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En la escritura de Diego Agudelo respiran los monstruos

El escritor antioqueño presentó su segundo libro, esta vez de poemas. Antes había presentado uno de cuentos. El libro recibió el apoyo de la Secretaría de Cultura.

  • El escritor antioqueño ha publicado dos libros: uno de cuentos y el otro de poemas. FOTO archivo
    El escritor antioqueño ha publicado dos libros: uno de cuentos y el otro de poemas. FOTO archivo
Publicado el 21 de noviembre de 2022

La escritura es un acto en el que se involucra todo el ser: los gustos, las vivencias, los miedos, las pasiones. Eso lo sabe Diego Agudelo Gómez: sus cuentos y poemas están escritos a la luz de las series televisivas que ha visto —y sobre las que escribe cada quince días en EL COLOMBIANO—, las películas, la música y, por supuesto, los textos que han dejado huella en su memoria.

Es periodista y magíster en Escritura creativa. En 2019 publicó Final de temporada, un libro de cuentos en cuyo primera oración se menciona a Philip K. Dick, el mismo autor al que le dedica en su reciente libro un poema que comienza así: “Un hombre más allá del tiempo/tocado por el genio y la locura/ habitante/solitario/de una periferia de palabras/donde padeció/el asedio/de inasibles realidades”.

En esta charla sobre el poemario Errores de lectura, publicado por Tragaluz gracias al apoyo de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, Diego mencionó a Borges, a Juarroz, a Watanabe. Toda escritura es un cruce de referencias. Las ilustraciones del libro de poemas fueron hechas por Juan Esteban Tobón Alzate.

¿Cómo fue el paso de la prosa al verso?

“No sé si realmente haya un tránsito entre la prosa y la poesía. En mi proceso como lector y escritor la poesía siempre ha estado muy presente. De hecho, empecé escribiendo poesía en la adolescencia y de cierta manera a la hora de escribir prosa y narrativa siempre está muy presente la carga poética de las imágenes. Entonces, no sé si hay un tránsito: es más bien la decisión de abordar unos poemas que había escrito a lo largo de muchos años y tratar de unirlos para darles la forma de un libro”.

¿Qué similitudes y diferencias de fondo encontró entre el verso y la prosa?

“Hay tantas similitudes como diferencias. L pregunta tiene muchos caminos para responderse. Hay también una diferencia grande: el verso condensa mucho más el lenguaje. En la narrativa se cuenta una historia y esa historia tiene unas estructuras muy definidas por el verbo y por la acción de los personajes.

En los poemas no hay ese tipo de procedimientos que se dan en la narrativa. El verso es condensar una imagen o una emoción en pocas palabras. Escribir un poema, por corto que sea, a veces lleva más tiempo que escribir un cuento de diez páginas. En la narrativa uno puede desbocarse y escribir mucho y luego cortar, acá se da un ejercicio de tener una pausa frente a la emoción”.

¿Cómo llegó al título del libro?

“El poemario tuvo el título La respiración de los monstruos, pero en la medida en que empecé a escribir los poemas y acompañé la escritura de nuevos poemas con lecturas de poetas y libros me convencí menos del título.

En algún momento, leyendo H de Halcón, que es sobre alguien que pierde a su padre y para soportar el duelo se pone a adiestrar a un azor, un ave rapaz. Esa historia me caló mucho en ese momento.

En otro libro leí la palabra azorar y me pareció bonito que existiera un verbo basado en el nombre del azor. Luego vi bien y me di cuenta de que era azarar. Fue como si otra palabra se me hubiera metido de manera fantasmal ahí, en la lectura.

Y me gustó ese ejercicio de las palabras que se transforman ante mis ojos. Pensé que el procedimiento de crear poemas a partir de errores de lectura es un buen procedimiento para generar imágenes y textos”.

En su libro de cuentos se siente la influencia del cine de Tarantino y de las novelas de Bolaño. ¿Cuáles son sus referentes en la poesía?

“Todo es una combinación de muchos referentes. Mientras escribía el poemario leí mucho los poemas de Roberto Juarroz. Leí Las metamorfosis, de Ovidio. También leí a Anne Carson y a Charles Simic, que son poetas despojados de la música pero con imágenes muy potentes. Tienen poemas muy narrativos. También leí a José Watanabe. Siempre leí a César Vallejo y a Borges, que son poetas que siempre reviso. Es una combinación de todo. Uno cuando escribe deja salir muchas influencias, no solo otros poetas. También la música, el cine y todas esas cosas que lo atraviesan a uno en la búsqueda estética y en la exploración con el lenguaje”.

¿Y para qué sirven las becas y los estímulos?

“La beca te da tiempo y te obliga a entregar un libro terminado. También hay una circulación interesante del libro en las bibliotecas públicas y en las instituciones educativas de la ciudad. Pero no garantiza una circulación nacional o internacional”.

Diego Agudelo Gómez

Periodista y cinéfilo con énfasis en la producción de contenidos digitales. Escribe sobre cultura, cine, tecnología y cibercultura.


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