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¿Por qué hay vacunas más complejas que otras?

La de la malaria tomó 30 años y
la del VIH, en 20 años, no se ha logrado desarrollar. Análisis.

  • Las vacunas buscan evocar una respuesta inmunológica parecida a la de la infección natural. FOTO Camilo Suárez
    Las vacunas buscan evocar una respuesta inmunológica parecida a la de la infección natural. FOTO Camilo Suárez
Vanesa de la Cruz Pavas | Publicado el 11 de octubre de 2021

En unos cuantos meses apareció el SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus, y llegó con toda su fuerza y afectó gravemente a poblaciones enteras. Casi tan rápido llegaron también sus vacunas.

Comparadas con los 30 años de estudio que lleva la vacuna de la malaria, o los 20 que lleva la del VIH, las de la covid-19 parecían hechas en tiempo récord.

¿Por qué esta última se logró tan rápido y las otras aún no se han alcanzado? ¿Hay unas vacunas más fáciles de desarrollar que otras?

A propósito, tres décadas después, la Organización Mundial de la Salud recomendó el uso de la vacuna RTS,S para la malaria el pasado 6 de octubre, pero es una vacuna con una tasa de efectividad de 30% para los casos severos. ¿Por qué, además, hay vacunas que no son 100% efectivas?

Las vacunas son la mejor estrategia para la prevención de enfermedades, pueden evitar casos graves, muertes y el colapso del sistema de salud. Es mucho lo que se sabe sobre ellas, pero hay mucho más por hacer.

¿Por qué una vacuna?

Su función es prevenir. Las pastillas, inhaladores, cremas y demás medicamentos son tratamientos curativos. Ahí la primera diferencia.

Funcionan, además, ante cualquier tipo de microorganismo infeccioso, desde los virus, pasando por bacterias, parásitos y hasta hongos, aunque no tan populares, explica la viróloga María Fernanda Gutiérrez.

Para desarrollarlas es importante conocer el tipo de organismo y entender cuáles sustancias o proteínas están en su superficie y producen mayor cantidad de antígenos, para luego ver los anticuerpos que son lo que produce la persona inyectada para atacar, explica Angélica María Tobón, médica internista, profesora de Medicina e investigadora en el Instituto Colombiano de Medicina Tropical de la Universidad CES.

“Una vez se entiende este proceso, se inyectan a las personas los antígenos para que el cuerpo cree anticuerpos y luego, cuando esté de nuevo en contacto con el mismo microorganismo, lo reconozca porque las células tienen memoria y lo ataquen, no dejando que se produzca la enfermedad”, continúa Tobón.

Debe ser una inyección y no una pastilla, por ejemplo, porque las vacunas logran llegar directamente al sistema inmunológico, cosa que las cápsulas no logran porque la acidez del estómago o la saliva pueden destruir su efecto.

El número de dosis también depende. Para el caso del coronavirus, seguramente ha notado que hay unas que requieren única dosis, otras dos y otras ya van para la tercera. Para el caso de la de malaria son cuatro.

De acuerdo con Héctor Alejandro Serrano Coll, médico magíster en Medicina Tropical, doctor en Ciencias de la Salud e investigador también en el Instituto Colombiano de Medicina Tropical, lo que se hace es evaluar cuántas aplicaciones se requieren para evocar una respuesta inmunológica parecida a la de la infección natural.

Unas más difíciles

Todas las vacunas son complejas, “para producirlas debes encontrar un pedacito de ese microorganismo que sea capaz de montar toda una respuesta inmunológica, de imitar una infección, para que el individuo forme anticuerpos como mecanismo de defensa”, explica Serrano.

Sumado a eso, son muchas fases las que deben cumplir: preclínica, uno, dos y tres, para determinar la seguridad y para eso se requieren años enteros, y muchas personas.

“La gente pensó que porque las del covid se lograron rápido, entonces era simple. Pero eso no fue de la noche a la mañana. El coronavirus se viene estudiando desde 2002 cuando apareció por primera vez”, continúa.

