Barrio a barrio: mapa de las zonas donde operan ‘Los Pachenca’, los paramilitares que azotan Santa Marta y Riohacha
La ofensiva del Gobierno contra las ACSN, que dejó ocho integrantes muertos, entre ellos alias Cholo, y llevó a ordenar la militarización de Santa Marta, vuelve a poner el foco sobre el extenso mapa de operación de Los Pachenca en barrios, zonas rurales y corredores estratégicos del Magdalena y La Guajira.
Periodista y productor de archivo. Egresado del programa de comunicación social de la Universidad Santiago de Cali y actual estudiante de la Maestría en Producción de Narrativas Históricas de la Universidad Externado. Ha trabajado en medios como El País Cali, Séptimo Día de Caracol Televisión y Vorágine. Co-investigador en la serie documental “Garavito: la bestia serial”, de Discovery. Caleño amante de la salsa y el pandebono sin bocadillo. Correo: andresCb@elcolombiano.com.co
‘Los Pachenca’ quedaron en la mira del Gobierno de Abelardo De la Espriella. En apenas dos días, la ofensiva contra las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada dejó como principal resultado la muerte de alias Cholo, segundo cabecilla de la organización, junto con otros siete integrantes, mientras el Ejecutivo ordenó reforzar la presencia militar en Santa Marta ante la amenaza de esta estructura armada.
Tan solo este miércoles, el presidente De la Espriella informó en X que 76 personas detenidas por sus presuntos vínculos con la organización, recluidas actualmente en cárceles de La Guajira, Cesar, Magdalena y Atlántico, serán trasladadas a prisiones de máxima seguridad.
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Según el mandatario, ordenó al Inpec llevarlas a pabellones de máxima seguridad en establecimientos penitenciarios de otras regiones, con el argumento de impedir que continúen coordinando actividades criminales desde prisión.
La ofensiva pone nuevamente el foco sobre el territorio que durante años ha servido de escenario para las operaciones de ese grupo armado ilegal al que pertenecía alias Bendito Menor, abatido hace varios días en una casa de Riohacha junto a su pareja y dos escoltas.
De acuerdo con datos de la Fuerza Pública, las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada cuentan con un total de 594 integrantes, desglosados en 334 combatientes en su componente armado y 260 en redes de apoyo o milicias urbanas.
Asimismo, la organización remunera a sus criminales con sueldos mensuales que van de $1,5 a $3 millones para los rangos más bajos, de $7 a $10 millones para los mandos altos y un promedio de $800.000 pesos para tareas de vigilancia e información urbana.
Su mapa de influencia se extiende desde barrios periféricos de Santa Marta hasta las zonas rurales que conducen a la Sierra Nevada y, siguiendo la Troncal del Caribe hacia el oriente, alcanza distintos sectores de La Guajira.
No es, sin embargo, un territorio controlado de manera uniforme, como lo ha recogido la Fundación Ideas para la Paz, FIP. Se trata de una red de corredores, zonas urbanas y áreas rurales en las que la organización ha buscado sostener su presencia, disputar rentas ilegales y mantener conexiones entre la montaña, la carretera y el litoral Caribe.
Barrio a barrio, así delinquen integrantes de ‘Los Pachenca’
En Santa Marta, la estructura criminal no concentra su actividad en un único sector, como quedó evidenciado este martes durante una larga jornada violenta de intimidaciones a la población al intentar cerrar el comercio samario.
Uno de los sectores señalados como punto neurálgico de su operación urbana es 11 de Noviembre, ubicado en el oriente de Santa Marta y próximo a la salida hacia la Troncal del Caribe.
Allí se ha identificado actividad relacionada con logística, reclutamiento y control territorial, de acuerdo con distintos reportes de las autoridades.
Desde ese sector, la estructura tendría capacidad para conectar sus redes urbanas con los corredores que conducen hacia la Sierra Nevada.
