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En El Retiro, unos tumban casas patrimoniales y pocos las conservan

En el último año cayeron dos casas con más de 200 años de haber sido construidas. La historia y la memoria están en riesgo, dicen los habitantes.

  • Aunque la Casa Amelia no está habitada, conserva todo el mobiliario histórico y los turistas disfrutan entrar cuando Juan María Jaramillo les abre y les permite disfrutar sus espacios. FOTO camilo suárez
    Aunque la Casa Amelia no está habitada, conserva todo el mobiliario histórico y los turistas disfrutan entrar cuando Juan María Jaramillo les abre y les permite disfrutar sus espacios. FOTO camilo suárez
  • La Casa Rosada, como se conoce la ubicada en la esquina de la calle 20 que lleva al parque principal, fue derribada y no se sabe qué negocios se proyecta construir allí. FOTO CAMILO SUÁREZ
    La Casa Rosada, como se conoce la ubicada en la esquina de la calle 20 que lleva al parque principal, fue derribada y no se sabe qué negocios se proyecta construir allí. FOTO CAMILO SUÁREZ
02 de septiembre de 2022
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Por gustavo ospina zapata

Pueblo que no valora su pasado poco puede esperar del futuro. Esta premisa corre voz a voz entre los habitantes de El Retiro, un municipio del Oriente antioqueño que en menos de un año vio caer dos de sus casas más antiguas en la misma calle que conecta con el parque principal: la Casa Enso y la Casa Rosada.

Primero fue la Enso, a finales del año pasado, y el pueblo quedó indignado. Y hace apenas un mes la Rosada, lo que causó consternación y ahondó la preocupación entre los guarceños, que sienten el riesgo inminente de que el pueblo, de estilo republicano, con casas de más de 200 años aún en pie, esté a punto de borrar su historia. No parece haber esperanza.

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Pero en pie está la Casa de Amelia, contigua a la Enso y la Rosada. Una casona de 600 metros con cuatro habitaciones, tres de ellas en galería, dos patios interiores, un solar con árboles frutales y plantas aromáticas, alacena, chimenea, buhardilla con biblioteca, y hasta bar familiar.

“Acá vivieron siete generaciones de la familia, uno de esos ancestros era arriero y comerciante de sal, tenía mucha plata y esta casa la usaba para que las muchachas descansaran al salir de misa”, cuenta Juan María Jaramillo, primo de la actual dueña de la casa, la arquitecta Pilar Mejía.

La penúltima propietaria de la casona, que reluce desde la fachada por su amplio portón de madera con tallas en la parte superior, se llamaba Amelia Vallejo Peláez, de la que heredó su nombre como Casa de Amelia.

“Ella era mi tía y me la dejó como herencia. Murió hace 25 años, y para mí tiene un gran significado, no solo por su valor arquitectónico y patrimonial sino también en lo afectivo por muchas cosas que vivimos en ella en la infancia”, comenta Pilar, que está dispuesta a conservar el inmueble durante toda su existencia.

En contraste con el apego a su inmueble, dice sentir desazón e impotencia porque en El Retiro no ve preocupación por el hecho de que se esté “destruyendo” el pasado, la memoria y la historia del municipio, cuyos mejores testigos son sus casas de estilo republicano de más de 200 años.

“A la Casa de Amelia le hicimos un estudio de Carbono 14 y arrojó que tenía 220 años, es posible que las contiguas también lo hayan tenido, porque fueron construidas en los años previos a la fundación de El Retiro, en 1814”.

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¿Y será que el pasado no perdona? Esta pregunta aplica para las casas Enso y Rosada. Por la Enso la comunidad hizo el esfuerzo buscando evitar su demolición en 2021. Allí funcionó en el último año una galería de arte ocupada en arriendo por los dueños del negocio cultural. El inmueble pertenecía a otras personas que habían obtenido la licencia para derribarla en los últimos días de 2019, antes de que el alcalde anterior terminara su mandato.

En su momento, la alcaldía le dijo a EL COLOMBIANO que no se pudo hacer nada para evitar la demolición porque la licencia estaba dada por la anterior administración. El Centro de Historia de El Retiro, preocupado por la destrucción de este inmueble patrimonial, elevó su queja ante el Ministerio de Cultura, que a pesar de haber pedido a la alcaldía que hiciera lo pertinente para evitar la situación, no halló eco y la casa fue tumbada. La galería de arte se pasó para el frente y el pueblo recogió más de 1.500 firmas para respaldar una carta enviada al alcalde en la que se destacaban los valores patrimoniales de la vivienda y el desastre que significaba que se fuera al piso. El resultado no pudo ser peor: la antigua vivienda cayó y le dio paso a un parqueadero en la cuadra más histórica del pueblo, la del perímetro patrimonial.

Para colmo, este año se tumbó totalmente la Rosada. Este proceso terminó hace un mes y el espacio está cercado por una estructura en Drywall. Adentro se ven obreros trabajando en el piso y en el pueblo creen que se piensa construir un parqueadero más, anexo al que funciona en el que era la Casa Enso. El Retiro borra su memoria, aunque hay quien quiere sembrar esperanza.

Se trata de William González, administrador del parqueadero Enso y que tiene proyectado recuperar al menos el total de la fachada vieja del inmueble y montar un negocio que atraiga a turistas.

“Así gana el pueblo y ganamos todos, porque si bien el patrimonio no se va a recuperar porque ya se perdió, por lo menos hacer el esfuerzo en lo arquitectónico”, dice. Al proyecto piensa vincular al dueño de la Casa Rosada, de modo que la calle no pierda la armonía patrimonial.

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Parada en uno de los patios de la Casa de Amelia, Magdalena González, ciudadana chilena, se suelta en elogios para la vivienda: entró creyendo que era un hotel y quedó maravillada al ver que seguía siendo una casa familiar: “En Chile, por los terremotos, ya queda muy poco de estas casas, que me parecen hermosas y está bien conservarlas porque guardan la memoria de los pueblos”, dice.

Juan María, que carga unas pesadas llaves de hierro con las que abre el portón de la casona, recuerda su niñez en este lugar: “era una costumbre cuando estábamos niños que nos trajeran acá, las tías nos daban panelitas y frutas y gozábamos haciéndoles bromas”. Pilar, la titular actual de las escrituras, evoca cuando de niña se trepaba a los árboles del solar con sus primos a jugar y coger guayabas: “las tías siempre nos tenían dulces, panelitas y otras cosas que preparaban para que la pasáramos felices”.

El pasado vive en este inmueble de paredes de bahareque y tapia, adornadas con papel de colgadura importado de Bélgica y fotos de varios de los ancestros familiares. Los cuartos tienen el olor a museo que inspira poesía. El sol entra a los patios con la misma memoria de hace 220 años.

208
años tiene El Retiro de haber sido fundado, en la época republicana.

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