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    Antología Periodística

El rinconcito de las flores en el Centro de Medellín

  • La actividad en la Placita de Flórez empieza a las 2:00 a.m. y se extiende hasta las 6:00 p.m. FOTO manuel saldarriaga
    La actividad en la Placita de Flórez empieza a las 2:00 a.m. y se extiende hasta las 6:00 p.m. FOTO manuel saldarriaga
Publicado el 24 de diciembre de 2017

Hay flores cuya duración es fugaz, como las rosas o los lirios; hay otras más duraderas, como la astromelias o los crisantemos. De ellas, fugaces o no tanto, se vive en Medellín, no solo durante la tradicional Feria de las Flores en agosto, sino también el resto del año.

En el sector de Bomboná, la Placita de Flórez aún es el epicentro de las floristerías de la ciudad, como lo ha sido históricamente, desde que los campesinos que bajaban de Santa Elena escogieron este lugar para descansar antes de llegar a la plaza de mercado de Guayaquil.

La Placita de Flórez

Allí donde ahora se levantan decenas de floristerías, también de frutas, verduras, carnicerías y un montón de locales comerciales, quedaban unos terrenos de Rafael Flórez, señor de renombre en la ciudad que donó esa parcela en 1891 para que se levantara una plaza de mercado.

Del apellido de don Rafael surge el nombre del lugar. Por eso, se escribe con zeta y no con ese, coincidencialmente, aunque lleve una letra distinta y una tilde, se pronuncia igual y la gente lo relaciona con las flores, el principal activo de los locales que conforman el edificio.

“Es un lugar de mucha importancia histórica para Medellín. Desde la placita salió el primer desfile de silleteros, en 1957”, relata Juan Alberto Franco, gerente de la Placita de Flórez.

Por allí han pasado al menos cuatro generaciones de comerciantes; desde 1997 empezó a ser administrada por el mismo gremio que conforma los locales del edificio. Antes de esa fecha, pertenecía a Empresas Varias, y luego fue propiedad del municipio.

En varios de sus rincones se esconden testimonios de la ciudad, comerciantes que han visto transformarse el sector y dotan de identidad a la placita. Fue declarada patrimonio histórico y cultural mediante el acuerdo municipal 62 de 1999.

Remodelación

“Los problemas de violencia en los alrededores del edificio deterioraron el lugar a tal punto que cuando lo recibimos estaba muy acabado”, cuenta Juan Alberto, que ya lleva 13 años administrando la placita.

Toda la reestructuración se hizo con recursos propios, con las cuotas de administración pagadas por los comerciantes que le dieron un nuevo aire al lugar. Sin perder su esencia de plaza de mercado, se ha convertido en un sitio en el cual resulta agradable caminar.

Juan Alberto relata que cuando llegó a la gerencia apenas el 40 % de la plaza estaba ocupada. Hoy, la totalidad de los locales se encuentra funcionando y, dice el gerente, hay personas esperando que se desocupe algún espacio para comerciar.

Cada tres o cuatro locales hay una floristería, por lo cual, aunque no todos los negocios son de flores, se podría decir que predominan en la Placita. Entre las canastas, las frutas y las verduras, se ven empleados cortando tallos o cargando ramos y visitantes escogiendo rosas, girasoles o lirios orientales. Un carnaval de flores por cada pasillo del edificio.

De 340 locales, Juan Alberto dice que cerca del 25 por ciento son de flores. Aunque solo hay 24 negocios registrados, muchos de ellos pueden tener hasta cinco puestos distribuidos por el edificio.

“La Placita fue, es y seguirá siendo el mayor centro de acopio de flores en Medellín. Hay que ver, además de los negocios al interior, cuántas floristerías se han ubicado también en las cuadras de los alrededores”, dice Juan Alberto.

Mercado de madrugada

Cuando la mayor parte de la ciudad duerme, entre 2:00 y 3:00 de la madrugada, sobre todo los jueves, viernes y sábados, en las afueras de la Placita que todavía tiene cerradas sus puertas, campesinos que bajan desde Santa Elena o San Cristóbal ubican puestos móviles en el parqueadero para vender sus flores.

“Los floricultores madrugan y hasta las 8:00 de la mañana venden sus flores a los distribuidores que luego se encargan de llevarlas a las distintas floristerías de la ciudad”, cuenta Luz Idalia Ruiz, dueña del negocio Flores Veracruz.

El silletero y comerciante Marco Fidel Grisales cuenta que él, al igual que los floricultores que se acomodan temprano en el parqueadero, apenas duermen cuatro horas al día.

“Es un oficio de mucho empeño, pero también es una pasión. Es un negocio que muchos heredamos de la familia, al que le hemos dedicado la vida, y para el cual trabajamos con el alma”, expresa don Marco.

Contexto de la Noticia

don marco, el silletero madrugador

En 2003, Marco Fidel Grisales hizo parte de los 27 silleteros que desfilaron por las calles de Nueva York para rendirle homenaje al mismo número de colombianos que fallecieron en el atentado a las torres gemelas. Ese mismo año, fundó y se convirtió en el primer presidente de la Corporación de Silleteros de Santa Elena.

En julio de 2004 visitó la casa del maestro Fernando Botero en Pietrasanta, en la Toscana italiana, y también desfilaría por la calle de esta localidad cargando su silleta.