La presencia también ha sido documentada en sectores como María Eugenia, Pastrana, Gaira, San Martín, La Bota, Pescaito, El Pando y Ciudad Equidad, donde las autoridades y distintas investigaciones han relacionado a integrantes de la organización con actividades como extorsión, homicidios y otras rentas ilegales.
En algunos de estos barrios, el control se expresa a través de presiones sobre comerciantes y habitantes, mientras que en otros la disputa está relacionada con el dominio de las economías ilícitas.
Ese entramado urbano llega además a zonas de importancia turística y portuaria.
El Rodadero y Taganga, junto con sectores próximos a la infraestructura portuaria de Santa Marta, son puntos estratégicos por su actividad comercial, turística y marítima.
En estas áreas las autoridades han investigado redes de extorsión y actividades asociadas al microtráfico y al tráfico de drogas. Pero el mapa de ‘Los Pachenca’ no termina en la ciudad.
El verdadero corredor estratégico comienza en la zona rural de Santa Marta y se extiende por la Troncal del Caribe, una vía que comunica la capital del Magdalena con la Sierra Nevada y con el departamento de La Guajira.
En esa franja aparecen Guachaca y Buritaca, considerados territorios históricos de influencia de la estructura. Se trata de una zona en la que confluyen actividades turísticas, corredores rurales, ríos, caminos hacia la montaña y acceso al litoral Caribe.
Allí, las autoridades han señalado la presencia de la organización y su capacidad para ejercer presión sobre habitantes y comerciantes, además de controlar corredores utilizados para el transporte de drogas y otras rentas ilegales.
La zona comprende también sectores como Don Diego y Palomino, este último ubicado en el límite entre Magdalena y La Guajira.
La posición geográfica de estos lugares convierte a la Troncal del Caribe en un corredor de especial importancia para la estructura: permite el tránsito entre Santa Marta, las áreas montañosas de la Sierra Nevada y los municipios costeros de La Guajira.
Más arriba, en la zona montañosa, aparecen veredas como Quebrada del Sol y Machete Pelao, lugares asociados en reportes de seguridad con la presencia de integrantes armados de la organización.
En estas áreas rurales se concentra buena parte de la capacidad militar de la estructura, aprovechando la geografía de la Sierra Nevada como zona de difícil acceso para las autoridades.
Otros puntos, como Bajo Bondigua y Calabazo, tienen importancia por su ubicación sobre los corredores viales que comunican la zona urbana con la Sierra.
En momentos de confrontación o de operaciones de la Fuerza Pública, estos sectores han quedado involucrados en bloqueos y alteraciones de la movilidad sobre la Troncal del Caribe.
El radio de acción se proyecta también hacia Ciénaga y la Zona Bananera. En el casco urbano de Ciénaga, las autoridades han relacionado hechos violentos y disputas por rentas ilegales con estructuras vinculadas a Los Pachenca.
La periferia del municipio y los corredores próximos a la línea férrea y al litoral tienen especial importancia por su conexión con las rutas terrestres y marítimas del Magdalena.
La montaña, su otro aliado en esta zona del Caribe
La disputa se vuelve todavía más compleja en la zona montañosa de Ciénaga, Magdalena, particularmente en sectores como Palmor y San Pedro de la Sierra, donde confluyen actividades agrícolas, corredores rurales y caminos que penetran en la Sierra Nevada.
Allí también se ha reportado una confrontación con otras estructuras criminales, como el Clan del Golfo, por el control territorial y de economías ilegales.
Hacia el oriente, el mapa llega a La Guajira. Riohacha aparece como uno de los principales escenarios urbanos donde la estructura ha intentado extender sus redes, particularmente mediante extorsiones y otras rentas criminales.
La presencia no necesariamente se traduce en un control homogéneo de toda la ciudad, sino en redes y células que buscan ejercer presión sobre comerciantes y sectores vulnerables.
La expansión alcanza municipios como Dibulla y sus corregimientos, entre ellos Mingueo, Las Flores y La Punta de los Remedios. La importancia de esta zona está relacionada con su ubicación sobre el corredor costero que comunica La Guajira con Magdalena y con su proximidad al mar Caribe.
