<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">

Los profesionales de la salud que batallan contra la pólvora

  • La fisioterapeuta Liliana Arango, el cirujano plástico Hidalgo Vélez y la enfermera jefe Laura Castaño. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
    La fisioterapeuta Liliana Arango, el cirujano plástico Hidalgo Vélez y la enfermera jefe Laura Castaño. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
  • Cirujano plástico Hidalgo Vélez. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
    Cirujano plástico Hidalgo Vélez. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
  • Enfermera jefe Laura Castaño. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
    Enfermera jefe Laura Castaño. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
  • Fisioterapeuta Liliana Arango. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
    Fisioterapeuta Liliana Arango. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
MARÍA DEL PILAR CAMARGO CRUZ | Publicado el 23 de diciembre de 2020

“La pólvora puede dejar desfigurada una mano, la cara...”, dice el médico Hidalgo Vélez. No venda, no compre, denuncie, aléjese, prevenga... Son los llamados que hace uno de los cirujanos plásticos de la Unidad de Quemados del Hospital San Vicente Fundación. Recuerda que mientras siga la quema de pólvora, todos estamos expuestos a ser lesionados.

Desde el servicio infantil, que ha recibido a menores de entre 7 y 14 años, la enfermera jefe Laura Castaño subraya un mensaje para las familias: “En estas épocas somos muy dados a estar reunidos, y los niños andan por todo lado o se reúnen con más amiguitos y ahí aprenden cosas que no deben”.

La fisioterapeuta Liliana Arango añade que no hay ninguna pólvora inofensiva. “Hemos atendido a niños quemados con luces de bengala”. Y agrega el cirujano: “Muchas veces los papás no quieren reconocer la falta. Muy rara vez quieren aceptar que sabían que el niño estaba manipulando la pólvora”.

Entre unas 25 y 30 cirugías al año se realizan en la Unidad a lesionados por pólvora, estima Vélez, quien destaca el equipo interdisciplinario que atiende a los pacientes, desde la atención por cirugía plástica, el manejo de las curaciones por enfermería, la rehabilitación de fisiatría y fisioterapia, y el acompañamiento por parte de psicología y trabajo social. Los profesionales se alinean en un objetivo: rehabilitar.

Frente a la pólvora, precisa Vélez, hay dos tipos de lesión: la explosión (por un taco, un volador...) y la quemadura (por la llamarada). Explica que la explosión puede destruir piel, tejidos, músculos, nervios, y a veces hasta los huesos. Menciona que en algunos casos se lesionan los genitales, pues algunas personas guardan artefactos explosivos -como totes- en sus bolsillos.

Las quemaduras por pólvora suelen ser de segundo grado profundo y tercer grado -detalla la enfermera-, y la hospitalización puede durar unas tres semanas. Luego del alta, los pacientes deben regresar a la Unidad cada cuatro días para que revisen su evolución.

Arango cuenta que es común en los lesionados “la sensación de arrepentimiento”. Afirma que las personas manifiestan aceptar el error y el hecho de que no creían que un evento así pudiera suceder. “Dicen que se dejan llevar por el momento y por la facilidad de obtener ese tipo de objetos en la calle”, relata la fisioterapeuta, señalando también que el hecho inestabiliza a las familias.

Los familiares de los lesionados pueden aprender sobre los tipos de quemadura, los tratamientos, la rehabilitación y la prevención a través del llamado Grupo educativo de la Unidad. “Ellos (los pacientes) en el hospital tienen todo, pero el desafío más grande empieza en la casa, cuando ya van a estar solos. Es muy triste cuando un paciente sale y tiene que reingresar por falta de adherencia al tratamiento, como si en la casa no hubieran seguido las indicaciones”, comenta la enfermera, recordando que algunos padres se descuidan frente a los elásticos, cuyo uso evita que la cicatriz se vuelva queloide (cicatriz patológica producida por un aumento excesivo de tejido). “Dicen que al niño le picaba, se rascaba, le daba mucho calor...”.

La recuperación de una lesión por pólvora puede tardarse hasta dos años. Vélez narra que tras el primer mes, cuando todas las heridas se cierran, comienza el proceso de rehabilitación, que puede demorar entre cuatro y seis meses. “No se recupera la funcionalidad del ciento por ciento que se tenía antes del trauma. A veces solamente queda un 70 por ciento, un 60 por ciento. Si nos fue muy bien en la cirugía y la recuperación fue maravillosa, podemos llegar al 85 por ciento. Llegar al ciento por ciento, lamentablemente, nunca es posible”.

El doctor Hidalgo, la enfermera jefe Laura y la fisioterapeuta Liliana trabajan en la Unidad hace varios años. Con reconstrucciones, curaciones y terapias salvan la vida que por fortuna no se apagó con un artefacto explosivo.

Cirujano plástico Hidalgo Vélez. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
Cirujano plástico Hidalgo Vélez. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ

Hidalgo Vélez

Médico y cirujano plástico de la Universidad de Antioquia / Trabaja hace tres años en el Hospital San Vicente Fundación, donde labora como cirujano plástico en la Unidad de Quemados (adultos e infantil) y en el servicio de urgencias.

En la Unidad de Quemados, el doctor Hidalgo decide si un paciente continúa en curaciones, debe ser sometido a cirugía o si no requiere la estancia hospitalaria y puede seguir el tratamiento en casa.

