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    Muerte de Fidel Castro

Gabo tuvo en Fidel un amigo en La Habana

  • Amigos que conversaban largo sobre política y libros. FOTO AFP
    Amigos que conversaban largo sobre política y libros. FOTO AFP
  • Gabo tuvo en Fidel un amigo en La Habana
Publicado el 27 de noviembre de 2016

Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO

El día que García Márquez perdió la máquina de escribir que su padre le regaló, el 9 de abril de 1948, durante el Bogotazo, Fidel Castro estaba en la capital colombiana. No se conocían.

Gabo, 10 años después, describió el hecho en su crónica Mi hermano Fidel: “(...) Se habló de dos cubanos que, según se decía, habían comandado ‘el Bogotazo’. (...) La verdad es que los dos muchachos cubanos, estudiantes, habían llegado a Bogotá a fines de marzo, con el fin de asistir a un congreso estudiantil (...).

Solo ahora, olvidada la leyenda, se conoce la identidad de uno de ellos, el más espigado, sereno y decidido. Era Fidel Castro”. Todavía no eran los grandes amigos que llegaron a ser, una amistad que a Gabo le trajo desavenencias y críticas.

Según el periodista Manuel Vicent en un artículo de El País de España, la primera vez que Gabo supo de Castro fue en 1955, cuando estaba exiliado en París con otros intelectuales latinoamericanos. El primero que le habló de él fue el poeta cubano Nicolás Guillén, quien había dado la noticia de la caída de Juan Domingo Perón. En una conversación le expresó que no tenía muchas esperanzas de ver el fin de Batista en Cuba, y le habló del joven Fidel.

Cuatro años después, Gabo se lo encontró por primera vez, en el aeropuerto de Camagüey. Allí coincidieron, y Gabo escuchó a Castro, a quien le habían dicho que no había pollo en la cafetería, explicando que no era posible que la Revolución no sirviera pollos en el aeropuerto, sabiendo que en Estados Unidos repetían que los cubanos se morían de hambre: que no hubiera pollo significaba que les daban la razón. Entonces habló con Gabo esa vez de los problemas de Cuba con los pollos y los huevos, escribió Gerald Martin en la biografía Gabriel García Márquez. Una vida.

Ese día, además el cubano viajó pese al clima y a que el aeropuerto de La Habana estuviera cerrado. Tenía que estar a las 5:00 p.m. Así que cuando Gabo llegó a La Habana, sigue Martin, “sintió alivio al ver el avión de Castro estacionado en la pista. Desde entonces no ha dejado de preocuparse por el bienestar del dirigente cubano”.

Se preocupó hasta el final, y Fidel también, aunque la tristeza de ver morir a un amigo fue para el comandante: García Márquez se fue en 2015, un año y siete meses antes que Castro.

Muchas historias escribieron juntos. Crearon la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, y luego la escuela, en 1986. En 1994 pasearon por Cartagena. Gabo se sentó a su lado en la misa que el Papa Juan Pablo II hizo en la Plaza de la Revolución en 1998. Durante la crisis de los balseros fue el intermediario entre Clinton y Fidel.

Plinio Apuleyo Mendoza, el periodista y escritor, quien fue muy amigo de Gabo, recordó ayer a este diario que pelearon por una carta que varios intelectuales firmaron por la detención del poeta Heberto Padilla, y que él firmó en nombre de García Márquez (1971). Todo un enredo, del que, señala él, a la gente se le olvida que el escritor colombiano intervino para que liberaran a Padilla y a otros detenidos.

“Estábamos en situaciones distintas, pero al mismo tiempo colaborábamos en esas labores, y eso prácticamente no se supo, pero fue Gabo el que intervino en muchos procesos a favor de los detenidos y condenados. Se ve que Fidel, cuando lo invitó a La Habana, se acercó y se hizo muy amigo y le consultaba las cosas. Gabo realmente era un amigo de Fidel Castro”, agregó.

Además están las críticas. Vargas Llosa lo llamó “lacayo” en 1976, cuando Gabo escribió la crónica Operación Carlota: Cuba en Angola. A Susan Sontag, en 2003, le molestó que no se hubiese pronunciado sobre los disidentes en Cuba. Antonio Muñoz Molina lo criticó en 2008.

No importaba. Manuel Vicent lo escribió: “La isla y su amistad con el líder cubano eran para él cosas inseparables”.

Gabo encontró en Fidel un amigo en La Habana .

Contexto de la Noticia

Mónica Quintero Restrepo

Es periodista porque le gusta escribir. A veces intenta con la ficción, y hasta con los poemas, y entonces se llama Camila Avril. Le gusta la literatura, el teatro, el arte y las historias. Es periodista de Cultura de El Colombiano. También estudió Hermenéutica Literaria.

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