Antes don Marco tenía su floristería en el mismísimo corazón de la Placita de Flórez, ahora está ubicado en un local a las afueras del edificio, pero no ha perdido ni un solo cliente.

Recuerda que cuando era pequeño bajaba junto a su mamá de Santa Elena para vender las flores en el mercado de Guayaquil (ahora Parque de las Luces). La madrugada era tan “brava” que se armaba un cambuche en un rincón del local y dormía dos o tres horas, hasta las seis a.m., para empezar a ayudar en el negocio.

Cuando la plaza de mercado en Cisneros se incendió, por allá en 1968, varios negocios se trasladaron a la Placita. Desde entonces, don Marco atiende a su clientela en este rincón histórico de Medellín.

“Esto es una tradición de familia, mi vieja me dejó esta herencia de las flores y de las silletas”, cuenta.

Tiene arraigada en el alma la vereda San Ignacio, en Santa Elena. Vive allá, y aunque cuatro días a la semana debe levantarse a las 2:30 de la madrugada para estar a más tardar a las 4:00 a.m. abriendo su negocio, nunca quiso abandonar su terruño.

En su finca ya no se cultivan flores como antes, dice que las grandes compañías acabaron con los pequeños floricultores y por eso ahora se dedica solo a venderlas. Aún así, todavía siembran algunas para tener insumos para elaborar silletas para participar en la Feria de las Flores.

Don Marco, además de ser un apasionado por la comercialización de las flores, también elabora silletas para el desfile de agosto.

“No me imaginé que por las flores visitaría varios lugares del mundo”, relata.

Aunque reconoce que el negocio es difícil porque las flores son un artículo perecedero, vive eternamente agradecido con estas porque le han permitido vivir y darle educación a sus dos hijos.

Casi no se lo ve descansando, en su negocio siempre hay gente esperando por rosas, pompones o margaritas.

el sueño de un pasaje lleno de flores

Una mujer menuda y llena de energía, así es Rosa Monsalve, que camina de un lado para otro y está pendiente de cada persona que pasa enfrente del local de Flores Veracruz. Nunca se cansa de trabajar y de servir a los que se acercan a su negocio.

“La clave de todo es la atención personalizada. La gente puede comprar flores por internet, pero si vienen hasta acá es porque quieren asesoría y comprar algo de calidad”, dice doña Rosa.

La floristería, que goza de gran reconocimiento en la Placita, es un negocio que comenzó Francisco Ruiz (Qepd), y luego lo continuaron sus hijos, primos de Rosa que comenzó a trabajar junto a ellos hace 36 años.

Nunca se dedicaron a cultivar las flores, siempre las han recibido de distintos distribuidores en el Oriente antioqueño, en San Cristóbal y algunos en Santa Elena.

“Para mí trabajar con flores es una emoción, todas me parecen bonitas. Se me daña una y me provoca llorar. Por eso trato siempre que las personas que trabajan en el local tengan el mismo amor y cuidado”, relata.

Aunque muchos de los que pasan por el local les dicen que son careras, doña Rosa y su prima Luz Idalia Ruiz se sienten orgullosas de sus productos. Los clientes llaman a Rosa para contarle que las flores les duraron ocho, quince y hasta veinte días.

Dice que “el negocio no es para ser millonaria, es un trabajo difícil y en el cual hay que madrugar mucho, pero es una tradición, y me ha permitido vivir sin inconvenientes”.

A veces que a final de mes no hay ganancias, cuenta; sin embargo, la situación se compone en temporada, como el día de la madre, que es cuando más flores venden.

Gladiolos, pompones, aves de paraíso, pinochos, estrellitas, crisantemos, orquídeas, y exóticos lirios orientales; de toda clase de flores se encuentra en su local, pero aclara que la reina de las flores es la que lleva su nombre.

“La rosa es la consentida. Es la más costosa, la que más se vende, y tristemente es la que menos dura”, cuenta.

El sueño de doña Rosa es que alrededor de la Placita, donde se han aglomerado tantas floristerías, hubiera un pasaje colorido lleno de claveles, jazmines, dalias, girasoles, hortensias y otras muchas flores que conduzcan al interior del edificio, donde se encuentran las mejores.

“Las flores me alegran la vida y a ellas les debo todo lo que tengo”, expresa con una enorme sonrisa.

informe el negocio de las flores en antioquia

Según registros de Fenalco, el 29,4 por ciento de las flores cultivadas en Colombia son de Antioquia. Hay 2.294 hectáreas que se dedican a esta actividad y en su mayoría están ubicadas en el Oriente antioqueño, otras en las regiones del Norte y Suroeste del departamento. La producción de flores se concentra básicamente en pompones, crisantemos, hortensias, follajes, rosas y girasoles. El 21 por ciento de las exportaciones nacionales provienen de Antioquia, de ellas, el 84 por ciento tienen como destino Estados Unidos. De los remanentes de las exportaciones, que son variables, se surten algunos negocios, como Flores Veracruz, en la Placita de Flórez.

Diego Zambrano Benavides

Periodista de la Universidad de Antioquia interesado en temas políticos y culturales. Mi bandera: escribir siempre y llevar la vida al ritmo de la salsa y el rock.

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