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Memo Correa llevó su vida más íntima a su primera novela

Loca mitómana es el primer libro de ficción que publica el profesor e investigador de la Universidad de Antioquia. Es sobre las formas del amor gay en la calle y la virtualidad.

  • El profesor Guillermo Correa publicó su primera novela, se llama Loca Mitómana. FOTO Carlos Velásquez
    El profesor Guillermo Correa publicó su primera novela, se llama Loca Mitómana. FOTO Carlos Velásquez
  • Guillermo Correa también es autor de Locas de pueblo: maricas mayores en los municipios de Antioquia y Raros. Historia cultural de la homosexualidad en Medellín, 1990-1980. FOTO Carlos Velásquez
    Guillermo Correa también es autor de Locas de pueblo: maricas mayores en los municipios de Antioquia y Raros. Historia cultural de la homosexualidad en Medellín, 1990-1980. FOTO Carlos Velásquez
  • Loca Mitómana es la primera novela que escribe el profesor Guillermo Correa. FOTO Carlos Velásquez
    Loca Mitómana es la primera novela que escribe el profesor Guillermo Correa. FOTO Carlos Velásquez
04 de octubre de 2023
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En el colegio los profesores le decían a Guillermo Correa que escribía muy mal, que hiciera cualquier cosa en la vida menos dedicarse a la escritura. Pero él, que es tan empecinado, hizo todo lo contrario: ha escrito más de diez libros y acabó de publicar su primera novela, titulada Loca Mitómana.

En este libro casi todo es real, porque en el fondo muchas de las historias se las contaron sus amigos y amantes. Otras son sus experiencias y encuentros efímeros. Es un entramado entre biografía y ficción. En este caso el profesor de la Universidad de Antioquia se alejó de la escritura académica y mostró un poco de su intimidad.

Cuando lo publicó sintió pánico. En estas páginas muestra su lado cliché y romántico sobre el amor posible e imposible al mismo tiempo, las formas del amor en la calle y la virtualidad. Un amor cruzado de varias maneras, porque si hay algo que le interesa a “Memo” son los matices del amor entre hombres y disidencias.

Así como Abraham, uno de los protagonistas de Loca Mitómana, Correa también es pintor, lo hace desde niño. En su oficina hay varios cuadros pintados por él mismo. Abraham y Guillermo a veces ponen en práctica el viejo truco de los pintores: invitar a retratar a la persona que le gusta para seducirla.

—¿Todavía lo aplica?

—Sí (Risas). Hace poco le escribí a un profe que lo quería pintar, pero le aclaré que no tenía ese plan b, porque ya es muy cliché la forma, ya está desgastado, ya nadie cree. He actuado de modo profesional, pero solo por un juego, para intensificar el misterio. Algo muy singular es que cuando se le propone a alguien que lo quiere pintar, sin decir nada esa persona piensa que será pintada desnuda, ahí hay un código simpático. Incluso, en algunos ni siquiera he pensado en pintarlos desnudos, otros sí. Muchos amigos y amantes han sido mis modelos para hacer mis pinturas.

En las 148 páginas que escribió durante seis meses en la pandemia se narra la relación fuerte, vinculante y profunda entre Abraham y Benjamín, una relación que le sacude la cabeza al segundo personaje cuando se siente perdido en ese amor. Entonces su reacción fue decir que el otro lo enredó, lo metió en un pantano. Que él es heterosexual. Y prefirió fugarse.

—Una relación sin piel, sin sudor, sin carne, así la describe usted. ¿Era como nada pero a la vez mucho?

—Había todo. Cada vez pienso más en los modos en los que me he ido enamorando de hombres y de amigos sin que medien necesariamente encuentros sexuales. Me parece que hay una posibilidad de amor entre los hombres sin necesidad de penetraciones. Hay la posibilidad de otros enamoramientos por fuera de la parte sexual.

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A Abraham le ocurre esto porque le toca. Hizo una negociación dolorosa en la que, en cierta medida, se sacrificó. Vive algo que de algún modo ha acompañado a las disidentes sexuales a lo largo de la historia: que a veces el amor viene construido con obstáculos y para no perder se sacrifica y se cambia de piel.