“Siempre me gustó la cirugía de trauma. Me llamó la atención la posibilidad de reconstruir todas las estructuras. Muchas veces uno entra a la cirugía sin saber lo que se va a encontrar. Pensar en caliente fue una de las cosas que más me llamó la atención de la cirugía plástica. Lo ideal siempre sería planear una cirugía, pero en el caso de los lesionados por pólvora, muchas veces no es posible planear, sino simplemente tomar las decisiones en el intraoperatorio, tratando de brindar al paciente la mejor opción quirúrgica, buscando los mejores resultados funcionales y reduciendo la posibilidad de cicatrices”, narra.

Asegura que la destrucción completa del tejido representa un gran reto desde el punto de vista reconstructivo. Entre las zonas más difíciles de reconstruir están la cara, los genitales, las manos y los pies. “Esos pacientes siempre requieren manejo en el hospital. Cuando la lesión no es en esas zonas se puede tratar en la casa, pues las quemaduras no son tan profundas”.

Vélez cuenta que las lesiones por pólvora, en algunos casos, requieren hasta cinco cirugías, sin contar las intervenciones que se realizan a futuro para recuperar la parte funcional. Las operaciones pueden durar mínimo dos horas o máximo ocho. “Uno trata de conservar la mayor cantidad de tejido que se pueda, pero muchas veces en la primera cirugía no hay forma de saberlo. Hacemos una cirugía inicial en la que retiramos todo el tejido que está muerto y tratamos de reconstruir o darle forma a las cosas más grandes. Esperamos en las próximas 48 y 72 horas si el tejido continuó vital y no se infectó, porque es muy frecuente que se infecten estas quemaduras”.

Recuerda el caso de un hombre que se quemó con pólvora dos veces. “En diciembre consultó por unas quemaduras por pólvora en la mano derecha, la dominante, la del sustento de su casa. Le tuvimos que amputar unos dedos. Lo más llamativo de todo fue que al año siguiente volvió, otra vez con quemaduras por pólvora en la misma mano, y tuvimos que amputarle otros dedos”. También piensa en la historia de una niña, de 3 años, a quien le amputaron una mano “porque la dejaron tocar un taco”.

Enfermera jefe Laura Castaño. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
Enfermera jefe Laura Castaño. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ

Laura Castaño

Enfermera profesional de la Universidad Pontificia Bolivariana / Trabaja hace seis años en el Hospital San Vicente Fundación, donde labora como enfermera jefe de la Unidad de Quemados infantil.

La enfermera jefe conoció por primera vez una persona quemada cuando comenzó a trabajar en la Unidad. “Uno no dimensiona lo grande y lo grave que puede llegar a ser una quemadura. Es una cosa real, muy dura”, dice.

Ella hace las curaciones a los lesionados. Relata que debe sedar a algunos pacientes porque el procedimiento es doloroso. Su trabajo es hacer seguimiento a la evolución de las quemaduras. Afirma que su profesión es “una de las más bonitas porque se tiene mucho contacto con el paciente”.

Al llegar a la Unidad, un trabajo en el que no imaginaba estar, la fortaleza de los niños la impresionó. “Fue una sorpresa ver a niños tan quemados pero tan fuertes, tan valientes... Cuando uno les realiza un procedimiento, ellos tienen miedo, lloran, pero al fin y al cabo entienden por qué se les está haciendo las cosas. Me parece muy bonito. Los niños son muy agradecidos y son muy guapitos, es como otro mundo”.

Castaño anota que, por lo general, sus pacientes estaban jugando en la calle cuando resultaron lesionados por la pólvora. Comenta que ve en los padres de familia ese sentimiento de culpa, y en ese sentido espera que su difícil experiencia sea el punto de partida para aprender y aportar en la educación de más hogares.

Entre sus logros están “llegar al corazón de los pacientes y sus familias”, ver los procesos de sanación y educar sobre los peligros de manipular la pólvora. También le anima saber que ayuda a curar las “heridas del alma”.

Fisioterapeuta<b> </b>Liliana Arango. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ
Fisioterapeuta Liliana Arango. FOTO CARLOS VELÁSQUEZ

Liliana Arango

Fisioterapeuta de la Universidad María Cano / Trabaja hace 11 años en el Hospital San Vicente Fundación, donde labora como fisioterapeuta con experiencia en la atención de quemados por pólvora.

Cuando se le pregunta por un desafío, la fisioterapeuta responde que quisiera tener más tiempo junto a sus pacientes, animándolos a hacer actividades. Ella está presente tanto en la etapa hospitalaria como en la ambulatoria.

Además de participar en las curaciones, tiene la meta de que los pacientes mantengan su independencia en el autocuidado y su función como antes, “a pesar de que van a tener cicatrices o secuelas”.

Arango les enseña a los lesionados sobre lo que llama posicionamiento del área quemada. Les explica cómo debe ser dicha área con el fin de que a futuro sea lo más funcional posible. Aborda ejercicios de movilidad para evitar la hinchazón -normal en la etapa inicial-, y estimula a sus pacientes a reintegrarse a las actividades cotidianas y a hacerlo con su zona afectada.

“Hacemos el acompañamiento durante el proceso de rehabilitación de todas las actividades de la vida diaria, desde el baño y el cepillado de dientes”, cuenta. Agrega que también apoya a los pacientes en su regreso a la vida social y laboral.

Cómo manejar la cicatriz (cuándo y cómo usar las prendas que evitan que se engroce), cómo realizar los masajes, cómo hidratar la piel, y aplicarse las cremas y el antisolar. Liliana responde todas las preguntas que surgen cuando la vida da una nueva oportunidad.

Me cautiva el periodismo digital, inspirador y de servicio. Admiro la espiritualidad, la creatividad y el orden. Intento no distraerme para encontrar la humanidad.


Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
Título del artículo
 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
Título del artículo
 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Notas de la sección