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Un servicio humanitario del CICR busca evitar que se pierda el rastro de estas personas. Así funciona.
Hace tres años, Karina Gutiérrez empacó algunas pertenencias e inició un viaje largo desde Caracas hasta Medellín. Su situación en ese momento –tal como la describe– era insostenible, no podía cubrir las necesidades más básicas de su hija, como las tres comidas del día.
Dejó al resto de la familia para buscar suerte en otras tierras sin imaginar la zozobra que podría experimentar al no tener noticias de sus seres queridos durante el recorrido.
Luego de la extensa travesía, llegó al barrio Pedregal, ubicado en el noroccidente de Medellín. Allá conoció a tres compatriotas, quienes también dejaron Caracas por la crisis socio-política, pero estas personas acumulaban un poco más de permanencia en Colombia y ya tenían el remedio para la angustia de migrantes como Karina.
Maribel, Evelin y Esmeralda Marcano les ayudan a sus connacionales a contactarse con las familias a través de llamadas. Les ofrecen la posibilidad de reportarse, dar señales de vida y, al mismo tiempo, saber como están sus parientes...