En ese tramo, la estructura busca aprovechar la combinación de carreteras, zonas rurales, litoral y pasos hacia la Sierra Nevada. Las autoridades han investigado allí actividades relacionadas con narcotráfico, contrabando y otras economías ilegales.
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Palomino, el paraíso de playa donde mandan a la sombra
Palomino, por su parte, ocupa una posición particular en este mapa. El corregimiento está justamente en el límite entre Magdalena y La Guajira y constituye uno de los puntos de conexión entre los dos departamentos.
Por eso, además de su importancia turística, es un corredor estratégico para las estructuras que pretenden controlar el tránsito entre la Sierra Nevada, Santa Marta, Dibulla y Riohacha.
De acuerdo con la Fundación Ideas para la Paz, ese grupo no “ejerce únicamente con la presencia ostensible de hombres armados, sino a través de un sistema soterrado de gobernanza criminal que condiciona la vida cotidiana de campesinos, indígenas, comerciantes y turisteros”.
‘Los Pachenca’ han consolidado una red de coacción coercitiva en Magdalena y La Guajira, aprovechando su arraigo local y un despliegue armado que combina la vigilancia barrial con la violencia selectiva y las incursiones de combate.
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Así se mueven los frentes de las ACSN
Para la FIP, bajo la cobertura del Frente Cristóbal Duarte, el grupo ejerce un férreo control en las partes altas de la montaña y los corredores rurales, registrando intensas hostilidades en corregimientos como Palmor (Ciénaga) y veredas como Cerro Azul (Aracataca).
Además, dicen desde Ideas para la Paz, se registra presencia y presiones armadas sobre municipios de la subregión como Zona Bananera, Algarrobo, El Retén y Puebloviejo. En La Guajira, el corredor costero y acceso a la frontera en Dibulla, Riohacha y Uribia.
Bajo el mando del Frente Javier Cáceres, “la organización controla áreas estratégicas de acopio y embarcaderos costeros, incidiendo también en municipios del sur del departamento como Fonseca, Distracción y San Juan del Cesar”.
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A través del Frente Resistencia Campesina, las ACSN mantienen influencia en la franja oriental de la montaña y en municipios del Cesar como El Copey, Pueblo Bello, Bosconia y Valledupar.
Además, las autoridades han detectado movimientos de expansión hacia el Catatumbo y el sur del Cesar para asegurar la salida de cocaína hacia puertos del Caribe.
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La Fundación Ideas para la Paz deja clara la premisa estratégica de que quien controla geográficamente las alturas de la Sierra Nevada, domina de forma inevitable las dinámicas urbanas y los accesos a las capitales del Caribe.
“En las zonas rurales altas con baja presencia estatal, el grupo armado actúa como el principal regulador del orden local. Imponen manuales de conducta y sancionan lo que ellos califican como “delitos” o faltas contra el estilo de convivencia comunitaria”, se lee en el informe de la FIP, publicado en julio pasado, con la radiografía más precisa de ‘Los Pachenca’, hoy objetivo militar de De la Espriella.
Sanciones y castigos como forma de intimidación
El incumplimiento de sus directrices se castiga con trabajos forzados, tratos crueles y denigrantes, intimidaciones directas, desplazamientos forzados individuales y homicidios, reseña la Fundación Ideas para la Paz.
El grupo armado utiliza a las JAC como un canal obligado para impartir órdenes a la población mediante amenazas, mientras les entrega recursos económicos para minar su autonomía y proyectar una falsa imagen de “protección legítima” del territorio.
Apoyados en una nómina que paga en promedio $800.000 pesos a los informantes y entre $1,5 y $3 millones de pesos a los combatientes de base, el grupo mantiene una red de inteligencia capaz de vigilar los movimientos de pobladores y visitantes.
