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En el caso de Colombia, lo que nos estamos preguntando desde la academia es, ¿dónde está el pueblo? ¿Cómo es posible que cambiemos la Constitución y el constituyente primario y los defensores de la misma Constitución no digan nada? Puede ser que se valore que finalmente la paz se alcanzó a cualquier precio, o que en efecto se esté imponiendo el modelo de Derecho posmoderno. Un Derecho que no se basa en principios, sino en simples movimientos del poder, que pueden cambiar de la noche a la mañana. Y lo ilustro así: luego de 50 años de estar discutiendo los alcances del Derecho Internacional Humanitario (DIH), un reducido grupo de juristas que atienden a las Farc deciden que el acuerdo con esa organización hace parte del DIH y tiene alcance de derecho internacional. Y quien ponga en cuestión eso, queda señalado como “enemigo de la Paz”.
Por otra parte, siempre hay que tener en claro los riesgos de la democracia: hay decisiones mayoritarias que pueden incluso acabar con el régimen democrático. Pero todos los demócratas lo tenemos presente. El juego de la democracia es que las decisiones de la mayoría tengan sentido, pues no se puede asumir de antemano que las mayorías sean perversas de por sí.