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El 9, fotógrafo punk de la guerra

Estuvo retenido por la guerrilla y fotografiaba a los combos tan cerca que podía olerlos. Desde hoy circula un libro de su vida y muerte.

  • El 9, un fotógrafo en guerra. Tragaluz editores. $30.000.
    El 9, un fotógrafo en guerra. Tragaluz editores. $30.000.
  • Autoretrato de El 9 frente al espejo. Entre sus premios se destaca la selección oficial del Fnpi de 2011. FOTO cortesía
    Autoretrato de El 9 frente al espejo. Entre sus premios se destaca la selección oficial del Fnpi de 2011. FOTO cortesía
  • Entrenamiento paramilitar en Urabá. FOTO de el 9. cortesía tragaluz
    Entrenamiento paramilitar en Urabá. FOTO de el 9. cortesía tragaluz
26 de octubre de 2015
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Cierre los ojos e imagine a una persona que tiene la forma del número nueve. Albeiro Lopera tenía una joroba enorme que lo hizo merecedor de ese apodo. Usaba botas, gafas oscuras y un morral enorme y lleno de huecos. El fotógrafo Federico Ríos recuerda que su cámara y sus lentes siempre estaban abollados, raspados, como si se hubieran salvado de una avalancha.

Y “avalancha” puede ser la palabra ideal para describir la vida de El 9, una vida que desde hoy será de dominio público gracias a una de las mejores plumas de la ciudad y el fotoperiodista extranjero que más conoce Colombia. Alfonso Buitrago es periodista de la Universidad de Antioquia, autor del libro El hombre que no quería ser padre y hace parte del comité editorial de Universo Centro. Stephen Ferry ha publicado sus fotografías en New York Times, GEO, Time, National Geographic y ha documentado por más de diez años la guerra en Colombia, una experiencia que retrató en el libro Violentología: un manual del conflicto colombiano.

Buitrago, Ferry y El 9 se reunieron con la editorial Tragaluz para hacer un libro con las fotografías de El 9 y contar su vida. Hoy, el libro El 9, un fotógrafo en guerra, se lanzará en la CasaTeatro El Poblado (Cr. 47B Nº 17 B sur 30), a las 7 p.m. Allá estarán todos, menos El 9. Albeiro Lopera murió el 17 de febrero de 2015, a los 48 años, en su apartamento en el barrio Pilarica después de luchar toda la vida contra su hígado.

“Yo conocí a El 9 durante la Operación Orión, y siempre me gustó su trabajo, pero no entendí la dimensión de su obra sino hasta que revisé con él su archivo”, comenta Ferry. Y para explicar por qué el trabajo de El 9 es importante conversar sobre una de sus fotografías: tres niños de la calle están parados con botellas de pegante en sus manos, y sus miradas son tan serenas como si estuvieran tomándose una cerveza en la playa recibiendo la brisa del mar. Es una imagen triste y fuerte, pero su serenidad y un pequeño detalle hace que el espectador sienta tristeza y risa a la vez. Al lado de los muchachos hay un poste, y en el poste hay dos cerdos amarrados que duermen con la ternura de un bebé. Según Ferry, esa mirada hace de El 9 algo más que un reportero gráfico y lo convierte en un artista. “Son fotos con mirada de autor”, concluye.

El punk como salvación

Humor negro, ternura y denuncia. Así podrían definirse las fotografías de El 9, que entró a la agencia Reuters por intermedio del corresponsal inglés Karl Penhaul, al que Lopera ayudó en un trabajo en Medellín en octubre de 1999. “Cuando lo vi, no entendí si era el fotógrafo o un pandillero”, le dijo Karl a Buitrago en el libro. Porque El 9 era, antes que fotógrafo, un punkero. En sus últimos días de hospital, el fotógrafo suizo Luca Zanetti lo retrató sentado en la cama del hospital con una cresta.

“Ningún fotógrafo ha conocido tanto la calle como El 9. Nadie, nadie, nadie”, dice Ferry con emoción. “Para él, ser punkero fue una forma de salvación. En un medio como en el que creció, donde la opción era ser ladrón o pertenecer a un combo, ser punkero es la opción más pacífica de estar en calle. Y eso lo salvó”. Y Ferry comenta que el precio del libro (30 mil pesos por un libro de fotografías a color es un verdadero regalo) es el mejor legado de El 9. “Ese precio hace posible que pueda llegar a toda la gente que él quería. Los jóvenes, la gente del común, de la calle”.

“Cuando uno lo veía en acción, era ese hombre con botas pesadas y grandes, el chaleco, los lentes en la cintura, la cámara colgada como una canana, parecía un Rambo. En ese momento las agencias pedían guerra y él era un guerrero, era su forma de protegerse porque por dentro era un terroncito de azúcar”, le cuenta la fotógrafa Natalia Botero a Buitrago en su libro.

Federico Ríos recuerda que los perros callejeros se enamoraban de El 9 a donde llegaba. Los dos cubrieron el deslizamiento de tierra que sepultó a cerca de 200 personas en el barrio La Gabriela, en Bello. Desde que llegaron, a El 9 siempre lo siguió un perro. Él le daba comida y los dos se sentaban juntos a editar las fotografías del desastre. El 9, el gran fotógrafo de la calle, no pudo tener mejor colega en esa tragedia.

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