Pico y Placa Medellín
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Tras un año de haber sido desalojados y la infraestructura demolida para atacar plazas de vicio, mayoría de los comerciantes no ha sido reubicada.
A sus 62 años, después de haber criado con alma, vida y corazón a tres hijos, Héctor Antonio Garcés debería estar echado en una hamaca, descansando plácidamente en su residencia de un barrio de Medellín, pero no, a este adulto mayor -como hoy en día hay que decirles a los viejos- le toca vivir al sol y al agua y apretar duro para ganarse con qué mercar, pagar servicios, con qué sobrevivir.
Él es uno de los 388 comerciantes que hace un año fueron desalojados del Bazar de los Puentes, plataformas A y B, por razones de seguridad y porque, consideraron las autoridades de Medellín, el lugar se había convertido en centro de comercio de droga, actividad conocida en el argot policial como microtráfico.
Héctor se ve cansado. El sol intenso de los últimos días ha hecho mella en su cuerpo, en su piel, ennegrecida, con manchas. Sus ojos no reflejan alegría sino estrés. No puede reír.
-Cómo me voy a reír si después de llevar 45 años comerciando con ropa usada ahora me piden que cambie de tipología, que...