el silencio, a la política le encanta que los miembros de la comunidad actúen, participen y se hagan escuchar. La voz le permite al político, por ejemplo, conocer lo que les gusta o no a los electores, y a partir de allí, mantener o cambiar sus posturas.
Las opciones que tienen los ciudadanos para hacerse escuchar son diversas. Van desde una carta que se le hace llegar al político a su oficina, hasta uso de la protesta violenta que pueden ejercer en los espacios públicos. Lo que esperan tanto el político como el sistema democrático es que los ciudadanos usen aquellas opciones que menos daño le hagan al sistema.
El uso de la voz violenta daña, causa irritación y desestimula el diálogo; puede, incluso, producir el colapso de una persona, destruir una organización o afectar gravemente al sistema político. Como la intención de los ciudadanos es hacerse escuchar, sería muy conveniente que cuando participan en eventos públicos exploren las opciones menos dañinas para el sistema; que utilicen mecanismos distintos a la voz violenta y agresiva. De esta manera, además de ser escuchados, protegeremos con nuestros actos la valiosa voz que es para la política.