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Alcalde responde a críticas por demoler el Mónaco: “No es borrar la historia”

  • Avanzan preparativos para la demolición del edificio. En mayo comenzará a construirse el parque llamado Inflexión. FOTO Carlos Velásquez
    Avanzan preparativos para la demolición del edificio. En mayo comenzará a construirse el parque llamado Inflexión. FOTO Carlos Velásquez
  • Federico GutiérrezAlcalde de Medellín
    Federico Gutiérrez
    Alcalde de Medellín
Por juan diego ortiz jiménez | Publicado el 19 de febrero de 2019
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El 13 de enero de 1988 un vehículo, con 80 kilos de dinamita, explotó afuera del edificio, convirtiéndose en el primer carrobomba del país. Mañana contaremos la historia del Mónaco.

Una carga de explosivos, aún sin confirmar, convertirá en escombros el viernes a las 11:00 a.m. el edificio Mónaco (barrio Santa María de los Ángeles), la antigua residencia del narcotraficante Pablo Escobar. En su lugar se construirá un parque en honor a las víctimas de la violencia. La decisión ha generado críticas de diversos sectores.

El alcalde Federico Gutiérrez, en diálogo con EL COLOMBIANO, respondió los cuestionamientos y explicó la estrategia de su administración.

¿Qué se pretende con la demolición del Mónaco?

“Derribar, más que una infraestructura física, una estructura mental: la que acepta la ilegalidad como camino. El derribo del edificio es una acción dentro de una estrategia integral que busca construir cultura de legalidad. Y es importante porque nos preocupa la manera en la que hemos narrado, y dejado de narrar, nuestra propia historia. En la mayoría de los relatos, los victimarios son los protagonistas y eso tiene consecuencias en el largo plazo, porque acaba por validar un entorno de ilegalidad en el que crecen muchos niños y jóvenes. Es cierto que la academia y el periodismo han hablado sobre las víctimas y sobre héroes de la época, como don Guillermo Cano o el comandante de la Policía de Antioquia, Valdemar Franklin Quintero; pero esas no son las historias más conocidas de la época. Lo más importante no es el derribo sino el memorial que construiremos y que será un homenaje a las vidas que perdimos y a aquellos valientes que defendieron sus principios por encima de todo”.

Una crítica recurrente es que con el derribamiento del Mónaco se borrará la historia. ¿Qué le responde a los que se oponen?

“La acción de derribar el Mónaco no es borrar la historia. Y no lo es justamente por lo que se construirá en su lugar: un memorial en honor a las víctimas y a los héroes de la época del narcoterrorismo. No se trata de ocultar el pasado sino de todo lo contrario: vamos a volver sobre él para contar nuevamente la historia, pero desde un punto de vista respetuoso con el dolor. Necesitamos que nuestros jóvenes conozcan las historias, que les digan esto no nos puede volver a pasar. La decisión de derribar el Mónaco se tomó luego de un trabajo serio, de la mano del Museo Casa de la Memoria, y de la mano de expertos como César Zapata, quien fue colaborador del memorial del 9-11 en Nueva York. Además, tuvimos conversaciones con artistas, con académicos, con víctimas, con vecinos del edificio y con ciudadanos, que nutrieron la discusión”.

¿Por qué no se convirtió en un museo de la guerra? Propusieron que fuera como una especie de casa de Ana Frank, en Medellín...

“Porque el Mónaco no fue la casa de una víctima, fue la casa de un victimario. Solo por eso la comparación ya pierde validez. Al tomar esta decisión nos basamos en procesos de memoria que han hecho otras ciudades y países que han sufrido. Todos tienen en común un asunto: los espacios físicos rinden homenaje a víctimas.

“Nosotros tenemos el primer Museo de la Memoria del país, que durante nuestra administración ha centrado sus esfuerzos en narrar la memoria local. Hoy contamos con las fases I y II de la Exposición MedellínEs 70, 80 y 90, y pronto nutriremos más esos contenidos, de modo que sea la voz de quienes sufrieron, la que cuente la historia”.

Otra crítica es que las demoliciones de edificaciones carecen de sentido y van en contravía de las acciones de memoria histórica que emprendieron otras sociedades que sufrieron los rigores de la violencia. ¿Qué piensa al respecto?

“Pienso que el sentido de esta demolición está en el memorial que vamos a construir. Además, el edificio Mónaco está en ruinas; es decir, son ruinas las que caen. Es importante resaltar que se trata de un símbolo de Pablo Escobar, que a mi modo de ver ni siquiera es ‘el patrón del mal’. El patrón del mal, y contra lo que estamos luchando, es un fenómeno del que Escobar es la cara visible: la ilegalidad. No tenía sentido mantener en pie un edificio en ruinas que, además, representara lo más doloroso de nuestro pasado. El argumento económico no es el más importante, pero cabe mencionar que repotenciar ese edificio costaba diez veces más que demolerlo, para luego construir un espacio físico dedicado a la memoria”.

¿Qué estrategia adicional engloba el derribamiento del Mónaco, qué otras acciones comprende?

“Este viernes anunciaremos todas las acciones de la estrategia. Es lo más importante y lo más emocionante; es lo que le da sentido al ejercicio de memoria que estamos haciendo. Por ahora puedo contarles que hay acciones narrativas, pedagógicas, artísticas. Hay trabajo con colegios, un programa especial para jóvenes en riesgo, alianzas con operadores turísticos y con empresas privadas que permitirán la sostenibilidad de la estrategia.

“Creo que más allá de la caída del Mónaco, esas acciones serán la gran noticia que el viernes les compartiremos a la ciudad y al país”.

Contexto de la Noticia

¿qué sigue? ¿Cómo debe afrontar Medellín su ejercicio de memoria?

“El reto más grande que tenemos es que ese pasado oscuro no está tan atrás como quisiéramos. La mafia y la ilegalidad conviven con nosotros. Es un tema incómodo y difícil, pero justamente por eso es necesario hablarlo. Estamos haciendo una suerte de memoria del presente, porque el daño que nuestra sociedad ha sufrido está vigente; no ha sanado. Por eso necesitamos que este ejercicio sea de apropiación ciudadana y vamos a llegar con él a toda la ciudad. El ejercicio de la memoria aquí es particularmente difícil porque busca generar un cambio cultural en nuestra sociedad y para eso se necesita un compromiso colectivo. Pero también creo que es posible: Medellín ha superado demasiados retos, este no tiene por qué ser una excepción”.

Juan Diego Ortiz Jiménez

Redactor del Área Metro. Interesado en problemáticas sociales y transformaciones urbanas. Estudié derecho pero mi pasión es contar historias.

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