Sin batas ni tapabocas, pero con preguntas e ideas, así recorren las calles de Medellín los miembros del Laboratorio Social. Una iniciativa de la Fundación Mi Sangre, Eafit y la Alcaldía de Medellín que se presenta como un proyecto de “gobernanza colectiva en donde actores de distintos sectores se juntan alrededor de una misma preocupación: la violencia entre los jóvenes y el reclutamiento forzado por parte de bandas criminales, que lleva en muchos casos al homicidio”, según lo describe Juanita Naranjo, politóloga y consultora del Laboratorio.
La iniciativa liderada por Catalina Cock, directora de Mi Sangre, y Aldo Cívico, antropólogo y estratega de liderazgo, surgió de sus motivaciones, trabajos y conversaciones. Además, de una invitación que hizo el alcalde de Medellín a Cívico para pensar una estrategia que aporte al esfuerzo de interrumpir los ciclos de violencia.
Esto por la experiencia del investigador en Palermo, una de las ciudades italianas que, como la capital antioqueña, vivió la violencia a causa del narcotráfico, pero que logró sobreponerse con lo que se denominó “el carro con dos ruedas: una es la justicia, con la fuerza y el orden. La otra es la cultura con el compromiso ciudadano y fortalecimiento de las comunidades. Esa es la que busca el Laboratorio”, comentó Cívico.
Durante el año pasado y lo que va de este, se han dado cita empresarios, activistas, artistas y hasta youtubers en diversos lugares de la ciudad. En cada sitio buscan conocer experiencias de transformación. Han pasado, por ejemplo, por la comuna 13 para acercarse a iniciativas como Agroarte y Son Batá, o en Aranjuez con 4 Elementos Skuela de la agrupación Crew Peligrosos. “El Laboratorio nos permite transformarnos como individuos, y al final del día, así es cómo se transforman los sistemas, que no cambian misteriosamente, cambian por las personas que lo componen”, comentó Cock.
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