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Rituales y “limpias” con yagé crecen sin control en Santa Elena

La práctica se ha convertido en una oferta turística de este y otros corregimientos de Medellín. Aunque en sí misma no es peligrosa, un manejo inadecuado puede intoxicar o causar la muerte.

  • Las limpias con yagé u hongos suelen promocionarse con noches de campamento en zonas boscosas de corregimientos como Santa Elena. Autoridades buscan evitar que la práctica sea riesgosa. FOTO juan antonio sánchez
    Las limpias con yagé u hongos suelen promocionarse con noches de campamento en zonas boscosas de corregimientos como Santa Elena. Autoridades buscan evitar que la práctica sea riesgosa. FOTO juan antonio sánchez
Publicado el 02 de enero de 2023

El refrán “año nuevo, vida nueva” casa perfecto con esta época del año. Más de uno hace planes y se fija propósitos para los doce meses que comienzan a correr. Otros incluso acuden a baños y limpiezas mediadas por la llamada medicina ancestral. Ofertas de este tipo tienen lugar en Santa Elena, donde los rituales con yagé se han disparado y preocupan a las autoridades.

Así lo reseñó la Personería, que solicitó la regulación de estas prácticas en la ciudad, en particular en este corregimiento. Según esa agencia del Ministerio Público, el turismo en torno al consumo de yagé y otras plantas medicinales viene creciendo en la ciudad y, pese a que esto no es negativo per se, se requiere de las certificaciones y acompañamiento respectivos para evitar episodios que lamentar.

Aunque la corregidora de Santa Elena, Eliana Gómez, sostiene que en los últimos días no se han presentado reportes negativos por esta práctica en Santa Elena, la muerte que allí se registró hace un año luego de una limpia con estas plantas es prueba de que un mal suministro o procedimiento puede ser riesgoso para la salud.

“La oferta sí se presenta, pero es esporádica. Depende de las condiciones de la luna y de otros factores. Pero no es un problema nuevo. La práctica viene en aumento desde hace 25 años. Trabajamos con las comunidades y quienes ofrecen esta práctica para que se haga con toda la seguridad posible”, expresa la corregidora.

Pese a esto, hay leyes que aún no rigen en el Distrito y que permitirían evitar desenlaces fatales por causa del uso del yagé, dice la Personería. Para la muestra un botón: en redes sociales proliferan los “paquetes” para visitar Santa Elena, probar yagé u otro tipo de hongos. A través de un WhatsApp se pueden adquirir. ¿Quién regula la práctica?

Escucha el podcast aquí:

Lo que ocurre

Aunque el consumo de yagé, también conocido como ayahuasca, no es riesgosa normalmente, hay casos en los que esta, como cualquier otra droga o medicina, puede generar intoxicaciones y reacciones inesperadas. En estos episodios influyen enfermedades o precondiciones genéticas.

El yagé, valga recordarlo, opera de forma similar a ciertos hongos, aumentando las percepciones de color y los episodios reflexivos. Pero también tienen lugar las arcadas, conocidas como vómito, que suelen ser la finalidad de estas limpias.

La preocupación de la Personería no es la práctica en sí misma, que es ancestral en varios puntos del país y de Suramérica, sino la reglamentación que la circunda y las garantías que tienen los turistas, extranjeros y locales, de no caer en manos de personas inescrupulosas que desconocen su manejo.

Luego de adelantar varias visitas a Santa Elena, dice la Personería, se evidenció que no hay regulación alguna de la práctica. Aunque existe el acuerdo 020 de 2015, que reglamenta actividades de turismo y bienestar y en sus incisos habla de protección a los turistas, no hay mención alguna al turismo ancestral.

“Por ello, a raíz de estos hallazgos, se hace necesario realizar unas recomendaciones frente a la práctica del turismo ancestral y prevenir posibles vulneraciones de derechos humanos”, sostiene la Personería. El hecho que precede la recomendación tuvo lugar hace un año, cuando un hombre de 35 años murió luego de participar de una limpia espiritual.

Hay preocupación

Las comunidades indígenas suelen conocer estas prácticas debido a que son parte de sus costumbres, pero actualmente cualquiera ofrece el servicio en redes sociales. Es común encontrar publicaciones con paquetes, precios, lugares de alojamiento y tiempo para conocer “la experiencia del yagé”.

Los precios varían: hay planes de $80.000, $100.000, $120.000 y otros. Se promocionan nombres de chamanes, de “mayores” indígenas, de intervenciones “sagradas”. Y esto, dice la corregidora de Santa Elena, es lo que quieren reglamentar mediante un ajuste a la política pública de etnias.

“La idea es establecer una ruta en caso de que se pueda presentar una emergencia y de la mano de la Secretaría de Salud prevenir hechos que lamentar. Vemos esto como una oportunidad para reglamentar este tipo de prácticas, censar el número de oferentes y promover que quienes lo practiquen lo hagan en condiciones de seguridad”, precisa.

Estas acciones se proyectan luego del llamado de la Personería, que insta a las autoridades de turismo y salud locales a hacerle un seguimiento juicioso al uso del yagé y otras plantas. “Se solicita a las entidades correspondientes asumir la certificación de organizaciones, como el Concejo de Familias Ancestrales, cabildos y autoridades tradicionales, para que avalen las prestaciones de estos servicios, garantizando los derechos de los turistas”, expresan desde la entidad.

En el momento, concluye la corregidora, se avanza en un censo, que permita levantar información sobre las comunidades indígenas y demás personas que ofrecen este servicio. Mientras se consolidan estas acciones, agrega Gómez, “invitamos a las personas a que tomen esta práctica con responsabilidad”.

Contexto de la Noticia

radiografía no sobran las recomendaciones

Un conocedor de la práctica afirma que uno de los riesgos es abusar del consumo de la planta, “tomarla con un ‘curalotodo’ o convertirla en una religión”. Pero las afectaciones también pueden ser físicas, por lo que es importante que previo a consumir yagé se pregunte por los antecedentes físicos y psiquiátricos, “si está tomando algún tipo de ansiolítico o depresivo”. La alimentación y preparación psicológica previo al consumo también son claves, así como el propósito. Y eso a veces no ocurre: “Uno va a una ceremonia, y basta con pagar para poder tomar. También puede haber repercusiones psicológicas: delirio y episodios de ansiedad”, sostiene la fuente.

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