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Habría que retomar las directrices de las reformas de 2003 y 2009, que buscaban reorganizar el sistema de partidos y disciplinar su organización interna. Si bien una abrió la puerta al transfuguismo durante un tiempo limitado, su idea central apuntaba a una mayor estabilidad. Hay que tener en cuenta una cosa, y es que los partidos no deben ser monolíticos, antes bien, deben permitir matices en su interior, diversas visiones del mundo, eso es lo normal en la actividad política, y en Colombia ha ocurrido.
La U es uno de aquellos partidos transicionales, donde buscan acomodo personas provenientes de otros partidos. Ahora en su interior surgen otros intereses, de cara a las elecciones del año entrante, y lo anómalo sería cambiar las reglas en vísperas de un certamen electoral.
Una característica de nuestro sistema, sobre todo de la historia reciente, es el personalismo de la política: se es uribista, o santista. Y otra es lo que se ha llamado el “voltearepismo”, una forma de justificar que la política es cambiante. No se olvide que hubo épocas en que líderes políticos pasaron hasta por siete partidos o movimientos en corto período de tiempo, pues no estaba regulada la doble militancia.