Habla la familia del médico asesinado en El Bagre

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Colprensa | Publicado el 14 de mayo de 2019

La familia del médico Cristian Camilo Julio Arteaga, asesinado el pasado viernes en El Bagre, Antioquia, piden a las autoridades celeridad en las investigaciones.

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El día que lo asesinaron, el médico Cristian Camilo Julio Arteaga, de 24 años, se disponía a encontrarse con su madre, Nohemí Arteaga, en Caucasia, Antioquia, con quien se devolvería para Palmira, Valle, donde residían sus padres y hermanos para celebrar el Día de la Madre en familia.

El joven se encontraba en el décimo mes de su año de ruralidad en el municipio de El Bagre, Antioquia, después de graduarse con honores de la Universidad del Sinú.

Habían pasado siete meses desde la última vez que se vio con su madre y sus seres queridos y estaba feliz de volver a casa.

Así lo afirma su hermano Johan Julio, de profesión odontólogo, quien recuerda que la mañana que lo asesinaron, había hablado con su padre Severiano Antonio Julio, también médico, quien solía llamarlo todos los días.

“Mi padre habló con él como a las 7:00 de la mañana y estaba tranquilo, feliz porque se iba a encontrar en pocas horas con nuestra madre para viajar a Palmira. Le habían dado un permiso para venir a celebrar el Día de la Madre”, dice Johan.

Sin embargo, hacia las 8:30 de la mañana, la felicidad se convirtió en dolor, llanto y profunda tristeza.

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Pues en el momento en que Cristian Camilo se disponía a tomar un taxi para llegar más rápido a Caucasia y encontrarse con su madre, hombres al parecer desde una motocicleta le dispararon y acabaron con su vida.

“No lo dejaron llegar con mi mamá. Ella iba a reunirse con él cuando se enteró de todo. Sinceramente uno nunca se imagina algo así, recibir una noticia de estas y en una fecha tan especial”.

Un crimen que no tiene justificación

Para Johan la muerte de su hermano no tiene ninguna justificación. “En este momento hay muchas especulaciones que no tienen ninguna fuerza, la gente habla mucho, pero las autoridades apenas están haciendo las investigaciones y lo único que nosotros esperamos es que se haga justicia. Rogamos a las autoridades que traten de esclarecer el crimen de mi hermano, pues yo no le veo ninguna causa a nivel personal o laboral porque él nunca nos dijo que estuviera amenazado o tuviera problemas con algún paciente”, asegura Johan.

Cuenta que Cristian Camilo nació en San Bernardo del Viento, Córdoba, de donde son oriundos sus padres, el 31 de octubre de 1994, pero a la edad de un año vinieron a vivir al Valle del Cauca, en la ciudad de Palmira, por asuntos de trabajo de su papá que buscaba un mejor futuro para su familia.

Cuando terminó el bachillerato en la Institución Educativa, Humberto Raffo Rivera, el joven que siempre sobresalió en sus estudios por su dedicación y disciplina, se presentó a varias universidades pero se decidió por la de Sinú porque lo aceptaron más rápido.

Además, en la sangre llevaba sus raíces costeñas y amaba esa tierra en la que nació.

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Amante del fútbol, hincha a morir del Deportivo Cali, su hermano lo recuerda como un joven alegre, extrovertido y respetuoso, con el que era fácil entrar en confianza.

Por eso, insiste, es que está seguro que no tenía inconvenientes con nadie.

Escogió el Bagre, Antioquia, pese a que le ofrecieron otras plazas en Montería y hasta en el hospital local, porque quería ganar experiencia y tener una mayor exigencia a nivel de atención en salud, complejidad en los procedimientos y atención a la comunidad y los pacientes.

Era consciente que estaba en una zona muy peligrosa por eso evitaba salir de noche y si lo hacía era en compañía de sus amigos y su novia, una joven auxiliar de enfermería que conoció allí, en Bagre, y que había presentado a su familia.

“Una vez le pregunté cómo estaba la situación y él me dijo que el orden público normal, que no podía salir solo de noche, pero en ningún momento nos dijo que tenía problemas, él estaba tranquilo desde el primer día que llegó a esa población y hasta la última vez que hablamos con él, el día de su muerte”, enfatiza su hermano.

Una celebración truncada

La reunión con la familia, además de celebrar el Día de la Madre, tenía otro ingrediente aún más especial: su hermano Johan había sido padre de un niño en diciembre y quería que su hermano Cristian fuera el padrino.

“Le dije que quería que fuera él porque si yo llegaba a fallecer sabía que él iba a ser un padre ejemplar. No se dieron todas estas cosas que teníamos planeado con él y tampoco pudo conocer a mi niño”, sostiene Johan.

Todo estaba listo para la ceremonia que era este domingo en La Catedral de Palmira. Cristian debía llegar el sábado en la mañana y a las 4:00 de la tarde hacer el cursillo, pero en vez de celebrar un bautizo y reunirse para pasar el Día de la Madre, la familia debió encontrarse para asistir al sepelio de su hermano menor, el niño de la casa.

“Nosotros nos íbamos a reunir par a hablar de proyectos, de metas que como familia teníamos, para hacer aún más fuerte el lazo familiar. Para hablar de su especialización, quería ser anestesiólogo, viajar al exterior el próximo año, tantos sueños que le arrebataron, era una persona muy joven, llena de vida. Nosotros analizamos la situación y no encontramos ninguna justificación, hubiésemos querido que muriera de viejo como debe ser y no que le quitaran la vida”.

Paradójicamente, el último procedimiento que atendió Cristian Camilo antes de entregar el turno y lo asesinaran, fue traer una nueva vida a este mundo. Debió atender un parto complicado pero aún así logró salvar a la madre y al bebé que fue una niña.

Por eso, hoy su familia, pese al dolor que los embarga, hace un llamado a los violentos para que respeten la vida de los médicos, de los profesionales de la salud en todo el país, pues así como su labor es salvar vidas también se las debe respetar.

“Lo único que nosotros esperamos es que se haga justicia. Las autoridades, las personas que sepan algo que lo digan y ayuden a una familia que aún tiene muchas dudas. Sea por los motivos que hayan sido, si fue por una equivocación, él no merecía esto. Mi hermano hacía hasta lo imposible por solucionarle los problemas de salud a la gente, por eso él se fue para allá, era su vocación, por eso decidió atender a esa muchacha, pero salió y lo asesinaron”, termina Johan.

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