Guillermo Correa también es autor de <i>Locas de pueblo: maricas mayores en los municipios de Antioquia</i> y <i>Raros. Historia cultural de la homosexualidad en Medellín, 1990-1980</i>. FOTO Carlos Velásquez
Guillermo Correa también es autor de Locas de pueblo: maricas mayores en los municipios de Antioquia y Raros. Historia cultural de la homosexualidad en Medellín, 1990-1980. FOTO Carlos Velásquez

Los nombres de los dos protagonistas los escogió de forma particular. Abraham porque es el nombre que el escritor hubiera elegido para llamarse: Abraham Correa. Y Benjamín se le ocurrió cuando abrió uno de los libros que estaba leyendo por esos días y le apareció. Tiene la costumbre de abrir libros a la suerte para encontrar nombres, como si deshojara margaritas. Por lo general, Guillermo lee tres libros al tiempo.

Esta novela, que en su tapa tiene una ilustración del Martirio de San Sebastián en un fondo rosado, transcurre en varios lugares icónicos de Medellín. Hay una escena, por ejemplo, en las escaleras del centro comercial Camino Real en la Avenida Oriental: un punto de encuentro, de coquetería. En los 80 y 90 muchos hombres gay de la ciudad quedaban de encontrarse allí. Un punto en el que se podía esperar y cazar, donde se tejía una suerte de historias.

<i>Loca Mitómana</i> es la primera novela que escribe el profesor Guillermo Correa. FOTO Carlos Velásquez
Loca Mitómana es la primera novela que escribe el profesor Guillermo Correa. FOTO Carlos Velásquez

—¿Esas escaleras eran como un Grindr físico?

—Sí, porque esas épocas tenían una parte emocionante y es el juego de la seducción que estaba amarrada a la calle, a la táctica y la destreza del ojo. Uno caminaba y sabía cómo lo miraban y cómo mirar y en ese saber ocurrían milagros, entonces de modo que si devolvía la mirada había una posibilidad de futuro, así fuera ir a follar y listo. No había nada de Internet.

—¿Cómo es su relación con Grindr?

—De amor y odio. Por un lado me parece interesante, pero también es una ventana hegemónica bastante parecida a un universo plural del mundo gay, trans y no binario en el que hay pequeñas fugas como cierta frialdad, violencia, producción de prejuicios, cierto orden de no dejar entrar ancianos. Así como cuando uno se sentaba en el Camino Real a esperar, en Grindr ocurre también esa suerte de esperar sin desesperarse y que en algún momento hay algunos encuentros maravillosos.

Encuentros por esta aplicación como los que tuvo Abraham en ese juego de anonimato. Un juego seco donde se habla poco, escribe poco, y se pone a prueba mucho de lo que se quiere encontrar: sexo, alguien para tomar una cerveza o para simplemente hablar. La aplicación que está convirtiendo en obsoletas las formas románticas de encontrar el amor, como lo dice Abraham.

En sus 50 años de edad, Guillermo ha asistido solamente una vez a un matrimonio gay, fue en Cartagena. No lo invitan a matrimonios porque a los amigos que tiene poco les interesa casarse. Lo que el escritor piensa sobre el matrimonio gay es profundamente contradictorio: a una parte se le antoja ser cliché, romántico, dramático, rosado y lleno de lugares comunes; pero el otro, la parte crítica, piensa que se pueden formar vínculos distintos que se alejen de quiénes tanto han oprimido a las disidencias.

En esencia, el profe “Memo” Correa es contradicción: detrás del hombre de apariencia ruda y 1,80 de estatura, barba y cejas pobladas, hay un Guillermo tímido, sensible, de voz delgada y risueño.

—¿Entonces en la vida real eres Abraham o Benjamín?

—Ehhh... (Risas)

—¿Cuál?

—Creo que soy Abraham. Evidentemente soy Abraham, la loca mitómana.

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