Lo que sí es cierto es que hay microorganismos más complejos que otros, por lo que sí habrá vacunas más difíciles de desarrollar. De acuerdo con Tobón, los más complejos son los virus, porque tienen variabilidad genética alta que hace que sus moléculas cambien.

“Todas las proteínas son producidas por una orden que dan los genes. Los virus tienen capacidad de cambiar el orden que expresan sus genes y, por lo tanto, las proteínas en superficie también se modifican”, continúa Tobón.

En palabras más simples, si un científico desarrolla una vacuna con una proteína específica del virus y este muta, ese inoculador quedará obsoleto porque ya el sistema inmunológico no lo reconocerá, será como uno nuevo. Pasa igual con las cepas del coronavirus.

Lo difícil es que no hay forma de saber qué mutaciones tendrá cada virus, ni cuántas.

Las bacterias, aunque menos complejas, igual representan un reto. En su caso, es porque con el tiempo se vuelven resistentes. “Se demoran en mutar, necesitan presión sostenida por más tiempo. Pasa cuando la penicilina deja de tener efecto porque se ha usado por muchos años”, dice la investigadora.

Gutiérrez agrega que otra dificultad es cuando el microorganismo tiene estadios, diferentes momentos, o cuando, como en el caso de virus como el del VIH, “esconden sus antígenos para que cuando vuelvan a infectar no sean reconocidos”, o como el herpes, “donde se esconde el virus completo”. Con el dengue la complejidad es que hay varios tipos y contra el ébola tampoco se ha logrado.

Además de las dificultades científicas para el desarrollo, también hay problemáticas sociales que se suman a los retrasos y los retos. Serrano agrega que hay otras que no se han estudiado lo suficiente o que tienen tratamientos muy antiguos. Sobre todo cuando son enfermedades prevalentes en los países en desarrollo, los más apartados, donde no hay suficiente infraestructura sanitaria, y donde aún hay mucho por investigar. Los esfuerzos que se hacen desde las farmacéuticas para producir vacunas no suelen ser los mismos que se dan en el caso de países industrializados.

Contexto de la Noticia

Un virus que muta y se esconde

La complejidad del virus de la inmunodeficiencia humana, VIH, radica en su constante mutación. “Es un retrovirus que cambia constantemente, así que es difícil encontrar ese pedacito que puede evocar la inmunidad o generar anticuerpos inmunizantes”, explica Serrano. Al variar genéticamente se vuelve resistente a los medicamentos. Su proceso lleva menos de 20 años y “otra forma de trabajar con el virus será haciendo intervenciones genéticas de él mismo o utilizando otras formas de vacunas, como de DNA o RNA”, puntualiza Tobón.

Malaria y sus muchos estadíos

Esta vacuna se ha trabajado por más de 30 años y se han reclutado más de 800.000 niños, que son los más afectados. Se trata de un género de parásito llamado Plasmodium que tiene cinco especies. La Falciparum es la que más produce enfermedad. La dificultad radica en que el parásito tiene variabilidad genética. “Afecta a muchos tejidos y en cada tejido adquiere una forma diferente”, explica Tobón. Dentro de los glóbulos rojos puede, incluso, cambiar las proteínas de la superficie del glóbulo para pasar desapercibido y una vez en el hígado vuelve a cambiar.

Tuberculosis: ejemplo de bacteria

Ya hay una vacuna, pero protege 60% y contra formas graves. Se trata de una bacteria, la Mycobacterium tuberculosis. El desarrollo de una vacuna que proteja más ha sido difícil por razones externas a la ciencia: es una enfermedad ya no tan común, pues se ha aprendido a controlar, “y ya se está trabajando desde el punto de vista genético y molecular porque el conocimiento del material genético del ser humano y de las bacterias es reciente”, dice Tobón. Es decir, la enfermedad se olvidó, aunque recientemente está cobrando de nuevo importancia.

Vanesa de la Cruz Pavas

Periodista de la UPB. Amante de las historias y de las culturas. Estoy aprendiendo a escuchar y a escribir.


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