Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
7 y 9
Estará con usted para conseguir trabajo o encontrar pareja. No es cualquier cosa: afecta su cotidianidad.
Un día quiso cambiarse el nombre. Se llamaba Efrén Elías y se puso Beltrán Elías. Por qué, le pregunta su nieta con risa (a quién se le ocurre reemplazar el Efrén por Beltrán), y él explica que porque así le decían y él quería llamarse como lo conocían los demás. Nunca nadie le ha dicho Elías. Con el Beltrán no se acuerda cuánto lleva, pero a los 92 años son muchas décadas juntas.
El nombre está en los primeros esbozos que los niños empiezan a trazar. Es una de las primeras palabras que incluso se aprenden a escribir. Durante toda la vida es la carta de presentación y aún después de la muerte es un elemento de memoria: cuando escucha Aristóteles, Jesús, Mozart, Picasso o Hitler los identifica. Piensa en el filósofo, la figura del cristianismo, el compositor, el artista, el dictador nazi. Porque el nombre habla de la personalidad, de las experiencias, de los vínculos culturales.
La decisión está determinada por la historia de los padres. “Todos nacemos con una matriz simbólica que está atravesada...