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¿Es verdad todo lo que dicen de la sal del Himalaya?

Este compuesto podría ser el causante de un problema de salud pública al no contener, en muchos casos, yodo. Le contamos.

  • Otro mito: la sal no proviene de las montañas del Himalaya sino de Islamabad, la capital de Pakistán. FOTO Sstock
    Otro mito: la sal no proviene de las montañas del Himalaya sino de Islamabad, la capital de Pakistán. FOTO Sstock
Por Vanesa de la Cruz Pavas | Publicado el 15 de diciembre de 2021

Cuando a las montañas del Himalaya, ubicadas en el continente asiático, les cae el sol de la tarde, las copas llenas de nieve no se ven blancas, puras, sino que adquieren un color rosado claro que a veces se torna naranja. Similar es el color que tiene la sal que posee el mismo nombre, sal del Himalaya, pero que en realidad no viene de esa cordillera helada sino, casi siempre, de la mina de Khewra en el distrito de Jhelum, a 160 kilómetros de la capital de Pakistán, Islamabad.

Creer que surge en las montañas es solo otro de los mitos con el que promocionan este complemento alimentario. Dicen también que es más nutritiva, la más pura y mejor para su organismo, pero, ¿qué tanto es cierto?

Hace un par de semanas, el doctor residente de Medicina Interna en el Hospital Metropolitano de Nueva York, Mauricio González, publicó en su cuenta de Twitter un hilo en el que explicaba que, de hecho, esta sal podría estarse convirtiendo en un problema de salud pública en muchos países.

¿La mejor sal de todas?

No hay una sal mejor que otra, explica la nutricionista dietista y máster en Ciencias de la Alimentación y Nutrición Humana, docente de la Corporación Universitaria Rémington, Cindy Alejandra Pachón. Cuenta que su consumo es necesario porque es un micronutriente útil para potenciar los demás nutrientes de la grasa, los carbohidratos o las proteínas, pero que debe ser una ingesta controlada.

Se dice abiertamente que la del Himalaya es la mejor de todas porque tiene menos sodio y más minerales al ser más pura y menos procesada, pero la realidad, añade la docente, es que esos minerales, como el calcio, el sulfato o el magnesio, son mínimos en comparación con la sal común.

El docente de Nutrición y Dietética de la Universidad CES, Faiber Jaramillo Yepes, concuerda. Dice que tiene menos cloruro de sodio, 98 %, pero eso comparado con la sal común, que tiene 99 %, es una cantidad mínima que no alcanza a ser más beneficiosa. “Es incorrecto pensar que por tener otra coloración y por ser del Himalaya se debería preferir sobre la tradicional. No hay ningún beneficio comprobado”.

Además, suele ser más costosa y, al ser traída desde otro continente, tiene un impacto ambiental muy alto que debe tenerse en cuenta, sobre todo al tener opciones nacionales más cercanas.

¿Peligro o beneficio?

El doctor González menciona en su hilo de Twitter que reemplazar la sal de mesa por la del Himalaya es un riesgo de salud pública porque esta última no suele contener yodo, un componente esencial para las hormonas tiroideas T4 y T3 y para el sistema nervioso central e inmune.

Al no estar yodada, puede no suplir los requerimientos diarios (150 microgramos en adultos), tener un consumo subóptimo y generar otras patologías que enfermarían más a las poblaciones, como bocio, hipotiroidismo o hipertiroidismo, cáncer de tiroides, nódulos y autoinmunidad de tiroides, desarrollo pobre mental e intelectual, entre otros.

Esta realidad varía de país a país, pues en algunos es obligación y en otros no, y ya hay sales del Himalaya que vienen yodadas, pero debe revisarse la etiqueta y tener en cuenta el contexto y la región. El caso colombiano es el mejor ejemplo (ver siguiente apartado).

¿Por qué la sal está yodada en algunas partes y en otras no? La fortificación de este compuesto fue una de las formas más rentables que encontraron, hace años, para combatir los trastornos asociados con la deficiencia de yodo, que primaba. Explica Jaramillo que las poblaciones estaban desarrollando más patologías por una deficiencia común, por lo que se eligió la sal como la matriz o el vehículo más costo-efectivo al ser un producto muy común en todas las preparaciones a nivel global que se consume en cantidades relativamente constantes a lo largo del año. Es, incluso, una estrategia obligatoria en varios países, como Colombia.

Estos esfuerzos fueron tan exitosos que ahora hay regiones donde hay consumo excesivo de yodo, lo que igual conlleva riesgos para el desarrollo de trastornos de la glándula tiroidea, aunque no tantos como la deficiencia, por lo que se conservan los programas obligatorios al considerar los beneficios mayores que los riesgos.

De la deficiencia al exceso

Las poblaciones colombianas, siglos atrás, se estaban viendo generalizadamente afectadas por el coto o bocio (crecimiento exagerado de la glándula tiroides) y otras patologías a causa de la deficiencia de yodo. Era un problema de salud pública.

En 1946 el Gobierno emitió una ley que establecía que, como en Estados Unidos y otras regiones, a la sal se le agregaría yodo de forma obligatoria al ser un producto universal, económico y de fácil ingesta y manejo. Cada gramo debía tener entre 50 y 100 microgramos o partes por millón. Desde entonces, la prevalencia de estas enfermedades se redujo hasta en 2 %.

La estrategia funcionó. Sin embargo, según la Encuesta Nacional de Situación Nutricional, Ensin, de 2015, el país superó los niveles recomendados de consumo; es decir, hay exceso de yodo. Lo recomendado era entre 100 y 300 mcg/L y los colombianos consumían desde 365 hasta 406 mcg/L para esa fecha.

Cuenta Jaramillo que, por esta razón, se está planteando y analizando desde los expertos hasta el Gobierno si se debe continuar potenciando la sal o si, en cambio, se debe modificar la Ley 0547 de 1996 para reducir los niveles de yodo.

Además, los expertos recuerdan que el consumo de sal debe ser moderado y que la ingesta de yodo puede ser obtenida con otros alimentos como pescados, mariscos, algas, frutas como la manzana y la piña, verduras como la zanahoria o el brócoli, entre otros, consultando siempre con un nutricionista.

La sal del Himalaya, al final del día, podría ser una simple estrategia de mercadeo. Y si decide usarla, asegúrese de que está consumiendo el yodo necesario en otros alimentos. Siempre consulte con su especialista estas decisiones.

Contexto de la Noticia

Paréntesis ¿Más beneficios de la sal rosada?

La del Himalaya no solo la venden para el consumo, también como descontaminante, purificadora de aire y benéfica para la salud espiritual y natural. Se promociona como lámpara de sal o para tratamientos de haloterapia (para enfermedades del aparato respiratorio, como asma, bronquitis, fibrosis quística, entre otras; pero también para estrés, agotamiento físico y muscular y hasta tratamientos de belleza). Sin embargo, son escasos los estudios y la evidencia científica que afirme el beneficio de dichas prácticas. La invitación es a leer y mantenerse informado.

Vanesa de la Cruz Pavas

Periodista de la UPB. Amante de las historias y de las culturas. Estoy aprendiendo a escuchar y a escribir.


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