La historia de uno de los artistas más polifacéticos de Colombia comenzó a escribirse a orillas del río Magdalena. Cuando era un niño, poco se imaginó que iba a llenar auditorios o que su voz iba a traspasar fronteras y conquistar otros hemisferios. Él solo quería cantar todo el día, todos los días, y eventualmente vivir de eso.
Arsenio Rivera era el nombre de su abuelo. Cuando lo sentaba en su regazo para cantar rancheras y enseñarle acordes de guitarra, Rodolfo todavía se llamaba Marco Tulio Aicardi.
El río era casi su hogar, porque se volaba de la casa para jugar con el barro y entonar melodías montado en un árbol gigante. Desde la orilla veía los ferris en los que viajaban los ricos y escuchaba la música de los artistas que los entretenían;...