La principal herramienta de sometimiento de las ACSN sobre la economía regional es una “extorsión generalizada y sistemática” que genera entre “6.000 y 7.000 millones de pesos mensuales. Cerca del 95% de los prestadores de servicios turísticos en el cinturón Santa Marta–PNN Tayrona–Buritaca–Palomino son extorsionados”.
El grupo cobra tarifas diferenciadas a hoteles, restaurantes, guías, transportadores y vendedores ambulantes. Exigen un pago por cada turista hospedado o ingresado, imponen el cobro de “matrículas” para permitir la apertura de nuevos comercios y han recurrido al despojo forzado de tierras para apoderarse de predios con potencial inmobiliario.
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Algunas fuentes dicen que solo en la plaza de mercado pública de Santa Marta recaudarían más de 10.000 millones de pesos anuales a través de censos periódicos realizados por los “serenos”, como les llaman a gente de sus redes de información criminal.
“Extorsionan a los transportadores y obligan a los trabajadores de la palma de aceite a entregar $5.000 pesos quincenales de su salario. Asimismo, imponen restricciones de movilidad que prohíben el tránsito del fruto después de las 3:00 p.m. y ejercen presión sobre empresas bananeras”, reseña la FIP en su documento.
Cuando la Fuerza Pública despliega operativos o abate a sus cabecillas, las ACSN reaccionan mediante el constreñimiento colectivo, como quedó evidenciado este martes al intentar decretar un paro armado para inmovilizar el tránsito por la Troncal del Caribe, bloquear vías estratégicas y obligar al cierre masivo de comercios bajo amenaza de atentados.
La violencia de las ACSN se ha agudizado drásticamente desde finales de 2019 debido a la sangrienta disputa territorial que sostienen contra el Clan del Golfo por el control de la Troncal del Caribe y los accesos a la montaña.
La confrontación armada se ha trasladado a zonas de tránsito campesino e indígena. Solo entre 2024 y 2025 se registraron más de 6.000 personas confinadas y 486 víctimas de desplazamiento forzado masivo en la región”, dice la FIP.
En febrero de 2026, los enfrentamientos directos entre las ACSN y el Clan del Golfo en la vereda Cerro Azul y sectores rurales de Aracataca provocaron el desplazamiento forzado de 46 familias (172 personas, entre ellas 63 niños y adolescentes), la suspensión indefinida de clases, la destrucción de viviendas, la evacuación de 14 heridos y el asesinato de tres miembros de comunidades indígenas.
La disputa por castigar la supuesta “colaboración” de pobladores con el bando rival provocó una disparada en las cifras de sangre: en el departamento del Magdalena, los homicidios pasaron de un promedio anual de 204 víctimas entre 2016 y 2018, a 554 homicidios anuales entre 2023 y 2025.
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Pregunta y respuestas
- ¿Dónde tienen presencia Los Pachenca en Santa Marta?
- Las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), conocidas como Los Pachenca, tienen presencia reportada en sectores urbanos y rurales de Santa Marta, incluidos 11 de Noviembre, María Eugenia, Pastrana, Gaira, San Martín, La Bota, Pescaito, El Pando y Ciudad Equidad.
- ¿Qué importancia tiene el barrio 11 de Noviembre para Los Pachenca?
- El sector 11 de Noviembre es señalado como un punto neurálgico de la operación urbana de Los Pachenca por su ubicación en el oriente de Santa Marta y su cercanía con la salida hacia la Troncal del Caribe.
- ¿Los Pachenca tienen presencia en El Rodadero y Taganga?
- Las autoridades han investigado en El Rodadero, Taganga y zonas próximas a la infraestructura portuaria de Santa Marta redes relacionadas con extorsión, microtráfico y tráfico de drogas atribuidas o vinculadas a estructuras asociadas con Los Pachenca.
- ¿Qué zonas rurales de Santa Marta están relacionadas con Los Pachenca?
- Entre las zonas rurales mencionadas aparecen Guachaca, Buritaca, Quebrada del Sol, Machete Pelao, Bajo Bondigua y Calabazo, territorios conectados con la Sierra Nevada y la Troncal del Caribe.